“Como las gotas de la lluvia en una tarde somnolienta”

Mari Ángeles Solís del Río.

Por Mari Ángeles Solís del Río · @mangelessolis1.
Este título que preside mi artículo son versos prestados, versos nacidos de un alma con nombre de mujer. Porque en 48 horas estamos escuchando su nombre por doquier debido al galardón recibido, el más importante de la lengua castellana: el Premio Cervantes. Es ella, Ida Vitale que ha conseguido regresar a mi consciencia un artículo que escribí para este mismo Diario, artículo intitulado “Mujer y poeta”. Sirva como premonición a un reconocimiento merecido, o sirva simplemente para hacernos recapacitar en lo difícil que resulta conjugar estas dos palabras juntas.

Su vida, al igual que su poesía, son el resultado de aires que tuvieron que cambiar la tierra en que reposaban sus musas, a base de enriquecimiento y a base también del dolor de la propia existencia. Hoy, con sus cabellos blancos y sus 95 años, nos transporta a un espacio desconocido del alma, porque ser mujer te lo trae el viento, pero ser poeta te lo trae el huracán.

Entre sus muchas ocupaciones, además de ejercer de docente, colaboró en el semanario Marcha, dirigió en el diario uruguayo Época la página literaria y co-dirigió la revista Clinamen. Debido a la dictadura de Uruguay que se desarrolló desde los años 1973 a 1985, se exilió a México donde conoció a Octavio Paz, el cual contó con ella para formar parte en el comité asesor de la revista Vuelta. Y, posteriormente, formaría parte de la fundación del periódico Uno Más Uno. Mientras, continuaba en su labor docente y ampliando su obra a través del ensayo y la crítica literaria.

Años más tarde, el viento la llevó hasta Texas, exactamente a la ciudad de Austin. Lugar donde fue nombrada doctora honoris causa por la Universidad de la República en 2010. Treinta años de su estancia allí finalizaron en 2016 cuando regresó a Montevideo.

Vitale, una mujer honda, transparente, menuda, de voz dulce y llena de amor. Es famosa su frase: “la poesía perdurará”, porque además de mujer es poeta y, con esta afirmación, defiende su propia alma o se enfrenta a ella… así es la poesía y así es el amor.

Entre los años 1945 y 1950 se desarrolló un movimiento artístico denominado “Generación del 45”. Compuesto por escritores uruguayos que formaron parte de un fenómeno social, político y cultural que dejaría huella en aquel momento histórico que vivía su país. Dos mujeres, dos poetas marcaron sus letras, Delmira Agustini y María Eugenia Vaz Ferreira, además de Gabriela Mistral que la hizo “caer en la tentación” de la poesía lírica. Pero sus grandes referentes, sin duda alguna, fueron José Bergamín y Juan Ramón Jiménez. Es por ello, que sus versos se inscriben en la tradición de las vanguardias latinoamericanas, de raíz simbolista con los ojos abiertos hacia la poesía existencialista.

Tal vez, haya llegado a nuestros oídos, que esta edición del Premio Cervantes se caracteriza por dos cuestiones. En primer lugar, porque la galardón a es una mujer, hecho que en pleno siglo XXI resulta un poco arcaico que ésta sea noticia puesto que la capacidad intelectual y sensorial no distingue de sexos, y otra, la ruptura de una norma no escrita, norma por la cual existía alternancia en los receptores del Premio que mientras un año era español, al siguiente año le correspondía a un/a escritor/a latinoamericano. Así ha ocurrido que esta edición ha premiado a una poetisa de allende los mares, al igual que el galardonado del pasado año también lo parió la tierra “conquistada” por nuestros ancestros. Y, entrecomillo conquistada, en recuerdo de una noticia, publicada en este mismo medio, que versaba sobre la retirada de una estatua de Colón por considerarlo un genocida. Respecto a la historia, siempre habrá como mínimo dos versiones, pero la historia enseña y lo que nos debe quedar es que la literatura es un arte universal y une a los pueblos, en este caso y en este galardón, une e identifica a los pueblos de habla hispana.

Así pues, la literatura hispanoamericana no deja de ser eso, la literatura que surge de los países americanos que tienen el español como lengua materna. Hemos de tomar como base el siglo XX ya que es él momento en el que adquiere voz propia, una vez finalizada su dependencia del imperio colonial español. Se caracteriza por la gran diversidad de obras y estilos puesto que las voces surgen de numerosos países con diversidad geográfica, cultural y socioeconómica, sirviendo como único nexo de unión el hecho de compartir el idioma.

De todos modos, hay determinadas características que describen la literatura de allende los mares. La mezcla de lo indígena, lo español y lo europeo. La grandeza de la naturaleza que se impone al propio ser humano. Y la injusticia social que vertebra muchas obras venidas de allá. Al fin y al cabo, somos el mismo mundo unido, además de por la lengua, por algo tan universal y maravilloso como es la literatura.

Rubén Darío, José Martí, Gertrudis Gómez de Avellaneda, José Asunción Silva, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Vicente Huidobro, Jorge Luis Borges, César Vallejo, Pablo Neruda…. Y un largo etcétera por el cual comprobaremos la universalidad no sólo de los versos, sino también de los sentimientos y de las alma que no tienen piel, que son las almas de los y las poetas.

Creo que, la mejor forma de terminar, no es otra que con unos versos, unos versos de Ida Vitale, mostrando mi orgullo por el reconocimiento hacia una mujer poeta e indagando en la unión de estos pueblos que no viene dada por una “conquista” sino por algo tan universal como es la literatura. Y los versos de Ida rezan así:

“Todo es azul,
lo que no es verde
y arde,
I.N.R.I.
-igne natura renovatur integra-
en este aceite grave del verano;
cae el que pesa el vuelo de los pájaros
y blasfema del pájaro sin vuelo,
cae la excrecencia verbal =
la agorería = el trofeo,
la joya sobre la vieja piel de siempre.
Quien se sienta a la orilla de las cosas
resplandece de cosas sin orillas”.

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