“Retrotopía”, despedida de Zygmunt Bauman

Carlos Mª Bru Purón.

Por Carlos Mª Brú Purón

La aparición del póstumo libro de Zygmunt Bauman, bajo el no muy sonoro título de “Retrotopía” [1], alude al germen psicológico – desde lo individual hasta lo colectivo- de ese tan actual comportamiento político que se conoce cómo populismo y que yo más bien –siguiendo precisamente a Bauman [2]- llamaría tribalismo.
Ese “prietas las filas, que vienen por nosotros” es un llamamiento al afín, al próximo, no tanto ya –venturosamente- en la impresentable pertenencia a una raza, sí a una nación, región o aldea.
El germen, lo ve claro Bauman, es equivalente al de la utopía, salvo en su recorrido que, en lugar de ir hacia delante, da marcha atrás: “cualquiera tiempo pasado fue mejor”: volvamos, pues, a él. Ese germen nostálgico es utilizado por conductores apropiados que lo reconducen a lo próximo, a lo inintoxicado, a lo tribal.
No anticipa el autor el más que probable resultado de esta fijación y su vivaz provecho por parte de quienes la cultivan y cautivan.
He aquí que,  en el pasado,  otros sociólogos sí diagnosticaron –lamentablemente, también un tanto a destiempo- el origen psicótico del seguimiento cerril a dictadores. El norteamericano Talcott Parsons – de quién no pueden sospecharse veleidades izquierdistas- definió el fenómeno de miedo y cerrazón por parte de ciudadanos, a su propio parecer  acorralados, como “anomia: inseguridad generalizada que lleva a un alto grado de ansiedad y agresión” [3]. Y situaba en las capas sociales agraviadas por el progreso tecnológico y la globalización, el magma donde esos temores “a la ideología de la racionalización” prosperan.
Pero inmediatamente denunció qué o quiénes explotan en provecho propio esos sentires colectivos. Lo dijo así: Esta “reacción en contra de la racionalización, junto al orgullo y el honor” (basado en “las tradiciones nacionales”), “constituye (…) un aspecto principal de la ideología del fascismo [4]”.
Ese y no  otro es el término adecuado: “fascismo, nuevo movimiento masivo estructurado (que) hizo su aparición en la escena y, en ciertos lugares del mundo occidental ganó ascendiente”.
Esto se escribió en 1.949, pero vale para hoy. Cómo vale su apreciación de que la pretendida defensa de los más desfavorecidos fue mero disfraz, ya que su inmediata y persistente labor fue “quebrantar el poder del movimiento obrero organizado”, y atraerse – lo que no era difícil y se logró plenamente- a las “élites empresariales y profesionales”. Aludió, como ejemplos en la época muy significativos de ese soporte oligárquico al fascismo, a los ofrecidos por “la nobleza terrateniente (…) en España  o la clase Junker en Alemania” [5].
(No es para menos: cabe recordar la contrarreforma agraria del franquismo, y para Alemania la entrega de la gran industria al nazismo, por ejemplo esos Krupp de quiénes dio lacerante testimonio fílmico el viscontiano “Crepúsculo de los dioses”. Y si llegamos a la actualidad,  bástenos constatar el desvelamiento de la verdadera política de Trump a través de su proyecto de reducción del impuesto de sociedades desde el 35% al 15%).
Tiempo ha no contamos con Parsons, la salida a la luz del “Retrotopía” ha precedido días a la despedida vital de su autor, y retengamos con ellos y otros muchos predecesores – Zweig, Brecht, Benjamin, Arendt, ¿porqué no Solzhenitsyn?- la advertencia contra esa cerrazón tribal que conduce a la xenofobia y da ocasión al tirano.
Lo que denuncia Bauman en su obra póstuma, aún omitiendo el término adecuado: a secas, Fascismo.
Aquello que – asevera-  no se remedia sino mediante la difícil “capacidad para dialogar”.
Para cuya práctica nos invita a seguir la ruta marcada por el  Papa Francisco,  de quien afirma es “actualmente la única persona (…) con una autoridad planetaria que demuestra la suficiente audacia y autoridad como para plantear y abordar esa clase de preguntas”.
Por lo que cierra su obra trasladando literal y elogiosamente, frases concretas del discurso del Papa Francisco en Estrasburgo y 2.016: “diálogo”, “estrategias no de muerte sino de vida”, “distribución justa de los frutos de la tierra y del trabajo humano”, “nuevos modelos económicos más inclusivos”, paso “de una economía líquida [6] a una economía social”, etc.
He aquí cómo el Vicario de Cristo se hace eco de un pensador “de inspiración marxista” [7] en el rechazo a una “liquidez” inconsistente y evasiva, un laissez faire a los flujos financieros tan pernicioso como el tribalismo.
Frente a cuyos peligros, tan sólo diálogo, derechos humanos,  justicia social, conservacionismo ambiental e instituciones democráticas – desde el municipio al planeta, engarzadas entre sí- podrán servir de valladar.

[1] Zygmunt Bauman, “Retrotopía”, Paidós, abril 2017.
[2] Z. Bauman, op.cit., pág. 147.
[3] Talcott Parsons, “Ensayos de teoría sociológica”, 1949, versión española Buenos Aires 1967, págs. 110 y sgts.
[4] Subrayado mío.
[5] T. Parsons, op. cit., pág. 122.
[6] Subrayado nuestro.
[7] Según A. Pita, en El País de 25/04/2017.

1 thought on ““Retrotopía”, despedida de Zygmunt Bauman”

  1. Gracias por tu opinión e información para despejar dudas sobre las formas y modos que el fascismo deambula por sociedades desprevenidas.

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