La Superliga se desinfla y con ella los millones se esfuman

La Superliga se desinfla y con ella los millones

Apenas ha durado 72 horas en pie la Superliga anunciada el lunes provocando un terremoto sin precedentes en el mundo del fútbol internacional. A medida que avanzaba la tarde del miércoles, los clubes implicados entre los doce primeros fundadores se iban desmarcando.

Los primeros, los ingleses, que no supieron, no pudieron o no quisieron aguantar la presión de Boris Johnson, primer ministro británico. O aceptaron el dinero de la UEFA.

Después, los italianos, con la excusa de no haber estado atentos a lo que querían sus aficionados. El último, el Atlético de Madrid. No se han pronunciado aún el FC Barcelona y el Real Madrid.

No era lo previsto, pero es que el dinero pesa. No creemos que hayan sido las amenazas de la UEFA o de la FIFA las que hayan pesado realmente. Debe haber, y los hay, otros factores.

La Superliga iba a embarcar a 20 clubes europeos, los más importantes por méritos y por número de seguidores. Los doce primeros ya los conocíamos, que son, además, los más poderosos económicamente.

Milan, Arsenal, Atlético de Madrid, Chelsea, FC Barcelona, Inter, Juventus, Liverpool, Manchester City, Manchester United, Real Madrid y Tottenham Hotspur eran los primeros.

Se invitaría a otros tres que completarían la quincena de equipos fijos a diputar el nuevo torneo. Luego, por méritos, otros cinco conjuntos. El objetivo, según explicó Florentino Pérez, alma del proyecto, hacer más atractivas las competiciones.

Detrás, entre otras razones, rentabilizar la reforma del Santiago Bernabéu, que, con dos, tres o, como mucho, cuatro partidos internacionales de enjundia difícilmente se sufragará con prontitud.

Asimismo, señaló el mandatario blanco, porque los doce iniciales acumulan unas pérdidas de 5.000 millones de euros. “Arruinados” están esos clubes, dijo a Josep Pedrerol.

Una Superliga millonaria

Y es que en el fondo, lo que pesa es la economía. Y eso es lo que no quiere dejar escapar ni Aleksander Ceferin en la UEFA ni Gianni Infantino, presidente de la FIFA.

El monopolio de facto que ejercen en el fútbol europeo y mundial, respectivamente, resulta insultante para los futbolistas, ultrajante para los clubes y poco menos que humillante para los aficionados.

‘Democratizar’ el fútbol, han dicho. El fútbol es de los aficionados. Por eso, para ver partidos de Champions hay que estar suscrito a un paquete concreto de Movistar Plus, por ejemplo. Para ello, hay que ‘soltar’ como poco 70 eurazos de curso legal.

El trapicheo que se trae Ceferin con el chiringuito que se ha montado es millonario. De ahí que no quiera soltar la presa.

Con lo de la FIFA, tres cuartos de lo mismo. Es verdad que todo país del mundo tiene derecho a organizar un Mundial. Pero no es casual que el de 2022 se celebre en Qatar, un país donde la ‘democratización’ de las cosas brilla por su ausencia.

No es casual, es causal. En Europa se están imponiendo los ‘clubes Estado’, equipos completos comprados por gobernantes de países. Otros, adquiridos a precio de saldo por magnates.

Por ejemplo, Abu Dhabi United Group for Development and Investment, un grupo inversor de Emiratos Árabes Unidos (EAU), compró el Manchester City por 250 millones de euros en 2008.

Otro ejemplo, el del Paris Saint-Germain. Qatar Investment Authority compró el 30% que le faltaba del club parisino en 2012. El PSG no entró en la docena inicial de clubes de la Superliga. ¿Por qué? Tal vez, por sus problemas con el fair play financiero.

Fair play financiero

Y precisamente no es casual que la UEFA haya prometido revisar la normativa a ese respecto, flexibilizándola. Manchester City, Paris Saint-Germain y Chelsea tienen serios problemas en ese sentido por las ingentes inyecciones de dinero extranjero.

Los intereses económicos de la UEFA y de la FIFA están claramente detrás del fracaso de la Superliga. De ahí que, como ayer desveló Mundo Deportivo, Ceferin ofreciera a los clubes ingleses dinero a cambio de salirse del proyecto. Ni un céntimo a los españoles.

Dinero y dinero. Ceferin e Infantino no pueden dejar escapar el monopolio. Lo de ‘democratizar’ el fútbol lo dicen cara a la galería. Siguen queriendo llenar sus bolsillos a base de explotar a los jugadores, a las televisiones y, en consecuencia, a los aficionados.

En la Champions, por ejemplo, o te bajas al bar, y gastas, o te suscribes, y gastas. Habría que preguntarse qué habrían dicho ambas ‘federaciones’ si la Superliga les hubiera ofrecido un ‘pellizco’. En definitiva es lo que pasa con la Euroliga, ¿no?

Lo mismo les pasa a Javier Tebas y a Luis Rubiales, presidentes de LaLiga y la Real Federación Española de Fútbol, respectivamente. Tebas habría hecho bien en no mofarse cuando ayer hablaba de que harían bien Florentino y Laporta en ir buscando dónde jugar un cuadrangular.

Lo de ‘democratizar’ el fútbol, otra vez, es pura hipocresía. Porque, hasta donde yo sé, pocos partidos de LaLiga Santander son en abierto. Ah, no, que no hay ninguno.

La Copa Davis también es una competición privada

O el hecho de pavonearse por llevarse partidos a Estados Unidos y, preguntado por ello, soberbio, responde que es un bien para el aficionado estadounidense. ¿Y Rubiales? ¿Qué es eso de llevarse la Supercopa de España a Arabia Saudí?

Ni qué decir de Piqué, que ha cargado contra la Supercopa porque no ‘democratiza’ el fútbol. ¿Qué ha hecho él con la Copa Davis que no gusta a ningún tenista pero llena sus bolsillos?

Dinero y más dinero. Y es que la Superliga prometía pingües beneficios. Según Superdeporte, la nueva competición aportaría a los clubes sólo por participar el triple que por ganar una Champions. 350 millones con independencia de lo que te pasara en el torneo.

Ni qué decir si vas pasando de ronda y/o terminas ganando la competición. Y esto, sólo para empezar. La organización preveía que los pagos superaran los “10.000 millones de euros a lo largo del periodo de compromiso de los clubes”, reza su comunicado de presentación.

Ese ‘pellizco’ ni Ceferin, ni Infantino, ni Tebas, ni Rubiales podían consentirlo. El fútbol ya no es democrático. No lo es desde hace años. ‘Democratizar’ el fútbol, decían.

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