Los relatos de Aina. “Peces de colores”, por Aina Rotger.

Aina Rotger Carlón.

Llevábamos quince años casados con toda normalidad, un beso aquí, una queja allí, un abrazo acullá, comodidad confortable. Pero primero se murió López, el pez arlequín que nadaba en el acuario desde hacía diez años entre piedras y conchas y, poco después, Raúl me pidió que hiciéramos un crucero. A pesar del esfuerzo económico que suponía, acepté a cambio de que él hiciera las maletas. Hasta aquí todo normal, pero durante la travesía Raúl no paraba de mirar el mar, horas y horas asomado a la barandilla contemplando el azul salpicado de blanco, tanto con el oleaje en calma como cuando la marejada rugía golpeando contra los cristales. Solo descendía del bajel cuando había playa y se podía quedar en ella, como si tuviese alergia al suelo firme. Después, cuando regresamos, percibí algunos sutiles cambios fisiológicos como un bulto alargado en la espalda y lo que parecían membranas en sus manos, hasta que fuimos a la casa de la playa una noche sin luna y noté en su piel una textura distinta y desagradable, como de escamas. Raúl se acercó al agua oscura, se sumergió en ella y no volvió. Y yo sigo aquí esperando que, igual que se fue, regrese envuelto en algas. La policía afirma que fue un suicidio pero yo sé que no.

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