Y el valle se convirtió en precipicio

Mari Ángeles Solís del Río · @mangelessolis1.
A través de pactos de silencio se fue escribiendo la historia de España. Silenciando el número de cadáveres que se escondían en las cunetas mientras nos repetían, una vez y otra, la imagen borrosa de aquel enano bajo palio que sembró el terror.
Recuerdo una canción de Ismael Serrano que decía: “ni un lamento ni un recuerdo para los que cayeron, los que construyeron la tumba, el mausoleo de la miseria del carnicero…”. Refleja claramente lo que aquello es: una vergüenza, un lugar que amparándose en no sé qué doctrinas religiosas que guardan bajo sus muros los más horribles crímenes contra la humanidad cometidos en España.
Hoy, de plena actualidad, por la decisión del gobierno socialista de exhumar los restos del cadáver del dictador, se levanta una nube de polvorosa cultura antigua, provinciana y rancia, que pretendiendo resucitar una ideología, afortunadamente enterrada pero que aún coletea, y resurge una actitud violenta empapelando con carteles sedes socialistas y olvidando que está vigente la Ley de Memoria Histórica en la cual, se recoge, entre otras premisas, restablecer la dignidad del que han llamado siempre “el bando vencido» que no es más que el bando que luchó por restablecer la justicia, por la libertad y la igualdad.
Por ello, la pregunta de ¿a dónde nos lleva el traslado de esos restos? ¿Importa dónde descanse o se retuerce el cuerpo de un asesino? Fuera homenajes a quienes sembraron el terror, fuera reconocimientos a aquellos que asesinaron “al pueblo».
También en aquella cueva sin vida, sin honor, quedaron en su día los cuerpos de tantos republicanos que fueron sometidos a trabajos forzados para la construcción de ese despreciable mausoleo que sólo representa el fanatismo y la vergüenza.
Poco más que decir, porque el pueblo que no aprende de sus errores está condenado a repetirlos.
Para mí, lo más importante, siempre será la dignidad que quienes perdieron ante la barbarie. La dignidad del hombre, la libertad, la igualdad del Pueblo… todo aquello que no respetó el “carnicero” es de lo que debemos reflexionar. Donde le lleven o dejen de llevar no me va a quitar el sueño. Sólo me sigue quitando el sueño las cunetas españolas, las fosas comunes, tantos cuerpos sin identificar… y, sobre todo me quita el sueño, una hija de mi abuela que, en Valencia, en 1939 dejó de latir su corazón. No la mató un bombardeo fascista. La mató el hambre que también fue consecuencia de la Guerra Civil, surgida de un golpe de Estado de los fascistas. La mató el fascismo y la contienda del dictador que creó un valle ahora convertido en precipicio.

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