Cómo el PSOE se preparó ante un golpe de estado

Cómo el PSOE se preparó ante un golpe de Estado

Había que proteger y esconder a Ramón Rubial, Felipe González y Alfonso Guerra si se volvía a producir un golpe de Estado como el del 23-F y triunfaba. Eran, en 1981, los tres máximos dirigentes del PSOE y tan solo cuatro meses antes se había producido la asonada militar.

Por ese motivo, Carmen García Bloise, secretaria de Organización de los socialistas, envió una nota interna a los citados con las medidas de “protección”.

Vozpópuli revela el contenido del documento interno que contemplaba el plan secreto consistente en cuatro fases: alerta, alarma, acción y ocultamiento. Todo ello por si era necesario hacer que el PSOE pasara a la “semiclandestinidad o clandestinidad total” ante un golpe de Estado exitoso.

Pedro Sánchez desclasificó el documento, que se encuentra en el archivo histórico del PSOE, en 2015. Hacía poco que había llegado a la Secretaría General del partido.

En él, García Bloise avisa a los tres dirigentes que había que mejorar la seguridad del PSOE para “profesionalizar” al grupo de personas que conformaban el servicio.

A ello añadió su “preocupación” por la “falta de nexo” entre la dirección nacional y las federaciones territoriales “en caso de dificultad”.

Así, apuntó que le parecía “urgente establecer una ‘dirección única’ cuya finalidad será el dirigir la organización socialista si llega el caso de tener que poner la organización en semi-clandestinidad o clandestinidad total”.

Agregó dos anexos acerca de cómo proteger al PSOE en la ilegalidad y la dirección política a seguir ante ese escenario. Uno de los puntos era elegir un responsable de seguridad en cada provincia.

Se temía el triunfo de un golpe de Estado poco después del 23-F

Los elegidos deberían permanecer como tal servicio de seguridad con independencia de qué Ejecutiva hubiera. De ahí que la elección se hiciera con mucho esmero.

Asimismo, el plan secreto contemplaba cómo retirar archivos, ficheros y documentos comprometedores de las distintas sedes y dónde esconderlos. De hecho, aconsejaba que se repartiera la documentación en distintos escondites.

Por otro lado, ante un golpe de Estado exitoso, “siempre debe haber un teléfono libre para llamar o recibir las comunicaciones de suma importancia”.

El número desde el que se llame, además, lo deben conocer “muy pocos compañeros” y conocer “la importancia que tiene”.

Hasta ahí las tres primeras fases. Llegaría entonces la cuarta, la del “ocultamiento”. Suponía el paso a la clandestinidad con una reducción “al mínimo” de la red de comunicación. Se aconsejaba utilizar palabras clave, seudónimos e, incluso, que cada grupo de seguridad adopte “un mismo apellido”.

También se establecen las directrices en caso de necesidad de ocultar a algún dirigente. Por ejemplo, que en las casas no hubiera niños o descartar cualquier piso “no habitado hasta ese momento” para no levantar sospechas.

Asimismo, debía haber un piso alternativo, todas las casas estar en el casco urbano para evitar controles de carretera y nunca debía haber más de un dirigente escondido en un mismo piso.

Además, se ordena no utilizar pisos francos y se destaca que las casas más seguras son las de “simpatizantes no afiliados” o de “confianza personal”.

Todas estas medidas debían aplicarse también para UGT puesto que García Bloise propone informar de ello a “Nico”, con toda seguridad Nicolás Redondo.

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