Degenerando en… un, dos, tres. Primarias PP

Por Mari Ángeles Solís del Río · @mangelessolis1.
Cuando pasa el tiempo, los hechos son más bien relatados como nosotros los recordamos que, como en realidad, fueron. Por lo mismo que las cosas se convierten en lo que las percibimos para dejar de ser lo que verdaderamente son. Es el instinto quien nos guía. Pero siempre, siempre llega ese punto en que las cosas empiezan a corromperse.
Cualquiera que tenga una mínima cultura política conoce aquella anécdota de Juan Belmonte. En la que, en una corrida de toros en Huelva a la que acudió, presidida por el gobernador Joaquín Miranda, conocido en las lindes taurinas como El Pasmo de Triana, por haber sido banderillero, alguien le preguntó a Belmonte:
«Maestro, ¿cómo se pasa de banderillero a gobernador?»
A lo que el amigo de Valle-Inclán y Hemingway, respondió:
«Pues ya se ve. Degenerando, degenerando».
En estos últimos días, ha vuelto a mis recuerdos aquella anécdota política-taurina que, precisamente me contó hace más de veinte años alguien que se estaba ocupando de mi formación en política y, para enseñarme el camino de la honestidad, surgió esta pequeña historia de la que tanto aprendí.
Y, ahora, como espectadora, lejana y desde la otra orilla, de las circenses primarias del partido popular, encuentro el total significado del verbo “degenerar”, y veo plasmado en mi imaginación, como imágenes turbias y entre neblina, de un cuadro antiguo de rostros provincianos, misas diarias y miradas tras los visillos. Veo que otro siglo intenta personificar a la rancia derecha española, ya de por sí antigua e insurrecta, llevándonos a un pasado tétrico de incultura e incomprensión.
Magnífico titular el que nos regaló uno de los aspirantes al trono del partido que antes fue ministro del franquismo, Manuel Fraga. Del partido dirigido por uno de los tres de la vergonzosa foto de las Azores, del partido podrido (PP) de la corrupción. Magnífico titular, como digo, el que nos regaló Margallo refiriéndose a sus oponentes, como “las dos viudas y el hijo adoptivo”. Sin duda, el reflejo de otro tiempo.
Eso es la derecha de este país: imágenes de otro tiempo. Sea cual sea el resultado de estas entretenidas primaria, sin experiencia, sin cultura democrática y sin visiones de futuro, la conclusión siempre será que la derecha rancia de este país quedó anclada en un pasado turbio, provinciano, heredero del catolicismo más oscuro, sin futuro…
Para los ciudadanos poco importa que el ganador sea un maniquí cogido a la manita de un oxidado líder o de una mujer que, para nada nos puede decir algo para que las mujeres nos sintamos orgullosas de llegar al poder, por un camino en el cuál, lo que prima, es la apariencia, es llegar arriba a “cambio de» ir contra los suyos propios, o el “ser mujer de» para aparentar o tapar una mancha.
Política en blanco y negro es lo que representa el PP. Política oscura y retorcida, de derecha rancia, que ha hecho tambalear tantas veces los cimientos de este país.

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