“El Socialista” (y II), por Eusebio Lucía Olmos.

Eusebio Lucía Olmos.

Una vez consolidado como diario, y a pesar de las múltiples dificultades económicas y políticas con que continuó encontrándose, fue siguiendo los acontecimientos vividos tanto por la organización como por el país, empezando por la Gran Guerra europea. El periódico – que saldría en horario vespertino desde septiembre de 1914 – defendió el tradicional pacifismo socialista, combatiendo con firmeza la lucha a muerte entre obreros que ocupaban trincheras enfrentadas en provecho de los intereses del capital. El permanente desgaste que a España le suponía el mantenimiento de su propio conflicto armado en el norte de África, supuso la generalizada aceptación de su oficial neutralidad ante el europeo, cuyos países demandaban materias primas y productos manufacturados que ellos no estaban en disposición de fabricar, posibilitando así el nacimiento de importantes fortunas nacionales, mientras la vida se hacía cada vez más difícil para la clase obrera. El 21 de octubre de 1914, Mariano García Cortés dimite como director del diario, siendo nombrado el 18 de noviembre por el Comité Nacional para sustituirle el que era su redactor jefe, Eduardo Torralva Beci. El 1 de noviembre de 1915, el 10º Congreso del PSOE derogó la incompatibilidad de cargos, con lo que Iglesias reasumió la dirección de “El Socialista”.

Desde el otro extremo de Europa, comenzaban a llegar confusas noticias sobre una importante revolución que estaba sucediendo en Rusia, despertando la atención de todos los sectores de la vida nacional. La burguesía aterrada por lo que suponía un peligrosísimo ejemplo a seguir por nuestras masas obreras, mientras que las clases populares más concienciadas lo hacían expectantes por el mismo motivo. Todo ello era seguido con enorme interés por los lectores del diario socialista, así como la declaración del estado de guerra de julio de 1916 y las habituales censuras de la prensa, a consecuencia de la huelga de los ferroviarios y la situación general. Las pérdidas que ésta ocasionaba al periódico venían a unirse a la firme decisión de sus directivos de mantener su rechazo a la subvención del papel prensa. Fue necesaria una petición general de ayuda, contestada por parte del Sindicato Obrero Minero Asturiano con la concesión de un préstamo de 12.000 pesetas. El coincidente malestar del ejército con la movilización por parte de la burguesía catalana de todos los políticos progresistas del país, vinieron a unirse a las protestas de las dos ramas del movimiento obrero, culminando el proceso con la precipitada convocatoria conjunta de una huelga general revolucionaria en agosto de 1917. La consigna “Cosas veredes”, aparecida en el diario y en la prensa progresista del viernes, 10 de agosto de 1917, alertaría de la fecha exacta – el lunes 13 – designada como el estallido de la crisis de la monarquía y del sistema de la Restauración. Aunque su deficiente organización y desigual seguimiento facilitaron la extrema dureza con que fue reprimida, precisamente por las mismas fuerzas militares con las que se pensaba contar. Los firmantes del manifiesto convocante fueron inmediatamente detenidos y sometidos a un severo consejo de guerra que les condenó a reclusión perpetua, pero la enorme movilización que provocó su condena supuso una inmejorable campaña electoral que les catapultó a sus correspondientes escaños de diputados en los comicios celebrados seis meses más tarde. Todo ello fue seguido con enorme interés por los lectores de “El Socialista” desde su reaparición el 18 de octubre, de igual forma que el debate parlamentario del siguiente año sobre el movimiento, a pesar de las crecientes dificultades económicas que continuaba sufriendo.

El 1 de septiembre de 1919 se trasladó la redacción y administración del periódico de la calle del Pez, 15, a la de Carranza 20, edificio legado a la Casa del Pueblo de Madrid por Cesáreo del Cerro, y en el que también se estableció la secretaría del PSOE. Hasta el final de la guerra civil, este sería el domicilio permanente del diario. El anuncio del empréstito de un millón de pesetas que aprobó el Congreso extraordinario de junio de 1920, para crear una editorial que asegurara la vida del periódico, así como la formación de una sociedad cooperativa, pareció aliviar su crisis interna. Quizás se pensó también que iría parejo el incremento de militantes al de lectores, o el atractivo que pudo suponer la colaboración de firmas de personalidades como las de Leopoldo Alas Argüelles, Luis Araquistaín, Camilo Barcia, Manuel Cardenal, Marcelino Domingo, Lorenzo Luzuriaga, Manuel Pedroso o Enrique Martí Jara. Ni que decir tiene que la Internacional Comunista y las condiciones para su adscripción fueron temas de continuo debate. En enero de 1921, los lectores devoraban los informes del viaje que habían hecho a Moscú Daniel Anguiano y Fernando de los Ríos, publicados en el diario y que serían debatidos en el Congreso de abril. De igual modo, la pugna con el nuevo Partido Comunista y las noticias de las importantes derrotas de nuestros ejércitos en la guerra de Marruecos serían los grandes temas hasta 1922, en que se negó a publicar únicamente las noticias facilitadas por el gobierno. Pero, en febrero de 1921 se hizo necesario llamar de nuevo a la generosidad de socialistas y ugetistas, ante el riesgo de tener que cerrar la publicación al mes siguiente, reconociéndose el fracaso del empréstito anunciado. El cierto éxito del llamamiento permitió mantener la publicación, cuando ya estaba decidido su cierre, reduciendo los gastos, reorganizando los servicios y disolviendo la editorial. La redacción quedó reducida a Andrés Saborit, Cayetano Redondo, Francisco Núñez Tomás y César García Iniesta.

El golpe de Estado del general Primo de Rivera suspendió las garantías constitucionales y estableció la censura previa. No obstante, en 1924 el diario comenzó la publicación de las páginas especiales: “El Socialista en los campos”, “Páginas pedagógicas”, “Medicina, beneficencia e higiene”, “Cooperación y Mutualismo”, “Juventudes Socialistas” y “Actividad socialista en Cataluña”, redactada en Barcelona; publicaciones especiales que duraron hasta 1926. Las noticias sobre el fallecimiento y entierro de Pablo Iglesias, así como la publicación de numerosos artículos y poemas en su honor, y su repercusión en la prensa española y extranjera, fueron continuas entre el 10 y el 15 de diciembre de 1925. La comisión ejecutiva designó a Andrés Saborit director interino del diario, que sería ratificado en el pleno de delegados en julio de 1926. El enero de ese año, la junta general de la sociedad de obreros y albañiles “El Trabajo” había acordado “adquirir por suscripción pública nacional un edificio, que se denominará Fundación Pablo Iglesias, que tendrá por objetivo difundir sus ideas en salón de conferencias, biblioteca, imprenta, redacción y administración de “El Socialista”…”, así como la condonación de la deuda de 5.000 pesetas realizado en agosto de 1922. En marzo se constituyó la Cooperativa Gráfica Socialista, formalizándose una semana después la adquisición de la imprenta, sita en la calle de San Bernardo, 92. En el mes de julio de firmó el contrato de adquisición de la maquinaria necesaria para imprimir el periódico en la Gráfica, concluyendo su instalación a finales de septiembre.

El 1 de octubre de 1926 salió el primer diario confeccionado en los talleres de la Gráfica Socialista, como diario matutino y con nueva cabecera y formato. La carencia de vida parlamentaria y las nuevas posibilidades técnicas permitieron incrementar los números especiales. Además de los números dedicados a la conmemoración de los 1º de mayo, que salían todos los años, en mayo de 1929 se editó también uno en homenaje a Jaime Vera y al aniversario de la Agrupación Socialista Madrileña; y en abril de 1930, el dedicado al traslado de los restos de Pablo Iglesias a su mausoleo en el Cementerio Civil madrileño. El 21 de enero de 1931, y para instalar adecuadamente los servicios de redacción y administración, se ocupó otro piso en el edificio de la calle Carranza, 20. En el piso principal estaban las secretarías del partido y de las JJSS, la oficina de Información y Propaganda, y la redacción del periódico; y en el primer piso, la administración. En febrero, y como consecuencia del encendido debate sobre la conveniencia de formar parte o no del comité revolucionario precursor de la República, dimiten de sus puestos directivos: Besteiro, Martínez Gil, Ovejero, Trifón Gómez, Aníbal Sánchez y Andrés Saborit, quien dejó también la dirección del diario. Se acordó encomendar ésta a Cayetano Redondo, hasta la celebración de un próximo Congreso.

En el mes de mayo de 1931, la nueva comisión ejecutiva presentó al comité nacional la reorganización del diario, que fue aprobada. La dirección-gerencia, con total autoridad, sería asumida por Remigio Cabello, lo que provocó la dimisión de Cayetano Redondo. El 1 de marzo de 1932, las competencias de director provisional serán transferidas a Julián Zugazagoitia. La Sociedad de Albañiles “El Trabajo” inicia ese verano la construcción de un edificio en la calle Trafalgar, como sede de la Institución Pablo Iglesias, que se alquilaría en diciembre de 1935 al partido para alojar allí el diario y la Gráfica Socialista. Desde el día 4 al 22 de octubre de 1932 se realizaron tres ediciones diarias para cubrir la información sobre el 13º Congreso del PSOE y el 17º de la UGT, que se celebraron en Madrid. En el primero y tras una amplia discusión, se aprobó la gestión de la dirección, así como el dictamen de la ponencia sobre el diario, entre cuyos puntos se incluía la publicación en edición de tarde, la necesidad urgente de adquirir un local y material de imprenta, la organización de una agencia informativa y un servicio de publicidad, la integración en la Redacción de periodistas de reconocida experiencia y retribuidos con sueldos de mercado, y confirmándose a Zugazagoitia como director.

En enero de 1933, y tras las oportunas aportaciones voluntarias, se adquiere en Suiza la rotativa Winkler, que llega a Madrid en julio de 1934, aunque al no haberse terminado aún el edificio de la calle Trafalgar, debió de permanecer almacenada hasta 1937. En mayo de 1934 aparece la revista “Leviatán”, dirigida por Luis Araquistáin. La represión de la revolución de octubre de 1934 provocó la clausura de las Casas del Pueblo y la suspensión gubernativa del diario – que superaba ya los 70.000 ejemplares de tirada – desde el día 5 hasta el 17 de diciembre de 1935, así como la prisión del director, redactores y miembros de administración y auxiliares. En junio de 1935 aparece la revista “Democracia”, dirigida por Andrés Saborit, opinión del ala derecha del partido. A mes siguiente, y como respuesta de la izquierda, aparece “Claridad”. Esta pluralidad de medios en 1936 es fiel reflejo de un partido profundamente dividido, cuyo diario condena el 18 de julio la sublevación militar contra el gobierno de la República, apareciendo el editorial en blanco debido a la censura, que estará vigente durante toda la guerra civil. A partir del 19 de noviembre, la carestía del papel y las dificultades para su adquisición hizo que se publicara una sola hoja impresa por las dos caras, hasta el 19 de enero de 1937. El 1 de febrero de 1937 apareció el primer número impreso y publicado en los nuevos talleres de la calle de Trafalgar, 31, donde se trasladaron también la redacción y la administración. En mayo de 1937, Zugazagoitia es nombrado ministro de la Gobernación, siendo sustituido en la dirección del diario por Manuel Albar. El 2 de mayo de 1938 aparece “El Socialista” en edición de Barcelona, con Albar al frente, mientras en Madrid era relevado por Felipe Cabezas. Hasta febrero de 1939 se publicarían dos periódicos con la misma cabecera y diferente contenido, formato, direcciones y redacciones. El 28 de marzo de 1939 se publicó el último número de “El Socialista”, con un titular a 6 columnas: “Nadie acoja ni secunde otras iniciativas que las del Consejo Nacional de Defensa”, y un editorial titulado “Nos hacen la guerra porque deseamos la paz. No aman a España.”

El nuevo régimen se incautaría de todos los bienes de las organizaciones del Frente Popular, entre ellos el edificio de Trafalgar, 31, y la rotativa recién instalada, editándose en esas instalaciones y con esos medios industriales el Boletín Oficial del Estado franquista.

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