La derecha dinamita hoy en la Plaza de Colón toda posibilidad de reconciliación nacional

La derecha dinamita hoy en la Plaza de Colón toda posibilidad de reconciliación nacional

La madrileña Plaza de Colón es testigo hoy de la representación de la derecha más retrógrada de la democracia que impedirá toda posible reconciliación nacional.

Se puede estar a favor o en contra de los indultos. Incluso resultar indiferente. También se puede ser partidario o contrario de la independencia de una región o territorio. Pero lo que no se puede es ir contra la democracia misma sirviéndose de ella.

El PP ha mantenido un pulso estéril frente a los nacionalismos, vendiendo en Europa una película que nada tiene que ver con la realidad. No se está hablando aquí de aceptar sin más un proceso soberanista como el catalán.

Se trata de abrir las puertas a una posible solución de un conflicto que existe, no en los tribunales, sino en el ADN de la mismísima democracia. El encaje de Cataluña en la España de las autonomías es lo que está en juego.

La derecha, monopolizada hace años por el PP, se autoexcluyó de la negociación del Estatut, pese a que la corriente interna dominante era partidaria de incluirse en el debate.

Ya se sabe qué ocurrió desde el momento en que Josep Piqué decidió salir de las filas populares y abandonar la política.

El juego democrático implica aceptar que los resultados, aunque no te gusten, son lo que son. Igual de reprochable es que el procés no haya tenido en cuenta a los catalanes no independentistas, como que la derecha haya judicializado todo lo que supusiera un autogobierno real en Cataluña.

Lejos de aceptar el juego democrático, el PP decidió impugnarlo todo y dejar en manos del Tribunal Constitucional la decisión de la constitucionalidad del nuevo Estatut.

Y ahí empezaron los problemas. Un independentismo que entonces apenas representaba un 15% fue subiendo como la espuma hasta hoy, con un enfrentamiento directo con el Estado.

Tal vez sea que la derecha, por evidente falta de ideas, necesite del independentismo para sobrevivir en la política. Seguramente, el independentismo también necesite de una derecha recalcitrante.

Pero el PP es el PP, un partido de Estado y debe volver a ser un referente en la derecha. Vox sí se puede permitir ser como es, la derecha más recalcitrante. El PP no puede permitirse no tener cintura política.

Se puede no estar a favor de los indultos, pero hay que reconocer cierta utilidad. Tampoco hay que estar a favor del independentismo, pero está ahí y no se le puede obviar. Y hay que aportar soluciones.

Se debe aceptar el juego democrático como no queda más remedio que aceptar que gobiernen partidos que no han ganado las elecciones. La aritmética lo permite en Andalucía y lo permitió en Madrid en 2019. Entonces, a la derecha no le pareció mal aceptar el juego democrático.

Sí. Cataluña está integrada en el Estado, pero no los ciudadanos catalanes que no están de acuerdo con el modo en que lo está.

El PP vendió una historia que se desmorona y sigue a rebufo de Vox. Lo que hoy escenifican en Colón no es más que hacer volar por los aires todo posible entendimiento y la convivencia. Todo ello, por un puñado de votos.

Lo cierto es que se necesita la concurrencia de los populares. El PP debe volver a la senda del diálogo si quiere regresar democráticamente, alguna vez, al Gobierno de la nación.

A medida que pasa el tiempo, sus opciones se agotan. Con ellas, la posibilidad de ser el referente de una derecha que haga posible la integración de los nacionalismos en el Estado.

El constitucionalismo no es el PP, menos aún Vox, con quien jamás se podrá contar para algo democrático. El constitucionalismo es otra cosa, pero no es confrontación. La foto de Colón es confrontar.

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