“Carta de Milarepa desde el Tibet” (II), por César García Cimadevilla.

César García Cimadevilla caricaturizado.

El aislamiento, el confinamiento, se está haciendo global. Como acabas de leer en un vídeo de una psicóloga italiana que te acaba de mandar un ser querido, ha llegado el momento de la reflexión y de plantearse seriamente si la humanidad no estará saltándose todas las leyes cósmicas con una ignorancia casi demoniaca, porque ninguna ignorancia es inocente. La vida facilita suficientes lecciones, espirituales y de cualquier otro tipo, como para que alguien pueda alegar que él no sabía. Resulta aleccionador que esta pandemia parezca estar respetando a los más pequeños, a los más frágiles, a los que sí son inocentes, al menos de momento, porque su evolución es impredecible. Hay muchos que no creen en las leyes cósmicas y sin embargo estudian con atención y paciencia infinita las leyes de la ciencia. En el fondo son una misma cosa. Algunos se burlan de las leyes espirituales, como si no fueran científicas, nada más científico que el amor que mueve el sol y las estrellas. Como digo en la teoría de la vinculación, sobre la que has dejado de escribir, no sé por qué, no hay una sola partícula en el universo que permanezca sola, aislada, viviendo su propia vida individual e infinintesimal. Todas las partículas acaban vinculándose unas con otras, siguiendo unas leyes que los científicos tratan de desentrañar, pensando que ahí está la respuesta global a la pregunta única, ignorando que la única respuesta es el amor, no hay otra.

Recluido en tu casita, que ahora parece ser el lugar más adecuado para soportar esta plaga, reflexionas y te planteas muchas cosas, tales como si tiene sentido que los gobiernos planetarios se gasten cantidades ingentes en armamento para que lleguen unos bichitos y pongan a la humanidad contra las cuerdas. ¿No sería más lógico que ese presupuesto inútil en armamento defensivo, por si las moscas, se empleara en luchar contra la pandemia, en material sanitario, en lo que sea necesario ahora, y luego en crear centros científicos para la vigilancia y lucha contra las epidemias? No has oído nada de una posible suspensión de los presupuestos militares de las naciones y la utilización de ese dinero en luchar contra la emergencia que estáis viviendo. No se hace porque parece que los gobiernos no se fían unos de otros. Si bajo la guardia el otro me invadirá. Si estos bichitos acaban con todos los armamentos se pudrirán en sus silos. La falta de valores como la fraternidad universal puede llevar a esta humanidad doliente a una extinción apocalíptica. Los gobiernos prefieren seguir armados hasta los dientes, recelosos de lo que el oponente, el supuesto enemigo, pueda hacer a su población, mientras ésta sufre y se va muriendo sin esperanza. Estas cuestiones que tú te planteas se las deberán plantear los gobiernos antes o después y la población deberá abrir los ojos y darse cuenta del alto precio en vidas humanas que se está pagando porque el dinero que se debería emplear en sanidad se está empleando en armamentos disuasorios. Resulta curioso que ahora todos se lleven las manos a la cabeza cuando mueren ciudadanos de sus países del primer mundo y hayan visto sin inmutarse las muertes por las guerras, la tragedia de los refugiados. Por cierto, ¿alguien ha dicho algo de cómo están viviendo los refugiados esta pandemia? La imagen de aquel niño refugiado, muerto en la playa, conmocionó tu alma no hace mucho tiempo. Ahora sí, ahora parece que los muertos de primera son un problema tan grave como para decretar emergencias en todos los países. ¿Y los hermanos que mueren en las guerras, los refugiados que mueren buscando una vida digna, el sufrimiento de los desheredados de la fortuna, de los parias de la tierra, no es digno de compasión, no debería hacerse algo también por ellos?

El valor de la fraternidad, del amor, la empatía, la generosidad, son prácticamente nulos en la sociedad que habitas. Ahora se llevarán las manos a la cabeza gritando qué han hecho ellos para merecer esto. ¿Acaso el mirar hacia otro lado cuando hermanos de segunda clase mueren, sufren, se retuercen en el fango, no es suficiente culpa para que tengan que replantearse en qué sociedad quieren vivir y hacia qué futuro deben encaminar sus pasos, si sobreviven a esta especie de ensayo apocalíptico? Un ser humano es igual a otro, en consciencia, derechos, deberes y sobre todo en el amor. La discriminación brutal que ha hecho esta sociedad entre humanos de primera y de segunda, tercera, e incluso humanos invisibles e inexistentes para gobiernos y sociedades avanzadas, tiene que acabar y tiene que terminar ya. Esta sociedad tiene que cambiar y debe hacerlo cuanto antes. No hay futuro para ningún humano mientras no vea a los demás como hermanos y les trate como tales. La vinculación existente en el universo es aún mayor entre las personas, porque les une su consciencia, la chispa divina que habita en todos. El amor es la única solución y seguirá siendo la única si sobrevivís a este ensayo apocalíptico. Te veo llorar, has recuperado el don de las lágrimas que creías perdido, y se me parte el corazón porque te quiero, pero también quiero a todos y cada uno de tus hermanos. Sé muy bien que no te da miedo la muerte, sino el sufrimiento de tus hermanos. Si fuera aceptada entregarías tu vida para la salvación de toda la humanidad, pero de nada serviría semejante acto redentivo  si la humanidad se limitara a aceptarlo con una sonrisa desdeñosa y malévola, como diciendo, este idiota nos ha salvado la vida y ahora nosotros vamos a seguir con lo nuestro, con lo de siempre, porque la Tierra es para los depredadores sin escrúpulos. En verdad, en verdad te digo que si la humanidad no aprende la lección los bichitos no tendrán compasión con nada ni con nadie. Ellos también son depredadores y pueden demostrar que lo son hasta extremos inimaginables para los depredadores humanos. Que la paz profunda os acompañe a todos en este camino de sufrimiento. Con tu permiso seguiré diciendo todo aquello que es preciso que se diga, porque callar ahora es traicionar a tus hermanos y tú no lo quieres hacer, aunque tengas que llorar lágrimas de sangre.

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