Resumen histórico del socialismo español (14)

Por Eusebio Lucía Olmos.

14.- El PSOE en la oposición (1996-2004)
En las elecciones generales celebradas en marzo de 1996, la derecha alcanzó la primera posición parlamentaria con el 39% del voto válido, ganando al PSOE por una exigua diferencia de 200.000 votos en el conjunto nacional, muy lejos de sus objetivos electorales y políticos. No obstante, el PP formó gobierno con los apoyos parlamentarios de CiU, PNV y CC.
En el XXXIV Congreso del partido, celebrado en junio de 1997, Felipe González renuncia a presentarse de nuevo a la reelección como secretario general, siendo Joaquín Almunia el elegido para ello. No obstante, y en base las nuevas normas internas aprobadas, decide convocar elecciones primarias para designar un candidato del partido a la presidencia del gobierno, presentando él mismo su propia candidatura. Será, sin embargo, su único rival, Josep Borrell, quien contra todo pronóstico venció en el proceso electoral interno, manteniéndose el derrotado en el cargo orgánico. Trece meses más tarde, el elegido dimite de la candidatura al tener noticia de que dos ex colaboradores suyos en el Ministerio de Hacienda reconocieron haber incurrido en un delito fiscal, por lo que el secretario general sería el candidato definitivo.
Todo este aireado proceso interno facilitó que en las siguientes elecciones generales, celebradas en marzo de 2000, la derecha consiguiera la mayoría absoluta, con el 44,5% de votos, frente al PSOE que obtuvo el 34,1%. Inmediatamente después de conocer estos resultados, Joaquín Almunia presentó su dimisión. Tras ella, el Comité Federal tomó la decisión de nombrar una Comisión Política para hacerse cargo de la dirección del partido hasta la celebración del 35º Congreso Federal, que fue convocado para el mes de julio. En él, y bajo el lema “El impulso necesario”, la organización debatió su futuro proyecto político y eligió sus nuevos órganos de dirección.
En el 35º Congreso – julio de 2000 –, y por primera vez en sus 121 años de historia, cuatro candidatos se presentaron a la secretaría general: José Luís Rodríguez Zapatero, José Bono, Matilde Fernández y Rosa Díez. Los 998 delegados, de los que 3 de cada 4 acudían como tales por primera vez al máximo órgano del partido, ejercieron su libertad con responsabilidad y, dando una auténtica lección de democracia, eligieron el día 22 de julio a José Luís Rodríguez Zapatero como nuevo secretario general del PSOE por 414 votos (41,7%). José Bono obtuvo 405 (40,8%), Matilde Fernández 109 (11%) y Rosa Díez 65 (6,6%)
El nuevo líder no sólo supo trasladar a los delegados la ilusión y la esperanza en una nueva etapa, sino al resto de la organización y a los ciudadanos españoles, como pudo constatarse después del Congreso. La nueva Comisión Ejecutiva Federal fue elegida con el respaldo del 90,2% de los delegados, resultado no obtenido por una Ejecutiva desde hacía muchos Congresos. Con una edad media de 42,8 años, de sus 25 integrantes – 8 menos que la CEF anterior –, 10 fueron mujeres, y 21 se estrenaron en la dirección del partido.
Al elegir a Rodríguez Zapatero, el partido apostó por “el cambio tranquilo”, como él mismo lo denominó, logrando salir del Congreso más unido y cohesionado de lo que entró. Él lo reiteró en su discurso de clausura: “Recuperar el diálogo, la confianza entre todos nosotros, es fundamental; es el nuevo estilo de trabajar y hacer política. Esto nos dará fuerza, credibilidad y respeto ante la sociedad. Nadie sobra en este partido y contaré con todos”.
Las bases del 35º Congreso tuvieron su culminación en la Conferencia Política celebrada un año más tarde, en la que se aprobó el rearme ideológico y la modernización de la estructura organizativa, recuperando los valores de la política como ética cívica al servicio de la colectividad. Ante el avance del mercado, hace falta un Estado fuerte que regule su funcionamiento y facilite recursos para que todos los ciudadanos puedan desarrollar sus capacidades, teniendo aseguradas sus necesidades básicas.
Los resultados de las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2003, volvieron a situar al partido como el más votado en el conjunto de la nación. Su capacidad de diálogo y su disposición para alcanzar acuerdos con otras fuerzas políticas fueron determinantes para la recuperación de la mayoría en la FEMP, que se refrendó en las elecciones catalanas de noviembre de 2003. Las expectativas de inversión electoral se fueron fortaleciendo en los meses previos a los comicios generales, consolidándose durante la campaña electoral, como mostraban los estudios de opinión que nos daban un empate técnico con la derecha.

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