“Variaciones climáticas IV”, por César García Cimadevilla.

César García Cimadevilla caricaturizado.

Se marcha la novia. Se produce un pequeño barullo. Alguien dice que si no hay más, que también se marcha. Antes de producirse la desbandada el jefe dice:

-Quiero a los de guardia aquí, a las 17 horas, sin excusas. A los demás mañana, puntuales. ¿Has recibido la comunicación del Presidente? – se dirige al novio.

-Claro, y por duplicado. Mañana tengo convocados a todos para hablar sobre cómo hacemos el informe. ¿Quién puede ver el futuro? ¿Qué sabemos nosotros de por dónde irá el cambio climático dentro de un año? Que el ciudadano quiera saber está bien, yo también quiero saber, pero eso es imposible. No te j… (pí y pí, ya lo sé). Le pondremos cuatro mandingas para que todo el mundo quede contento y a otra cosa, efecto mariposa.

-Pues nosotros aún lo tenemos peor. ¿Cómo vamos a saber los incendios que habrá de aquí a que termine el verano? Ni eso ni los efectivos que serán necesarios para afrontarlos, ni si necesitaremos más hidroaviones o personal voluntario o al ejército o a la policía para controlar los tumultos o si Juliette Osborn visitará Madrid y se despelotará otra vez en la Cibeles. Que esa chica parece una adicta. Y ahora con el grupo ese de “topleseras” que se ha puesto de moda vamos a tener escándalos para rato. Oye, que aunque sea un machista asqueroso, ya podrían venir por aquí en lugar de asaltar a los políticos, que nosotros también tenemos derecho a que nos protesten.

En efecto. Se trata del machista del grupo. En todos los grupos hay algún machista y en mi pueblo a calderadas. Aunque debo reconocer que las topleseras se han pasado un poco. Que no somos de piedra. Hasta yo, que trato de pasar desapercibido, no rechazaría una de esas protestas en mi puerta.

-Chao y no vuelvas a meterte con mi novia o me costará un serio disgusto cualquiera de estos días.

-Es que ya tenemos bastantes problemas, para además tener que enfrentarnos a un ciclón.

-No me muevas el ciclón, que de momento todo va bastante bien.

-Jaja. Tú verás compadre.

La oficina se va quedando vacía. Mucho ruido y pocas nueces. Yo me despido hasta mañana. Si el negocio de bocatas fuera de mi propiedad ya me habría hecho de oro, pero no lo es. Mañana le pediré al jefe que me aumente el sueldo. Y esta tarde mandaré mi reseña al periódico de tirada nacional. Se anuncia la llegada de Juliette Osborn, quien piensa despelotarse otra vez en la Cibeles. Pasaremos el día y la hora. Se habla de un ciclón. Ya daremos más datos (raro será que no aparezca alguno en cualquier parte del mundo uno de estos días). El director del CNPC (joróbate y baila, Calixto, que eres el único que no paga en mano, ya me debes tres bocatas, capullo) dice que no está lejano el día en el que dejará de haber incendios en el campo por falta de material combustible. Esperemos que cuatro idiotas no empiecen a quemarnos la ciudad. Bueno, ya me inventaré algo más. En estos tiempos todo cuela. Y pido disculpas por las frases machistas, las descripciones de aberrante machismo y todo aquello que falte al respeto a quien tanto se lo merece como las mujeres, pero es que soy un narrador y debo contar lo que veo y no lo que me gustaría ver. Ustedes me entienden.

Siendo las 16,45 el repartidor de bocatas abandona las oficinas del CNPC. Mañana será otro día.

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