“Crónica mínima de la fundación de la corriente de opinión “Izquierda Socialista” en su 40º aniversario” (II), por Eusebio Lucía Olmos.

Eusebio Lucía Olmos.

Pero, sigamos por encima los episodios en orden cronológico. Sometida la nueva Carta Magna a referéndum el 6 de diciembre de 1978, y aprobada por el 88% de los votantes, se convocaron de inmediato elecciones generales y municipales. En las primeras, celebradas el jueves 1 de marzo, la coalición centrista UCD resultó triunfadora por un estrecho margen sobre los socialistas, que consiguieron más de 5 millones y medio de votos y 121 diputados; un buen resultado, pero deslucido por otros más prometedores según diversas encuestas. Sin embargo, las municipales del martes 3 de abril dieron la mayoría a la izquierda en una gran parte de las capitales de provincia, así como en las poblaciones de más de 10.000 habitantes. El partido socialista fue el más votado en 1.100 municipios, obteniendo más de mil alcaldías, tras la firma de un pacto municipal con el PCE, que protagonizaron Santiago Carrillo y Alfonso Guerra, ya que González hizo por aquellos días un largo recorrido por Centroamérica. No obstante, a pesar del importante vuelco entre ambos resultados y del elevado número de militantes y simpatizantes varios que ocuparon escaños de concejales y distintos puestos de responsabilidad municipal, la sombra del “fracaso” electoral de las generales sobrevoló durante la preparación del inminente Congreso, manifestando González un moderado optimismo y reafirmándose en su idea del marxismo como un referente imprescindible pero no único. Así se enfrentó la organización a su 28º Congreso Federal, celebrado en el madrileño Palacio de Congresos y Exposiciones entre los días 17 y 20 de mayo de 1979, con participación de un millar de delegados.

De entrada, los críticos superaron con acierto las consabidas discusiones para presidir la mesa del Congreso, consiguiéndolo para José Federico de Carvajal frente al candidato de González, Gregorio Peces-Barba, secretario general del Grupo Parlamentario Socialista. Iniciadas las sesiones congresuales, se produjo un tenso debate sobre la estrategia y orientación ideológica del partido, triunfando por amplia mayoría y entre aclamaciones la ponencia defendida con gran vehemencia por el crítico Francisco Bustelo, quien lo definía como de clase, de masas, marxista, democrático y federal”, mientras que la oficialista, expuesta por el felipista Joaquín Almunia, fue derrotada por el 61% de los delegados. No obstante, la gestión de la ejecutiva fue aprobada por un 68% de éstos, quienes prorrumpieron también en grandes aplausos dedicados a la intervención del primer secretario, sobre todo cuando, al mediodía de aquel 20 de mayo, concluyó con la rotunda afirmación de “¡Hay que ser socialistas antes que marxistas!”, tras reafirmar su renuncia a presentarse de nuevo para dirigir el partido. Una gran desorientación recorrió el plenario, al caer los delegados en la cuenta de la enorme contradicción suscitada entre la ponencia entusiastamente aprobada y las arengas igualmente vitoreadas de González. La pretensión general era mantener a éste al frente de un partido socialista “auténtico”. Ante la incapacidad de los críticos para lograr una candidatura equilibrada y alternativa a la comisión ejecutiva, con González como primer secretario, e integrada por representantes de ambos sectores (contando con los críticos Luis Gómez Llorente, Paco Bustelo, Fernando Morán, Jerónimo Saavedra, Enrique Moral, Tierno Galván, y algún otro, pero no apoyada por Pablo Castellano, defensor de una salida más radical), tuvo que improvisarse una comisión gestora presidida por el conocido abogado, hasta entonces crítico, José Federico de Carvajal, con el mandato de preparar un congreso extraordinario de manera inmediata.

Bien es cierto que sus miembros no siempre mantuvieron una actitud imparcial, pues durante aquel verano de 1979 cortaron con decisión actividades sectoriales de los críticos, consintiendo sin embargo todas las de sus rivales. Incluso la prensa aplaudió la mesurada postura de González y los oficialistas, recriminando la radical de los críticos, por mucho que éstos enviasen tranquilizadores textos de sus idearios a las redacciones, sólo ocasionalmente publicados. Por su parte, el dimitido primer secretario se dedicó a recorrer las agrupaciones socialistas, recibiendo las aclamaciones entusiastas de los militantes y reforzando con ello más aún su liderazgo, dando muestras de una inmejorable estrategia, al tiempo que reafirmaba su eficaz pragmatismo para identificar al PSOE como una alternativa de poder”. La Federación Socialista Madrileña organizó a mediados de junio, en su Casa del Pueblo de la calle Tomás Bretón, 55, un ciclo de conferencias –“Marxismo hoy”–, que levantó gran expectación por la identidad de los participantes convocados,

como fueron Paco Bustelo, Tierno Galván y Luis Gómez Llorente. Precisamente éste se refirió en su intervención por vez primera al “felipismo” como exaltación sistemática de la personalidad del primer secretario, pero eximiéndole a él de su creación, que atribuía más al aparato que se fue montando a su alrededor. El 2 de julio se reunieron diversos sectores de la izquierda del PSOE para estudiar los tres borradores propuestos a la ponencia política del Congreso –el del “Colectivo Socialista” y los de Francisco Bustelo y Pablo Castellano–, nombrándose una comisión que redactase una síntesis de los tres, formada por Manuel Turrión, Manuel Abejón, José Antonio Elola y Carlos López Riaño. Durante el mes de julio, las distintas direcciones regionales convocaron de igual modo las correspondientes asambleas en las que debería aprobarse la ponencia política a presentar al congreso extraordinario, así como la lista de delegados que asistirían a sus sesiones. Se adelantaba de este modo lo que se viviría en el cónclave federal de septiembre.

Tres posturas se habían ido configurando, siendo la tercera la intermedia entre ambos sectores –Tercera Vía”–, liderada por el secretario general de la FSM, Alonso Puerta, que trataba de disponer una síntesis entre los otros dos para evitar la ruptura de la organización, y a quien acompañaban el concejal Adolfo de Luxán y el presidente de la Diputación madrileña Carlos Revilla. El sector oficialista o moderado, curioso batiburrillo de defensores de la línea política de Felipe González, que mezclaban planteamientos marxistas con socialdemócratas, como la lucha de clases con el socialismo autogestionario y el control sobre los sectores clave de la economía, estaba formado por convergentes y miembros del veterano “Colectivo Pablo Iglesias”, quienes presentaron un programa denominado “59 tesis para el Congreso Extraordinario del PSOE”, el 9 de julio, en la sede de la FSM. Lo apoyaban desde los dos Joaquines (Leguina y Almunia) y Juan Barranco, hasta Máximo Rodríguez, Luis Maestre, Carlos Dávila, Emilio García Horcajo y Teófilo Serrano, como seguidores más visibles.

Francisco Bustelo y varios miembros del “sector crítico” presentaron en el mismo escenario y el 9 de agosto, su “Maniesto de la izquierda del PSOE”. Lo respaldaba un par de centenares de militantes, encabezados por Luis Gómez Llorente, el propio Bustelo, Fernando Morán, Joan Garcés y Manuel Turrión, como portavoces, e incluyendo a Manuel Abejón, Pablo Castellano, Joaquín Martínez Bjorkman, Joan Pastor, Manuel Sánchez Ayuso, Javier Paulino, Enrique Moral, Josep Font, José Luis Espejo, Carlos López Riaño y miembros de su “Colectivo Socialista Madrileño”, como Antonio Chazarra, Jesús Espinoso o Mariano Salinas. Abogaban por un profundo debate interno con la dirección, manteniendo la definición marxista del partido y rechazando su excesiva burocratización y electoralismo, así como el hiperliderazgo de González. Defendían un PSOE como instrumento de la lucha de clases y no una máquina electoral, debiendo combinar la actividad parlamentaria con la extraparlamentaria, acabando con el dirigismo centralista, el amiguismo y la personalización del poder. Reclamaban luchar por una sociedad alternativa, con ampliación del sector público y las cooperativas, la planificación, la autogestión y la reforma empresarial. A la presentación del “Maniesto”, que se refrendó un mes más tarde, no acudió Castellano, quien se restablecía en Extremadura de un accidente sufrido, ni Gómez Llorente, por encontrarse enfermo. En rueda de prensa posterior al acto, Bustelo aclaró, para tranquilidad de la Gestora, que detrás del documento no existía tendencia organizada alguna, sino la mera opinión de un grupo de compañeros coordinados hasta el próximo Congreso, tras el que se disolverían. Y en cuanto al apoyo con que contaba cada sector, manifestó que estarían más o menos igualados, a pesar de la distorsión producida por las elecciones de los delegados elegidos por las federaciones en lugar de por las agrupaciones. Otra cosa es lo que temiera realmente.

La creciente tensión que reinaba entre los dos grupos enfrentados, por mucho que los líderes de ambos la ocultasen, había motivado que eficaces intermediarios consiguieran que González aceptase acudir, junto a Gómez Llorente, a un par de discretas cenas veraniegas en los domicilios de Nicolás Redondo y Carvajal, con ánimo de acercar posturas. Ninguna de aquellas citas nocturnas produjo el deseado resultado, coincidiendo con la elevada temperatura que reinaba en las agrupaciones locales, todas ellas hervideros de acalorados debates durante los cuatro meses que transcurrieron entre ambas ediciones del 28º Congreso. Sobre todo, en las abarrotadas madrileñas, en las que ejercían su militancia la mayoría de los críticos, y que González recorrió, reclamando con un mesurado tono el empleo de un lenguaje que hiciera más atractivo el partido a humanistas, cristianos, ecologistas y socialdemócratas declarados (que él calificaba como socialistas gradualistas”). La Gestora, por su parte, recriminaba por sus declaraciones a los representantes del sector crítico, siendo contestada por éstos acusando del desencadenante a González, por sus declaraciones antimarxistas en Barcelona y Asturias. Además de facilitar noticias de las actividades precongresuales de la Gestora, así como de las Agrupaciones provinciales y las Federaciones regionales, “El Socialista” publicó durante aquel verano una “Tribuna Abierta”, en la que reproducía numerosas cartas de militantes con comentarios de todo tipo acerca de los temas a debatir, sobre todo los relacionados con el marxismo. Incluso puso a la venta –por el módico precio de 500 pesetas– una publicación con las 35 ponencias y diversas proposiciones presentadas.

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