“Madre, anoche en las trincheras”, por Carmen Vicente.

Carmen Vicente.

Madre, anoche en las trincheras es una canción popular muy conocida entre los campamentos de scouts como “caminando por el campo”. Cuenta la historia, dicen que real, de una carta escrita por un combatiente (no se sabe de qué bando) dirigida a su madre, y que nunca llegó a su destino. En ella se describe el horror, el miedo que sentía durante la Guerra Civil, y el hartazgo y sentimiento de culpa al ver que, en el calor del combate mata a su mejor amigo.

Es una canción que nos hace reflexionar sobre el sinsentido de la guerra, y el dolor que genera entre nosotros y nuestros seres queridos. Hay países en los que tras un conflicto bélico no han levantado cabeza, y otros en los que han sabido dar un giro de 180 grados, y voy a poner dos ejemplos muy significativos y reconocidos para todos:

– En 1970 se produjo un golpe de estado en Camboya que generó una guerra civil. Acabó en 1975 con la victoria de la guerrilla comunista de los jemeres rojos, dirigida por Pol Pot, que lideró una de las dictaduras más crueles que se conoce.

Se asesinó a cerca de dos millones y medio de camboyanos. Se imponían duras jornadas de trabajo, matrimonios forzados, se prohibió los medios de comunicación, y se rechazó cualquier forma de ciencia moderna.

Con 20000 fosas comunes esparcidas por todo el país, crearon campos de concentración y centros de tortura, siendo el más sanguinario el llamado S-21, donde sólo lograron sobrevivir 12 personas, entre ellas 5 niños, y al menos 15000 fueron asesinadas.

En 2007, la ONU y el gobierno de Camboya, organizó un tribunal internacional para juzgar a los responsables del genocidio, siendo condenados en 2014 y ratificada la sentencia en 2016.

El S-21 fue convertido en museo del genocidio, crearon un Día Nacional para honrar a las víctimas; un monumento en su memoria se impone en la más grande fosa común, y añadieron un nuevo capítulo en los libros de Historia.

– Comenzó en otoño de 1941, y hasta 1945 la Alemania nazi convirtió al Tercer Reich en el mayor genocida del siglo XX. Las víctimas no sólo fueron judías incluyeron a millones de polacos, comunistas, sectores de la izquierda, homosexuales, gitanos, discapacitados físicos y mentales…

Las cifra aproximada de sus víctimas se estima en unos once millones de personas, de ellas, un millón serían niños, con 37 campos de exterminio repartidos en media Europa.

En Núremberg, el 20 de noviembre de 1945 se comenzó a celebrar, por el Tribunal Militar Internacional, el juicio a 24 de los principales dirigentes del gobierno nazi. Aún en 2011 se firmaron tres condenas más, y otros 6 encausados estaban en proceso de juicio.

Desde 2005 la ONU designó el 27 de enero como el Día Internacional en memoria a las víctimas del Holocausto. El campo de concentración de Auschwitz-Birkenau se convirtió en Museo Estatal y la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad en 1979.

Estos son dos ejemplos del horror que sufrieron millones de personas y que, por desgracia hoy día en otros tantos lugares, se sigue sufriendo. Pero ellos hicieron un esfuerzo por avanzar social y humanamente, por no olvidar pero a la vez hermanar. Un esfuerzo que otros países no han sabido ni saben aún llevar a cabo… O eso prefiero creer.

En nuestro país se calcula que hubo unos 500.000 muertos durante la Guerra Civil española (en una población de 26 millones de habitantes por aquel entonces), y alrededor de 450.000 exiliados (durante y después de ella). Y tras la guerra hubo unos 120.000 muertos por hambre y enfermedad (de ambos lados), hasta 50.000 personas más fueron ejecutadas, a lo que hay que añadir las víctimas que se cobraron unas cárceles en estado deplorable y los trabajos forzados a los que muchos eran sometidos en campos de concentración (el más longevo fue el de Mirada de Ebro clausurado en 1947, once años después de la guerra), coordinados por el llamado Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas (SCPM).

En definitiva, muerte, tortura y sufrimiento entre españoles, entre vecinos, entre familias de uno y otro lado…y pasados tantos años después de la contienda, sigo viendo bandos en las calles. ¿Qué se ha hecho mal?

Aquí todo se resuelve con que el que no vota a la izquierda es facha, y el que no vota a la derecha es rojo. ¿De verdad somos tan simples? ¿Y los que no votan o cambian su voto a uno u otro qué son? ¿Extraterretres venidos de otros mundos, tal vez?

Cada vez nos empeñamos más en esa brecha… Y cada vez somos más tontos.

Hay quien dice que en los pueblos se vota a la persona, quedando las ideologías en segundo plano. Sin embargo creo, bajo mi punto de vista, que es donde más alegremente se pone etiquetas de uno u otro lado. Sin ir más lejos, estos últimos meses y clarificadas las listas para la alcaldía, han llegado a mis oídos cosas como “rojos de mierda”, “fachones” o afirmaciones tales como que “se deberían haber matado más rojos”. Me pregunto si tendrán alguna lista de los “rojos” que quieren matar, si yo me encuentro entre la gente a la que desean ajusticiar, o si serían capaces de hacer algo así con sus propios vecinos. Evidentemente, doy por hecho que no, y pienso que todo se debe a una calentura del momento, sin más. Gente de uno u otro lado que lo vive de forma muy intensa.

Pero da miedo pararse a pensar que hoy en día hay un lenguaje guerracivilista en las calles. Seguimos anclados en una época pasada que no nos dejará avanzar como país, y mucho menos como sociedad. Debemos vernos como lo que somos: personas, vecinos, familias, con nuestras propias ideas y forma de ser, pero capaces de estar juntos y formar una sociedad humilde y unida ante las adversidades. Recordemos la letra de esa canción: el enfrentamiento solo produce daño, a unos y a otros.

Recuerdo mucho aquellas noches, en las que nuestros mayores salían a “la fresca”, mientras nosotros incordiábamos con nuestros juegos. Esas reuniones que se formaban espontáneamente, ese entendimiento entre todos, se fuese del color que se fuese… Hay cosas que merece la pena recuperar: el respeto al prójimo apartando diferencias, es un ejemplo; y si fuimos capaces de entendernos en su día, ¿por qué no lo íbamos a ser ahora?

1 thought on ““Madre, anoche en las trincheras”, por Carmen Vicente.”

  1. Estoy de acuerdo con casi toda la esposición que haces, y he de afirmar que me molesta mucho, mucho, cuando oigo comentarios de unos y otros increpándose por sus ideas. Olvidando las atrocidades que unos y otros (de “izquierdas” o de “derechas” ) han llegado ha hacer a lo largo de la historia) A veces somos demasiado sectarios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *