“La suerte está echada”, por Pedro Molina Alcántara.

Pedro Molina Alcántara.

Llegó el gran día, la suerte está echada. Con un poco de suerte, si no se cumplen los peores augurios, mañana sabremos el nombre de la persona que presidirá la todavía primera potencia mundial, los Estados Unidos de América, durante los próximos cuatro años. Sinceramente, me pregunto si puedo aportar algún análisis novedoso o algún dato poco conocido sobre estas elecciones presidenciales. Parece una empresa difícil, ¿no creen? Porque a estas alturas, ¿qué se puede decir que no se haya dicho, opinado o publicado ya?

Pues voy a hacer hincapié en esos malos augurios a los que me he referido arriba, que pronostican que si se da un resultado ajustado que no permita adjudicar una victoria clara a Trump o a Biden podría desencadenarse un problema jurídico – político, por un lado -dado el bloqueo institucional que se produciría y el probable bombardeo judicial de demandas para impugnar los resultados electorales-; y social, por otro, puesto que la sociedad estadounidense se encamina al precipicio de la polarización social a niveles casi de conflicto civil.

Mi conclusión quizá la podéis imaginar porque no es la primera vez que lo digo: creo que la mejor opción para encarar los problemas que enfrenta la sociedad estadounidense es la que ofrece el tándem demócrata, formado por Joe Biden y Kamala Harris. Aunque su balance político arroja luces y sombras, ni Estados Unidos está preparado para un presidente tan escorado a la izquierda según sus cánones como Bernie Sanders, ni tampoco merece otros cuatro años del populismo incendiario encarnado por el republicano Donald Trump. Las diferentes encuestas convergen en  estos dos aspectos:

  1. Que Donald Trump volverá a perder en el voto popular: ríos de tinta han corrido explicando las particularidades del sistema electoral estadounidense, en el que se puede ganar en voto popular pero perder en número de compromisarios, que son los que forman el Colegio Electoral que elige al presidente puesto que se trata de un sistema de sufragio indirecto -hay que recordar que son un total de 538 compromisarios y se necesitan 270 para ganar.
  2. Que Joe Biden obtendrá una mayor ventaja en el voto popular sobre Trump de la que obtuvo Hillary Clinton en 2016. Además, se estima que mejorará los resultados  obtenidos entonces por Clinton en los llamados swing states -aquellos Estados en los que no está claro qué candidatura vencerá- y que podría ganar en muchos de ellos. Dichos Estados serán decisivos para decantar la victoria en uno u otro sentido. De hecho, la única oportunidad de Trump para mantenerse en el poder pasa por repetir la victoria de 2016 en esos Estados clave aunque, como ya he dicho, pierda en el conjunto del voto popular.

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