Lo importante que nadie cuenta

Carolina Gutiérrez Montero.

Por Carolina Gutiérrez Montero (investigadora biomédica)
Vivimos en nuestro país auténticos momentos de zozobra política que no sabemos muy bien hacia dónde nos llevarán. Viene a mi memoria el fantástico libro Hacia los confines del mundo de Harry Thompson, en el que el valiente capitán de barco Fitz Roy con tan solo 17 años y en medio de la zozobra de las mortales tormentas que se sucedieron llegando al estrecho de Magallanes, fue capaz de salvar a toda la tripulación de morir ahogada. La valentía y valía del joven capitán de llevar a buen puerto a sus marineros podría haber pasado desapercibida de no ser porque ese barco era el famoso Beagle en el que iba el insigne biólogo Charles Darwin con todas las muestras que recogió y que le sirvieron para escribir su famoso libro El Origen de las Especies.
Las cosas importantes que nadie cuenta son precisamente estas: casi todos sabemos del famoso libro y del brillante biólogo, pero pocos sabíamos cómo habían sido salvadas las muestras que llevaron a la escritura del mismo gracias a la heroicidad del capitán Fitz Roy.
Salvando por supuesto las distancias con esta famosa y verídica historia, el ejemplo me sirve para enlazar en este artículo con una reivindicación de cosas que ocurren todos los días en nuestras ciudades, en nuestros pueblos…cosas de gente que vale mucho y que hace cosas para la gente pero que nadie cuenta, que no son desgraciadamente portadas en los medios de comunicación y que realmente son importantes.
El pasado martes 29 de mayo los investigadores de las Fundaciones de Investigación Biomédica, es decir los que investigamos en los hospitales y centramos la mayor parte de nuestro trabajo en la búsqueda de soluciones para muchas de las enfermedades que nos rodean, nos manifestamos en la puerta del Sol frente a la sede de la Comunidad de Madrid.
Reclamábamos algo muy sencillo: que después de muchos años de lucha y tras tres intentos fallidos, los responsables de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, convocasen la mesa negociadora con los representantes de los Comités de Empresa de las Fundaciones para negociar un convenio digno para todos los trabajadores de las mismas.
Un convenio que reconozca ante todo un derecho básico: los investigadores también somos trabajadores y merecemos un reconocimiento que nos garantice una cierta estabilidad laboral después de muchos años de trabajo. No podemos seguir siendo considerados como becarios después de 15 o más años de trabajo y formación.
Queríamos hacernos ver y oír, pero desgraciadamente nos vieron pocos y nos oyeron menos. No fuimos portada de ningún periódico (ni siquiera una pequeña mención en un pequeño apartado, de un pequeño periódico). No fuimos noticia ni en alguna emisora o televisión local. No salimos en ningún medio de comunicación. Incluso solo tímidamente apareció algún mensaje en las redes sociales escrito y retuiteado por alguno de los implicados. Nos faltaron muchos likes.
Fue una mañana de lluvia intensa, y bajo la misma aguantamos estoicamente. No éramos muchos pero los suficientes para demostrar que nuestra lucha sigue viva y que no vamos a parar.
Curiosamente el día anterior en un periódico de tirada nacional apareció una entrevista al investigador Mariano Barbacid al que preguntaban por la visibilidad de la ciencia en la sociedad y él respondía literalmente: “si los científicos salimos a la calle no somos capaces ni de parar el tráfico”, haciendo alusión al poco poder que tenemos.
Pues yo creo que si la sociedad supiese lo que hacemos los científicos y conociesen la repercusión que tiene y puede tener en un futuro no muy lejano nuestro trabajo en sus vidas, no solo pararíamos el tráfico sino la ciudad entera.
Pero nos falta eso, el que pueda llegar a todos ese trabajo que realizamos y para eso tenemos que ser noticia, tenemos que formar parte de lo importante que sí se cuenta.
No podemos seguir ocultos a esta sociedad que debe conocer lo que hacemos, entre otras cosas porque gran parte de nuestros trabajos se llevan a cabo con dinero público, con los impuestos de todos los ciudadanos. Nosotros no somos la Gürtel, ni la Púnica…no nos llevamos el dinero de los contribuyentes, al revés lo empleamos para un bien común: para desarrollar estrategias novedosas que curen diferentes tipos de cánceres, para encontrar una cura para el Alzheimer o la esclerosis múltiple, para intentar curar el VIH, para acabar con las súper bacterias resistentes a todos los antibióticos…en definitiva para conseguir una vida mejor para todos.
Porque nuestro trabajo también salva vidas. Pero como nada cambie, seguiremos sin voz y siendo parte de lo importante que nadie cuenta.

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