Nosotros

Por Gonzalo González Carrascal • @Gonzalo_Glezcar
Nosotros. Habituados a su uso, nada puede resultarnos más inocente. El lenguaje nunca lo es. Simple pronombre que, presente explícita o implícitamente en la articulación de sentido que la sintaxis obliga, revela siempre lo esencial oculto bajo la apariencia de lo evidente. Lo sutil que encierra lo aprendido de manera maquínica en el abandono de la primera infancia. Nunca expresamente dicho. Siempre presente en el diciente. La latente consciencia de la fuerza inclusiva del vínculo, así como, también, la de su ajenidad.
Nosotros. Pronombre que, atendiendo a la multiplicidad de posibles relaciones que comparten los referidos en la dinámica de lo dicho, permite entender la modulable profundidad de su alcance. Las innumerables instancias de relación, y mutua identificación, a las que el significante apela en la concreción precisa del caso. La implícita función de relación comprometida entre las partes.
Nosotros funde así el sentido de lo común. Lo participado entre aquellos de lo que lo predicado dice. No hay sociedad alguna, ni posible sentido de pertenencia a la misma, sin tal instancia referencial -imposible labor establecer significación alguna allí donde no hay significante que la refiera-. Tal hecho despliega toda su potencialidad política.
Nosotros establece los márgenes de composición de los individuos por él concernidos, en función del alcance y dimensión inclusiva de su significado. Es precisamente tal extensión del significado del pronombre, la pugna esencial por el consciente ensanchamiento de sus límites, el detonante de las dinámicas revolucionarias humanas que han dado paso a la modernidad. Y de las que todos somos producto. Pueblo, Nación y Ciudadanía emergen entonces en los preámbulos constitucionales de las nuevas sociedades como figuras, bajo forma desplazada del ausente pronombre, que elevan su nivel significativo a un mayor alcance identitario. El motivo es claro. Saber que sólo trascendiendo las instancias reduccionistas de relación, los sujetos podremos despojarnos de los ámbitos de servidumbre al que un Nosotros menguante y estamentalista siempre nos aboca. Saber que Nosotros trasciende cultura local y terruño, y que en la defensa de su más amplio significado se juega el envite de la libertad del individuo. Saber que sólo apelando a instancias de mayor abstracción y racionalidad se logra la convergencia y coordinación que instancias emotivas y concretas sólo frustrarían en perjuicio de todos.
Nosotros, bajo cualquiera de sus formas, nos hace sujetos constituyentes, conscientes o no, de la comunión humana a la que tal termino nos refiere. La vigencia de la amplitud de su actual significado reposa en el mantenimiento de dinámicas sociales que hagan a los sujetos partícipes conscientes de su pertenencia, y el valor que ésta tiene. Aceptar que entre nosotros haya unos que quieran decirse otros es aceptar la mengua significativa de lo que nos dice iguales, para que aquellos que lo somos dejemos de serlo. La dinámica de excluyente diferenciación, la delimitación de una cesura entre nosotros, que cree unos y otros, sólo puede devenir en instancias de mayor servidumbre para los sujetos enajenados del plano de igualdad al que estamos todos referidos, sólo en beneficio de los intereses particulares de aquellos a los que tal quiebra conviene y sólo en perjuicio de aquellos a éstos sometidos. Igualdad y Libertad están en juego. Su defensa no depende sino de nosotros.

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