“Por una nueva ética política II”, por César García Cimadevilla.

César García Cimadevilla caricaturizado.

Vivimos tiempos difíciles. Se nota, entre otras cosas, en que quien quiere hablar de política debe buscar y rebuscar en el diccionario de la RAE las palabras más suaves, menos ofensivas, más concretas y ajustadas a lo que se quiere expresar. En tiempos menos difíciles, si es que los hay, uno se puede permitir el lujo de de hablar con más naturalidad, de forma más coloquial, sin demasiado miedo o riesgo a que alguno, o muchos, se reboten. Es por eso que empiezo matizando que cuando hablo de una nueva ética política no quiero decir que en política no exista la ética o que ésta sea “tan poco ética” que deba ser desechada sin más y construida desde cero. Por supuesto que hay una ética política y la mayoría de los políticos tienen una ética, aunque luego habrá que ver si se ajusta a los tiempos que estamos viviendo y si sus principios pueden pasar el filtro de la humanidad más elemental.

El lenguaje es abstracción, generalización. Si hablo de manzanos, estoy generalizando, porque en realidad no existen manzanos, existe un manzano concreto, en un lugar determinado, con una altura, con unas características que lo hacen único e individual. Lo mismo ocurre con los políticos, debo generalizar porque cada vez que hablo de políticos no puedo hacer una lista exhaustiva, con nombres y apellidos, de cada político y de cómo es cada uno. En mis tiempos de funcionario, ahora estoy jubilado, tuve que escuchar muchas cosas sobre los funcionarios, en general, la mayoría de ellas no muy positivas. Reconozco que me sentía molesto, pero no me quejaba porque sabía que estaban generalizando. Hablar sin generalizar, de forma concreta, sin abstraer para llegar a la esencia de las cosas, supondría pasarse semanas para hilvanar un párrafo. El lenguaje está hecho para entendernos en el menor tiempo posible, la transmisión de un mensaje perfecto nos llevaría años, siglos, tal vez toda la eternidad. Y como todos sabemos y nos recordó la famosa película, “nadie es perfecto”. Es por eso que he decidido emplear la expresión “algunos políticos”. La definición de la RAE de “alguno” es la siguiente “indica un número no elevado o no relevante de las personas o cosas designadas por el sustantivo al que modifica”. Real Academia Española © Todos los derechos reservados. Subrayo lo de número no elevado no relevante, porque con ello me ahorro muchos quebraderos de cabeza.

Puede que sea una impresión personal y subjetiva, pero me ha parecido detectar en “algunos” políticos un pensamiento, tal vez subconsciente, según el cual el político debería tener más manga ancha que el común de los mortales en cuestiones éticas que se plantean en el terreno político. Esta impresión nace de que “algunos” políticos nunca rectifican o explican por qué ayer dijeron una cosa, blanco y hoy dicen otra cosa, negro, o donde dije digo, digo Diego. Como si no existieran las malditas hemerotecas o grabaciones que pueden ser sacadas a la luz para pillarte en un renuncio. A mi entender indica que “algunos” políticos consideran que el terreno político es demasiado resbaladizo y pantanoso para que la ética normal y corriente del ciudadano de a pie les sirva para sobrevivir en semejante terreno. Y aquí corto el manifiesto para una segunda y tercera parte y tal vez cuarta o incluso quinta. Tras este largo preámbulo les anuncio que vendrá un decálogo ético, por si algún lector se ha interesado en este manifiesto, algo que dudo, pero es mi deber difundir los manifiestos de La mente enmascarada.com porque los ciudadanos también deberíamos dar la cara en política. Continuará.

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