La Cámara de los Comunes rechaza convocar otro referéndum sobre el Brexit

La Cámara de los Comunes rechaza convocar otro referéndum sobre el Brexit

Aprobaron que Theresa May solicite una extensión del artículo 50.
Definitivamente, la celebración de un segundo en referéndum no figuran entre las prioridades de los parlamentarios británicos que ayer rechazaron por 334 votos en contra y 84 a favor la posibilidad de repetir la consulta. Sí aprobaron, con amplia mayoría, en cambio, que Theresa May, primera ministra, solicite a la Unión Europea la extensión del artículo 50 hasta, en principio el 30 de junio. 412 votos a favor y 202 encontrar respaldaron la moción de Gobierno.

Tampoco salió adelante, por dos votos, la propuesta de que sea la Cámara de los Comunes quien tome las riendas de la futura dirección del Brexit para buscar un consenso. Vamos, que toree otro el morlaco mientras ellos lo ven desde la barrera.

La jornada de ayer en Westminster era más propia de un gallinero que del solemne Parlamento de una nación. 188 diputados tories, la mayoría de los conservadores, votaron en contra de la propuesta de la premier, entre ellos media docena de miembros del Gobierno. De locos fue que Steve Barclay, ministro para el Brexit, que minutos antes de la votación había defendido la moción, ahí es nada, inclinara su decisión en contra. Keir Starmer, diputado laborista encargado del Brexit, declaró: “Es el equivalente a que el ministro de finanzas vote contra su propio presupuesto. El Gobierno ha perdido completamente el control”. Barclay es uno de los que, probablemente, vaya a Bruselas a negociar el retraso de la salida de Reino Unido de la Unión Europea.

Con todo, May sigue con su particular estrategia con la intención de utilizar estos tres meses de prórroga para lograr que su acuerdo se apruebe en una nueva votación, el próximo miércoles. Si se rechaza de nuevo, que se rechazará, la ampliación será más larga todavía. Incluso, amenaza con que las prórrogas de salida se prolonguen in eternum o que, finalmente, el divorcio no tenga lugar.

También, la amenaza de que eReino Unido deba participar en las elecciones al Parlamento Europeo, algo que roza el surrealismo, toda vez que los candidatos deberán anteponer los intereses de la Unión Europea a los de su propio país.

Con estos argumentos, convertidos casi en armas arrojadizas, trata de doblegar a los euroescépticos dentro de su propia formación y negociar con el Partido Unionista Democrático, DUP. Estos últimos, parece, están comenzando a suavizar su posición y podrían cambiar de opinión. Arlen Foster, la líder del DUP, declaró: “Estamos hablando con el Gobierno y con el Fiscal General para intentar que el acuerdo sea una realidad, porque queremos que el Brexit funcione. Queremos que funcione para todo el Reino Unido, de manera que no deje atrás a Irlanda del Norte”. Y también parece que algo está cambiando entre los díscolos tories: algunos estarían dispuestos a modificar su postura a cambio de que la primera ministra ponga fecha a su dimisión. Alta política.

El 29 de este mes Reino Unido seguirá en el bloque comunitario. Es probable que el 30 de junio, también, si se cumple la amenaza de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, de que no habrá “una tercera oportunidad”, una hipotética nueva negociación. Las espadas siguen en alto.

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