“Justicia climática: su impacto, decisores y repercusiones”, por Mercedes de la Vega.

Mercedes de la Vega.

El avance del cambio climático y el deterioro del ambiente han abierto la discusión sobre un nuevo enfoque de la justicia.

La justicia climática aborda las desigualdades históricas del cambio climático y cómo sus efectos afectan desigualmente a los seres humanos. Las discusiones anteriores sobre el cambio climático se caracterizaron tradicionalmente en observaciones científicas acerca de los impactos ambientales adversos causados por este fenómeno. La ciencia demostró que desde la revolución industrial, la temperatura media del planeta ya aumentó 0.9 grados centígrados como consecuencia del incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero, planteando una gran amenaza para diferentes países del mundo.

Sin embargo, a medida que aprendemos más sobre la magnitud del cambio climático y lo vemos desarrollarse, también entendemos la interdependencia estrecha de nuestros sistemas e instituciones sociales con el mundo natural. La justicia climática mira al cambio climático a través de una lente de derechos humanos, enfatizando los importantes costos sociales causados por el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. En el corazón de la justicia climática está el entendimiento de que el mundo natural y social no son autónomos, sino que existen en constante interacción. En los términos más simples posibles, el cambio climático es injusto porque (a) sus impactos no se distribuyen por igual a todas las personas; (b) no fue causado por igual por todas las personas; y (c) no todo el mundo tiene la misma capacidad para adaptarse al cambio climático. Para cumplir de una manera justa e inclusiva con los compromisos adoptados en el Acuerdo de París y limitar el aumento de la temperatura mundial a 1.5 grados centígrados, es importante que los Estados abarquen estas consideraciones.

Otra pregunta que se hace la justicia climática es ¿quién es responsable del cambio climático? Esta cuestión no se trata de señalar con el dedo y culpar; sino de unirnos para encontrar una solución justa entre todos y todas. Por las razones históricas que se describen a continuación, a menudo son los mismos grupos que menos han contribuido al cambio climático los que tienen que sufrir el peor de sus impactos. Por razones similares, a menudo son estos grupos los que están menos equipados para actuar en su contra.

Los países de Europa y América del Norte fueron los primeros en industrializarse, haciendo crecer rápidamente sus economías con la ayuda de la energía barata que ofrecen los combustibles fósiles. La Revolución Industrial significó que las fábricas podían producir más rápido, creando una gran demanda de materias primas para procesar y nuevos mercados donde vender estos productos. Estas fueron las fuerzas impulsoras detrás de la Era del Nuevo Imperialismo en el siglo XIX, durante la cual gran parte de África, Asia y Medio Oriente fueron colonizadas (tal como las Américas y el sudeste asiático habían comenzado a serlo entre los siglos XVI y XIX).

Como tal, la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero que ahora impulsa el cambio climático ha sido históricamente emitida por unos pocos países de América del Norte y Europa. Pero debido a que gran parte de las economías en vías de desarrollo están ubicado en regiones tropicales y subtropicales, e incluye pequeños estados insulares en el Pacífico, a menudo son estos países los que están expuestos a los peores impactos del cambio climático, como la sequía, el calor severo, los huracanes y el aumento del nivel del mar. Debido a que estas economías tienden a depender desproporcionadamente de la agricultura y la extracción de recursos naturales (debido a los factores históricos previamente mencionados), los medios de vida locales son aún más vulnerables al cambio ambiental. Según el Banco Mundial, más de 130 millones de personas viviendo en economías en vías de desarrollo podrían ser empujadas a la pobreza extrema como consecuencia del cambio climático para el 2030.

Finalmente, la cuestión de la justicia intergeneracional es fundamental para la justicia climática. El carbono emitido en el día de ayer, está afectando la vida de las personas de hoy. En otras palabras, las generaciones futuras se encuentran en desventaja si la generación actual no actúa de manera responsable. En un mundo en el que la mayor parte de la toma de decisiones está en manos de las generaciones mayores, ¿cómo podemos asegurarnos de que ejecutemos políticas y leyes que tomen medidas suficientes contra el cambio climático?

Esta tensión está en el corazón de muchos movimientos climáticos juveniles. Greta Thunberg, quien dirigió Fridays for Future y la huelga climática juvenil de 2019, representa una ola de activistas juveniles que exigen que los adultos se responsabilicen por el futuro de sus hijos. Thumberg le reclamó a los líderes mundiales su falta de acción frente al cambio climático en la Asamblea General de las Naciones Unidas del 2019: “Me han robado mis sueños y mi infancia con sus palabras vacías. Y sin embargo, soy de las afortunadas. La gente está sufriendo. La gente se está muriendo. Los ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el comienzo de una extinción masiva.” Sin dudas, la justicia climática es y será un desafío importante si queremos habitar un suelo más justo y equitativo.


Mercedes de la Vega, Asociada Senior de Alianzas Estratégicas de Acumen. Magíster en Administración Pública y Desarrollo Sustentable (Universidad de Columbia), Licenciada en Relaciones Internacionales (Universidad de San Andrés, Argentina).

Fuentes

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