“La vida a sorbos”, por Pedro Molina Alcántara.

Pedro Molina Alcántara.

Me vais a disculpar que hoy no vengo a hablar de los temas que, habitualmente, suelo tratar. En esta ocasión quiero contaros que el pasado sábado disfruté viendo la película Soul, estrenada recientemente en la plataforma Disney+. No es mi intención desvelar ningún aspecto crucial de la trama, así que nadie tiene por qué preocuparse porque no va a haber spoilers. Lo único que quiero expresar al respecto de la película es que me dejó un buen sabor de boca, como suele decirse, y que, por tanto, la recomiendo encarecidamente.

La película supone todo un canto a la vida, porque aunque es dura para la mayoría de las personas e incluso, a veces, implacable; merece ser vivida, valga la redundancia. Ahora bien, no vivida de cualquier manera: hay que aprehenderla con las manos, cuidadosamente pero con firmeza; porque la vida es como el agua que brota de un manantial, que solo puedes retener una poca en las manos y te la llevas a la boca para saciar tu sed. Sed de vivir, en este caso. Y para calmar dicha sed hay que beber la vida a sorbos, lo cual tiene su ciencia, no vayáis a creer que es muy sencillo: si bebemos a sorbos muy largos quizá nos atragantemos, pero si son demasiado cortos no quedaremos satisfechos.

Termino este artículo confesándoos algo importante para mí: ya lo haga peor o mejor, quiero que sepáis, gente que tenéis a bien leerme semanalmente o de vez en cuando, que cuando poso las manos sobre las teclas del ordenador siento algo parecido a lo que debe sentir Joe Gardner, el protagonista de Soul, cuando posa las suyas sobre las teclas del piano. Quienes veáis la película, comprenderéis perfectamente a qué me refiero.

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