Editorial “Fátima y la Virgen”

Aún recuerdo aquella imagen de Fátima Báñez agradeciendo a la Virgen del Rocío que ésta hubiera sacado a España de la crisis económica. “Nos ha hecho un regalo en nuestra salida de la crisis y en la búsqueda del bienestar”, dijo.
Me sorprendió sobremanera, ya hace más de seis años, que paradójicamente se nombrara titular del Ministerio de Empleo a alguien que no había trabajado nunca más allá de la política, la alfombra oficial o el cargo público.
Entendí también, confieso, que Báñez no era más que un instrumento que tocaba una partitura que le dictaba el tándem irreconciliable Guindos-Montoro. Y así lo escribí entonces en un editorial de este mismo periódico: la precarización en el empleo y la pérdida de derechos como fuente de saneamiento de las cuentas de explotación.
Así vino, de su mano, la Reforma Laboral de 2012, la pérdida de derechos de los trabajadores, la precarización en el empleo y la devaluación salarial como factor (tercermundista) de ventaja competitiva en busca de salvar el deterioro de la relación real de intercambio.
Mientras nuestros jóvenes inician una migración forzosa buscando una salida al paro, a Fátima no se le ocurrió otra cosa que decir que se trataba de “movilidad exterior”. Sus llamadas al milagro mariano y otras peculiares frases la llevaron a una merecida fama.
Cumplida su misión de desarmar en parte las acción sindical, la capacidad de movilización y el descuelgue de los convenios, se apresuró en 2013 a ofrecerse –incluso públicamente-, a ser candidata del PP de Andalucía a las elecciones autonómicas que se celebrarían en 2015.
Y ahora se dedica a filtrar como puede, no sin carecer de apoyos, que desearía ser candidata a presidir la Junta de Andalucía. La cuestión revelada a este periódico son los rumores que soplan al oído algunos dirigentes del PP a la espera de alguna respuesta. Es lo que se ha venido en llamar un globo sonda que tiene más de verdad que de fabulación.

1 thought on “Editorial “Fátima y la Virgen””

  1. Esta señora podría ser cofrade de cualquier congregación sin importarle demasiado color o responsabilidad. Lo importante para ella es el rezo, sea del Santo Rosario o del último informe de la EPA. Y no sería inteligente minusvalorarla porque atrevida lo es, posiblemente, hasta más allá de la «santa desverguenza» de los adeptos al Opus Dei, superarando con creces el descaro. La he visto actuar entre empresarios y sindicalistas cmo si fuese la mismísima inspiradora, a través del milagro de Nuestra Señora, de John Maynard Keynes y de Pablo Igesias Posse. A estos no les faltaría un rezo por su alma y, mientras encomienda al demonio la negociación colectiva se echaría un rosario y un avemaria por la salvación del derecho de huelga. Así que ¡ojo con la desvergüenza!

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