Dirigentes del PP sostienen que Feijóo debe sustituir a Rajoy

Dirigentes del PP sostienen que Feijóo debe sustituir a Rajoy

Tras la caída de Cifuentes es el mejor posicionado.
Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta, parece postularse como uno de los candidatos mejor colocados para liderar el PP si Rajoy abandona. Desde el entorno del Gobierno gallego señalan que, no obstante, Feijóo es consciente de que la situación del partido y la aparición constante de escándalos hace que sus posibilidades crezcan, pero no como para iniciar una carrera dirigida a suceder a Rajoy antes de tiempo. Si empieza a destacar, no podría defenderse ante las más que previsibles maniobras de sus rivales, como Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal o Íñigo de la Serna, con más poder tanto en el interior del partido como en el Gobierno, al mando de importantes estructuras del Estado.
Uno de sus colaboradores dice de él que “es buena persona. Lo que dice no lo dice calculando sus posibilidades para ser presidente del Gobierno, sino porque de verdad lo piensa así. No está pensando en la sucesión, y es consciente de que, si algún día puede optar a ella, será gracias al apoyo que pueda tener entre los votantes, a la imagen que de él tengan los simpatizantes del Partido Popular, y no para ganar una guerra interna que ni él desea librar ni podría ganar ahora”. De ahí que el presidente de la Xunta gallega esté tratando de ganarse las simpatías entre las élites económicas y promocionando su imagen pública fuera de su comunidad autónoma, con entrevistas y encuentros públicos o liderando la protesta de los presidentes autonómicos contra la propuesta de Cristóbal Montoro de condonar parte de la deuda catalana.

Conoce bien su poder y sus límites
Son muchos los que creen que Feijóo sería el único candidato capaz de impedir un desastre ante el posible sorpasso de Ciudadanos como pronostican las encuestas, y cuenta con importantes respaldos dentro del partido, como Ana Pastor, presidenta del Congreso, cuyo esposo, José Benito, es compañero de paseos de Rajoy. Al margen de esto, cabe destacar que la formación liderada por Rivera prácticamente es inexistente en Galicia, lo que parece demostrar la resistencia de esta comunidad autónoma al ascenso de los naranja, qué perdió en las elecciones de 2016 los dos diputados al Congreso por Galicia que obtuvo en la Legislatura fallida, no tiene escaños en el Parlamento autonómico y, de las siete ciudades gallegas más importantes, solo tiene representación, con dos concejales, en Lugo.
Ciudadanos lo intenta, pero no cuaja. Javier Guerra, el joven empresario que ocupó la Consellería de Economía en la primera Xunta de Feijóo, no termina de consolidarse como una opción real al PP. Los resultados de las elecciones municipales y autonómicas en 2019 despejarán la incógnita de si el presidente gallego es la firme alternativa que los populares necesitan frente al impulso de los de Rivera. No obstante, también hay debilidades. Feijoo amplió la mayoría absoluta del PP gallego una y otra vez, pero en las pasadas municipales perdió las alcaldías de A Coruña, Santiago y Ferrol, y, de las grandes ciudades gallegas, solo gobierna en Ourense, donde conserva, también, la única Diputación Provincial que le queda, con José Manuel Baltar, que la heredó de su padre, condenado a nueve años de inhabilitación por colocar en esa Diputación a un centenar de cargos del PP que luego votaron a su hijo en el Congreso regional del partido. Y estas corruptelas podrían estimular el ascenso de Ciudadanos.

Más debilidades
Feijóo presume de tener imagen de gestor eficaz, pero queda puesta en tela de juicio por la grave situación de la sanidad gallega, la huelga de los funcionarios de Justicia, que cumple ya 80 días de paralización de los juzgados, una educación deteriorada, igual que los servicios públicos, y que en Galicia se cobran los sueldos y las pensiones más bajas de toda España. Aunque ya estamos en campaña electoral, serán las municipales y las autonómicas las que den solución a estas cuestiones, y, mientras, el presidente gallego sigue estimulando sus opciones, que aumentan tras la caída de Cifuentes, sobre lo que llegó a decir, después de conocerse la dimisión de la ex presidenta madrileña, que “los políticos sabemos que algunos errores que en la vida privada son difíciles de justificar, en la vida pública son absolutamente injustificables”.
Lo cierto es que, tras ello, Feijoo aparece como el único defensor de la renovación y la limpieza de un partido que cada día amanece con escándalo nuevo de corrupción, comportamientos impropios de un cargo público o clientelismo, todo ello sin olvidar que admitió como un “error privado” su amistad con el narcotraficante Marcial Dorado, algo que se dio a conocer por unas fotografías en las que aparecía a bordo de su yate, aunque asegure que se hicieron en una época en la que no conocía las actividades ilegales del narco, a pesar de que, entonces, ya había sido imputado en varios casos de contrabando y tráfico de drogas, como la operación Nécora. Las imágenes fueron incautadas en una redada policial en 2004 a pesar de lo cual siguió yéndose de vacaciones y de fin de semana y atendiendo a las llamadas de dorado. No ha aclarado por qué ocultó su amistad con él hasta que en 2013 un diario lo destapó. se sospecha que el narcotraficante hacía negocios con la Consellería de Sanidade de la Xunta en la época en la que el, ahora, presidente gallego comenzaba su carrera política, pero el PP nunca ha facilitado el acceso a los documentos que podrían probar este hecho. Dorado fue condenado a 14 años de cárcel por tráfico de cocaína.

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