Resumen histórico del socialismo español (8)

Por Eusebio Lucía Olmos.

8.- El asalto de las derechas al poder, el Frente Popular la sublevación militar.
La oposición del partido a la participación gubernamental fue creciendo en el verano, a la vez que las diferencias internas se van agudizando entre las ejecutivas de partido y sindicato. En las elecciones de noviembre – en que votaron las mujeres por primera vez – triunfan las derechas, con un grave retroceso socialista y unos buenos resultados de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA). Lerroux forma un nuevo gobierno radical-republicano, sin participación socialista, iniciando una serie de medidas antirreformistas, al tiempo que se iban afianzando las posiciones más radicales en el seno de la organización socialista, de forma similar a lo que estaba ocurriendo en otros países europeos, como reacción a los claros avances de las fuerzas ultraderechistas.
A principios de 1934 las direcciones del partido y el sindicato aprobaron medidas revolucionarias, que dejaron en minoría a la ejecutiva sindical presidida por Besteiro, quien acabó dimitiendo para ser sustituido por Caballero, quien queda así erigido en líder único del conjunto del socialismo español. Su inmediata tarea fue la creación de una organización revolucionaria propia y la búsqueda de apoyos en otros partidos o sindicatos obreros, todos ellos inmersos en el movimiento huelguístico de la primavera y verano de 1934.
En junio tuvo lugar una huelga general de trabajadores del campo en Extremadura y Andalucía, motivada por sus duras condiciones de vida. La detención de numerosos dirigentes de la UGT y varios diputados socialistas acabó de radicalizar las posiciones. Ya en octubre, la entrada de la CEDA – que no había jurado la Constitución – en el gobierno es el detonante del movimiento revolucionario en todo el país, triunfando sobre todo en Asturias donde las Alianzas Obreras serán los órganos de poder durante los 15 días de revolución. La fuerte represión, dirigida por el general Franco, adquirió sangrientos caracteres: 1.300 muertos, 3.000 heridos y más de 30.000 detenidos. Todos los líderes socialistas son encarcelados y clausuradas las sedes y los órganos de prensa.
Mientras se celebran los correspondientes consejos de guerra y el partido se vuelca en iniciativas de solidaridad y petición de amnistía para los encarcelados, los sectores más radicales refuerzan sus lazos con las organizaciones anarquistas y los sindicatos comunistas se integran en la UGT. Dos modelos diferentes de partido, con dos estrategias y dos concepciones distintas del socialismo, disponían de sus respectivos medios de prensa para defender sus ideas. Democracia, dirigido por el besteirista Saborit, y Claridad, órgano de los caballeristas, difundían las posturas reformista y radical del partido. Esta dialéctica habría de ser fundamental en los ascensos y retrocesos de los apoyos populares del socialismo. Así, en diciembre de 1935, el Comité Nacional del partido aprueba, a propuesta de Prieto, la autonomía del grupo parlamentario con objeto de facilitar una alianza con los republicanos, que contravenía los estatutos del partido, por lo que Caballero y sus seguidores presentan su dimisión. Fue elegido presidente el reformista Ramón González Peña, quien nunca sería reconocido por los caballeristas como tal, mientras que el sindicato quedó en manos de los radicales, comenzando a actuar de hecho como otro partido político.
Mientras tanto, el extremismo de las derechas españolas había ido creciendo en paralelo con el fascismo en Alemania e Italia, contra lo que las izquierdas hubieron de defenderse constituyendo en enero de 1936 el Frente Popular, cuyas candidaturas salen triunfadoras en las elecciones del mes siguiente. La bipolaridad a la que la sociedad española había llegado era patente. Los presos políticos fueron liberados y Azaña formó gobierno con miembros de su partido (Izquierda Republicana) y Unión Republicana, pero al ser elegido presidente de la República en sustitución de Alcalá Zamora, encarga a Prieto la formación de un nuevo gobierno. Los parlamentarios socialistas le negaron ahora su apoyo, por lo que hubo de recurrirse al autonomista gallego Casares Quiroga, quien presidió un gobierno exclusivamente republicano que hubo de enfrentarse a los múltiples movimientos huelguísticos y atentados terroristas de aquella primavera. En abril, las juventudes socialistas y comunistas se había unido en una sola organización: Juventudes Socialistas Unificadas.
Pero los sectores más intransigentes de las derechas no habían aceptado el resultado de las urnas y continuaban intrigando y preparando un golpe de Estado contra la República. El 17 de julio las guarniciones militares del norte de África a las órdenes del general Franco, se alzaron en armas contra el gobierno. La incapacidad de Casares Quiroga para enfrentarse a la sublevación militar y el fracaso de los intentos de Martínez Barrio para llegar a algún acuerdo con los sublevados, llevó a Azaña a encargar la formación de gobierno a José Giral, quien accedió a la entrega de armas a las milicias populares que se organizaban a toda velocidad. Millares de militantes de las juventudes socialistas y de sindicalistas de UGT y CNT, pobremente armados y sin apenas formación ni dirección militares, se lanzaron contra los cuarteles sublevados por toda España intentando hacer fracasar el golpe. A costa de numerosas bajas e insólitos hechos de valor, las organizaciones de izquierdas, junto con algunos destacamentos de las fuerzas de seguridad y militares leales a la República, lograron su objetivo en media España.

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