Ya no me duele todo lo que pasó

Nico Ferrando.

Por Nico Ferrando.
Por los escritos vertidos en Diario Progresista tuve la acérrima y casi siempre correcta crítica de mi padre, que reproduciré de manera íntegra en la publicación de la biografía de Muñeca, mi abuela y su madre. Quizás reflejar sin censura la historia que vivimos ha sido un revulsivo para un hombre al que quiero mucho pero que, como todos los hombres, es imperfecto. A veces es más fácil evidenciar los errores ajenos e ignorar los propios que, seguramente, darían para otro libro. Lejos está en mí hacerte daño pero creo que a Muñeca le hubiera gustado que se diga la verdad, aunque me pidió lo contrario. En cierto modo, todos estos recuerdos que estoy vertiendo en el papel son para que su mensaje permanezca en el tiempo y se hable de ella en las próximas generaciones. Ella murió pero creo que sobrevive entre quienes la añoramos.

Ya no me duele todo lo que pasó. Paso y punto. La distancia y el tiempo son los dos componentes perfectos para contar de manera objetiva situaciones que, a veces, no son agradables. Muñeca se llevó todo a la tumba porque estaba educada para callar cosas que hoy, con lo cambiante que es la existencia, con el auge de las nuevas tecnologías, yo no estoy dispuesto a hacer. En este mundo lleno de injusticias algo habremos avanzado, al menos en materia de no tener que esconder aspectos que en otras épocas se tenían que esconder. Y me refiero, básicamente, a mi orientación sexual, algo que está perfectamente normalizado en la actualidad pero que cuando me fui de Argentina no lo estaba y lo sabes. De hecho, tu actitud, y la de mi madre, no fue, precisamente, la mejor. Y no hablamos de mucho tiempo, han pasado tan solo quince años que visto de una perspectiva histórica no es tanto.

Te doy la razón en que, como supo decir Gabriel García Márquez, la ropa sucia debe lavarse en casa. Por eso cuidaré muy bien el lenguaje que utilice en la publicación y quizás me tome un tiempo para elaborarla con más esmero y mano izquierda. Soy una persona que sabe aceptar consejos, más si vienen de ti. En el libro de Muñeca hablaré también de lo bien que hablaba de ti, porque, entre otras cosas, fuiste el único hijo que le otorgó la posibilidad de ser abuela. Y no es que menospreciase a mis tíos, tus hermanos, desde luego tenía algún que otro resquemor que no viene al caso, y admiraba profundamente al tío Guillermo. De hecho, yo admiro su profesión porque en mis libros hablo bastante de arquitectura.

He tenido la necesidad de que pase un prudente lapso de tiempo para contestarte, por mi salud, que en algunos momentos me juega malas pasadas y porque tenía que buscar el mejor espacio para hacerlo. Hoy es un día muy feliz porque verá la luz en breve una obra mía sobre Enrique Tierno Galván, el mejor alcalde que ha tenido la villa de Madrid. En este trabajo me acompañan personalidades muy destacadas del ámbito político y cultural, tantas que ni yo mismo me lo creo. Además habrá primicias que aún no puedo desvelar pero que un gran amigo calificó con corrección de “bombazo”.

No quiero olvidarme de contarte que en la publicación sobre Muñeca, mi abuela y tu madre, voy a hablar también de Claudina, nuestra excéntrica tía, de la que, según mi humilde parecer, saqué ese carácter independiente que me hace no tener miedo a la adversidad.

Argentina, lamentablemente, está todo el tiempo en la prensa aquí en España. Ocupa todos los titulares en el ámbito deportivo. ¡Y no es para menos! Menudo lío que se ha armado por la final de la Libertadores, en la que yo, sinceramente, descalificaba a los dos equipos que optan a ella, River y Boca. Han dado un espectáculo lamentable que me avergüenza.

Esas son las facetas que me molestan de mi país de origen pero, si te digo la verdad, no me avergüenzo en absoluto de haber nacido allí y de ser tu hijo. Es un honor para mí llevar el apellido Ferrando. ¡Te quiero!

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