Adiós 2020: el año que vivimos peligrosamente

Adiós 2020: el año que vivimos peligrosamente

Termina 2020. Por fin, para muchos, los más de nosotros. Un año que comenzaba sin nada que presagiara lo que se vendría encima, pese a algunas señales. Ha habido bueno, malo, pero sobre todo peor.

Y es que este 2020 empezaba conmocionado por el asesinato del general iraní Qasem Soleimani a manos del Ejército estadounidense. El ataque tuvo lugar el 3 de enero en el aeropuerto de Bagdad.

La respuesta no se hizo esperar y Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica atacaron dos bases militares utilizadas por las fuerzas armadas de Estados Unidos e Irak.

Apenas habían pasado dos semanas, el mundo volvió a conmocionarse. Esta vez, el 26 de enero. Kobe Bryant, uno de los mayores jugadores de baloncesto del mundo, fallecía en un accidente de helicóptero. Morían otras ocho personas, entre ellas, su hija Gianna Maria, de tan solo 13 años.

No había pasado un mes, el 31 de diciembre de 2019, desde que se detectaba el primer brote del nuevo coronavirus en la ciudad china de Wuhan.

Aquello se convirtió tan solo mes y medio después en la mayor pandemia mundial. Algo nunca visto desde la ‘gripe española’ de 1918. La Organización Mundial de la Salud declaró la epidemia como pandemia el 11 de marzo de 2020. Aún no ha terminado.

A partir de ahí se sucedieron episodios dramáticos. En España se decretaba el estado de alarma el 14 de marzo y se obligaba a todos los españoles no esenciales a confinarse. Por primera vez en democracia España entraba en la Gran Reclusión, que se prolongó, con ciertas relajaciones, hasta el 21 de junio.

El pico de la epidemia en España se sufrió en abril, alcanzándose la cifra de 950 muertos en solo 24 horas. La desescalada fue el gran desafío que los españoles afrontamos y que guardaremos en nuestra memoria colectiva para siempre. Los niños fueron un ejemplo de comportamiento, velando, así, por la salud y el bienestar de nuestros mayores, los más golpeados.

Todo el planeta se vio obligado a, de un modo u otro, paralizar la economía, recluirse en sus casas. Tras la gravísima crisis sanitaria, llegó la gran crisis económica. Decenas de miles de millones de euros, centenares de millones serán necesarios para la reconstrucción del mundo.

Cuando ya parecía, con todas las precauciones, que avanzábamos hacia una salida airosa de la epidemia, fue noticia una explosión en el puerto de Beirut. Un almacén abandonado causaba la muerte a casi 200 personas y hería a más de 6.000.

Mientras, otro mito del deporte se marchaba: Maradona.

Entretanto, el virus fue avanzando y ahora muta, provocando de nuevo casi el pánico. El mundo se enfrenta a la segunda y, posiblemente, la tercera oleada. Sin embargo, ahora estamos algo mejor preparados.

En cambio, podemos decir que no todo fue negativo. Al margen de consideraciones emocionales, el planeta pareció revivir y con él la raza humana. Hay hechos que nos hacen pensar si esta epidemia de 2020 nos hará cambiar algo.

Lo más importante fue el hallazgo de una vacuna, varias ya. En Estados Unidos, Reino Unido, Rusia y la Unión Europea empezaron sus campañas de vacunación. En España el pasado día 27.

Otra de las noticias que ha aliviado al mundo, menos a unos cuantos, es la victoria de Joe Biden en las elecciones Presidenciales de Estados Unidos. Donald Trump aún se resiste a reconocer su derrota e insiste en afirmar que hubo fraude.

El primer gobierno de coalición en España consigue sacar adelante los primeros presupuestos después de prorrogarse los de Montoro de 2017. Bueno. El año 2020 está jalonado de cientos de acontecimientos también positivos.

Y puestos a buscarlos en este fatal 2020, Parasitos, una película surcoreana, se convertía en la primera cinta extranjera en ganar el Oscar a la Mejor Película. No la mejor película extranjera, la mejor película, algo que no se había producido en la historia de los Oscars. Con ella, arrasaron también las patatas fritas gallegas que aparecen en una escena.

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