Vox o la escisión del PP más reaccionario

Vox o la escisión del PP más reaccionario

¿A qué se debe el auge de la formación de Santiago Abascal?
Son tiempos de cierta convulsión y, aunque se veía venir, la fuerza con la que ha emergido Vox en Andalucía hace plantearse numerosas cuestiones. Si con Ciudadanos y Podemos, como partidos de nueva cuña, el tiempo los ha puesto en el sitio donde se les suponía, aún es pronto para vislumbrar si Vox pertenece al espectro político de la ultraderecha semejante a la que emerge en partes de Europa, y resultado de la escisión de los más radicales y reaccionarios del PP, o más bien hay que situarlo entre los que beben del electorado de derecha y de izquierda.

Por ahora, por ideario, por comportamiento, por mensaje y por postulados, cabría decir que la primera es la teoría más plausible y más cercana a la realidad. Las elecciones en Andalucía han demostrado que la formación de Santiago Abascal ha crecido más en aquellas zonas donde populares y naranjas han conseguido mejores resultados en 2015 y donde, por contra, el PSOE y morados los obtuvieron peores.

Sin embargo, las encuestas arrojan, también, datos que mueven a la reflexión. Así, una encuesta reflejó que el 15% de los votantes andaluces que se inclinaron por Vox habían votado a partidos de izquierda en las elecciones de 2015. Otra posterior, rebajó el porcentaje al 7%. Entre las razones del cambio encontramos tres que sobresalen: la inmigración, desalojar a los socialistas del poder y la defensa de la unidad nacional.

En ese sentido, se homologan a las razones que han inclinado el voto a la extrema derecha en otros países europeos. De ser así, quienes votaron a Francisco Serrano en Andalucía procederían de áreas donde hay mayor concentración de extranjeros y, a su vez, con rentas bajas, donde vivirían trabajadores poco cualificados y que tradicionalmente habrían votado a la izquierda.

Sin embargo, en relación a la inmigración, esta premisa no se cumple. La hipótesis del contacto rompe con esta teoría y apunta a que en esas zonas, donde existe una mayor mezcla entre nacionales y extranjeros, el paulatino conocimiento de ellos y la convivencia con otras nacionalidades, el voto anti inmigración cae a plomo. Es en las áreas lindantes a éstas donde emerge con fuerza el voto preventivo contra los inmigrantes, aquellos que miran a la inmigración desde el otro lado, lo que explicaría parte del fenómeno del voto a Vox.

Otro elemento que confluye en esa inclinación es el desempleo. El voto a la formación de ultraderecha no es mayor en las zonas donde más paro hay, sino en donde más ha crecido una vez superada la crisis, algo que conecta con las teorías sobre la privación relativa, por las que la idea de que el grupo al que uno pertenece no recibe aquello a lo que se cree tener derecho.

Fiel reflejo de ello sería el crecimiento del voto hacia Vox en áreas donde predomina la vivienda de alquiler, asociada tradicionalmente a las clases insolventes y en las que, presumiblemente, el paro ha crecido con mayor intensidad.

Con todo y con eso, hoy por hoy, todo apunta a que el partido de Abascal es más una escisión radical de los votantes del Partido Popular que un partido de nueva derecha populista.

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