La cuarta ola es imparable

La cuarta ola es imparable

No hace mucho nos preguntábamos, ante el descenso de casos y posteriores repuntes, si llegaría la cuarta ola de coronavirus. Ya es un hecho.

Así se explica en una información de La Razón en la que se recoge la opinión de virólogos y expertos epidemiólogos. A grandes rasgos, todos coinciden en que la cuarta ola es imparable. Otra cosa es cómo afectará.

En lo que también coinciden es en que la vacunación marcará la diferencia entre una cuarta oleada y las precedentes. Sin embargo, con los datos en la mano y la experiencia, no se puede evitar.

De hecho, a lo largo de esta semana se espera que aumenten todos los indicadores. En concreto, un 29% en el número de muertes, un 24% en los casos confirmados, un 3% en las hospitalizaciones y un 2% en los ingresos en UCI.

Así se desprende de PreCov2, el sistema predictivo de evolución de la epidemia en España. Y es que se veía venir porque la tendencia no era buena, a pesar de que en marzo se estaba en unas incidencias razonables.

Esto, explican, habría hecho más sencillo controlar la situación. Incluso, revertirla. Es más, había Comunidades en las que los datos eran muy buenos y no habría sido difícil mantenerlos.

Los especialistas también coinciden en que no todo se debe a una posible irresponsabilidad de la población. La cuestión es que hay que asumir y concienciarse de que la flexibilización de las medidas restrictivas conlleva un riesgo.

Los amigos nos traen la cuarta ola

Según detallan, las personas hacen lo que se les deja hacer. Es decir, si nos podemos reunir con no convivientes en interiores o en exteriores, lo hacemos.

Creemos que el amigo, el familiar, los íntimos no nos van a contagiar, pero es justo lo contrario. Bajamos la guardia y eso implica el riesgo del posible contagio.

A ello se une saltarse las normas aunque sea sólo un poco. Hemos quedado ocho para tomar algo en una terraza, pero como no pueden ser más de cuatro o seis no convivientes, ponemos dos mesas apenas separadas por medio metro.

Lo hemos visto a centenares en estos días en que el calor de la primavera nos invitaba a salir y compartir espacios con amigos cercanos. Y con no tan cercanos.

Por ello, hay que insistir en que hay que cumplir las medidas a rajatabla o no servirán de nada.

Ante eso, y la ineficacia de las medidas punitivas como multas o sanciones, apelar al elemento emocional o dejarlo todo al albur de la propia responsabilidad, hay que elegir.

Una opción sería sobrellevar las olas, aunque eso represente aceptar 300 muertes diarias. Pero a eso no estamos dispuestos. Sin embargo, tampoco parece que aceptemos medidas mucho más tajantes, aunque incuestionablemente eficaces.

Hablamos de buscar la transmisión ‘cero’. Lo han hecho muchos países asiáticos, o Nueva Zelanda, donde se cerró Auckland con solo tres contagios en una familia.

La importancia de las vacunas

Con todo, no estamos tan mal. Habrá un importante repunte de casos en la cuarta ola, quizás no tan grande como después de Navidad. La clave está en la vacunación.

Según los datos del Ministerio de Sanidad, ya se han inyectado 8.743.694 de dosis y 2.852.806 personas han completado la pauta. Esto marcará en buena medida la diferencia.

La situación ahora es muy parecida a la que se tuvo a principios de setiembre, con pocos casos y pocas muertes. En las semanas siguientes, comenzaron los repuntes.

Sin embargo, entonces no estaban vacunados los colectivos más vulnerables. Por tanto, lo previsible es que no se incrementen significativamente los ingresos hospitalarios y las muertes.

A su vez, haber mantenido los cierres perimetrales en las distintas Comunidades Autónomas permitirá un mayor control territorial. Eso se verá en aquellas regiones donde se ha sido más estricto, con resultados mejores. Y al contrario donde se haya sido más laxo.

Por último, la vacunación también tendrá un efecto positivo no sólo a nivel inmunológico, sino a la libertad de movimientos que supondrá. Casi ya está ahí el pasaporte de vacunación.

Con él vendrá la libertad de movimientos de las personas, volver a viajar pudiendo demostrar que se está vacunado, ha pasado la enfermedad o que tiene una PCR negativa.

Supondrá, confían los expertos, un estímulo para aquellos que no quieren vacunarse. ¿Por qué? Porque cada vez que uno quiera viajar, si no se ha vacunado, tendrá hacerse una prueba, algo caro, o guardar cuarentena.

Uno es libre de no querer vacunarse, pero también debe asumir las consecuencias que ello supone. Hasta entonces, hasta que se uno se vacune, insistir en usar mascarilla y guardar y observar el resto de medidas de prevención.

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