“En la escuela no cabe todo”, Por Mª Victoria Moreno.

María Victoria Moreno.

Parece que en las últimas semanas preocupa la falta de educación sexual adecuada de nuestros jóvenes. Una vez más la sociedad vuelve la vista a los colegios e institutos preguntándose por qué no se ha satisfecho ahí esa necesidad para su vida futura como adultos tanto desde un punto de vista individual para disfrutar de una sexualidad satisfactoria, como -aún más importante- el elemento fundamental que debe ser para establecer relaciones afectivas saludables, basadas en el respeto y la igualdad.

Claro que cuando nos parece que se recicla poco, también se pide a la escuela que forme a nuestros estudiantes en el cuidado de la naturaleza, el consumo responsable y la sostenibilidad. Y cuando, al fin, somos conscientes de que el acoso no es presentable, responsabilizamos a los docentes de luchar contra esos comportamientos indeseables. ¡Ah! también de que se conozca Europa y la Unión Europea, y de prevenir el racismo y la xenofobia, y de educar contra el maltrato, y del uso razonable de las nuevas tecnologías y las redes sociales, y de la educación en igualdad, y de prevenir la homofobia, y… y…

Y todo eso sin recortar ni uno solo de los muchos contenidos que, con calzador, hemos incluido en los currículos. Estudiamos la creciente historia contemporánea, pero pretendemos que no se desestime un detalle de la antigua. Incluimos los últimos avances científicos, pero no perdonamos un contenido de la historia de la ciencia. Incluimos análisis de textos contemporáneos y queremos que aprendan a escribir y expresarse, pero no perdonamos el análisis sintáctico.

Alguien tiene que decirlo: no cabe todo. El tiempo escolar es limitado; lo que se puede trabajar, aprender, comprender en ese tiempo también. En la infancia y la adolescencia se debe tener tiempo para muchas otras experiencias y aprendizajes fuera del entorno escolar y estrictamente educativo. Dejemos para otro momento la cuestión de que los docentes no siempre contamos con las herramientas ni los conocimientos adecuados para todo. Sobre todo, no cabe que como sociedad nos lavemos las manos dejando en manos de los docentes la responsabilidad de transmitir en el aula valores que en la sociedad brillan por su ausencia en demasiadas ocasiones.

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