“Restaurar el alma de una nación”, por Pedro Molina Alcántara.

“Restaurar el alma de una nación”, por Pedro Molina Alcántara.

Restaurar el alma de una nación dividida, polarizada en exceso, bella empresa pero harto complicada de cumplir.

Sentado frente al ordenador, procedo a servirme un vaso de Coca-Cola bien acompañada de hielo porque estamos en una calurosa tarde de verano y porque voy a hablar sobre los Estados Unidos de América y quiero, digamos, “crear la atmósfera apropiada” ¿Qué hay más típicamente americano que este conocido refresco de cola?

Bromas aparte, agradezco a Diario Progresista esta nueva oportunidad de colaborar aportando mis opiniones. Entrando ya en materia, como he dicho, voy a hablar sobre los USA, ese país archiconocido que en poco más de dos meses celebrará sus elecciones presidenciales. El próximo presidente de ese país será, o bien el republicano Donald Trump -si obtiene un nuevo mandato-; o bien el demócrata Joe Biden. La semana pasada tuvo lugar la Convención Nacional del Partido Demócrata en la que Biden aceptó formalmente la nominación de su partido como candidato a la presidencia de la todavía primera potencia mundial, es decir, que ya es el candidato demócrata oficial. Asimismo, su compañera de tícket, o lo que es lo mismo, la candidata a la vicepresidencia por dicho partido, Kamala Harris, también hacía lo propio.

Para no extenderme más allá de lo razonable, quiero hacer hincapié en la principal idea que Biden quiere trasladar al electorado, idea a la que volvió a referirse durante su  discurso de aceptación: restaurar el alma de la Nación ¿Y qué quiere decir el candidato demócrata con estas palabras tan rimbombantes? Pues en dicho discurso lo dejó bien claro: que su presidencia sirva para unir a una nación que actualmente está muy dividida en lo social, en lo político, en lo cultural y en lo económico; ser un presidente para todo el pueblo estadounidense y no solo para sus partidarios; y abrir a todo el mundo las oportunidades de construir un proyecto de vida digna, que no queden solamente en manos de una minoría privilegiada. El viejo Joe puso mucho énfasis en la palabra dignidad, lo cual me pareció muy acertado.

Finalizo lanzándote a ti, lector o lectora, dos preguntas en las que yo creo que está la clave de quién ocupara el Despacho Oval de la Casa Blanca durante los próximos cuatro años. La primera es la siguiente: ¿qué te pareció el discurso de aceptación de Biden? Para mí, sin llegar a ser tan espectacular como algunos analistas políticos están argumentando, sí creo que fue suficientemente bueno y eficaz para cumplir con su cometido. Y aquí va la segunda pregunta y más importante: ¿ha acertado el Partido Demócrata eligiendo como candidato a Joe Biden, un político experimentado pero con claroscuros en su carrera cuya oferta política se basa en una suerte de “progresismo moderado”? Personalmente, tras mucho pensarlo y, pese a las simpatías que levantaban en mí otras candidaturas como la de Bernie Sanders o Elizabeth Warren, he llegado a  la conclusión de que quizá Biden pueda desempeñar mejor un papel como “arquitecto de consensos”, puede que eso sea lo que ahora reclama el alma de ese país. Esas son mis opiniones aunque, lector, lectora, ahora es tu turno.

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