“Un decálogo ético para políticos”, por César García Cimadevilla.

César García Cimadevilla caricaturizado.

Y por fin llegamos a la almendra después de tanto truco del almendruco. Estoy deseoso de acabar cuanto antes este manifiesto. Hubo reconciliación con Zapi después de haberle cantado nuestra canción, nunca falla.  Como un decálogo son diez, “deca-logos”, me temo que esta segunda parte se va a alargar más que la primera, pero como dice también aquella canción: Fin de la primera parte, fin de la primera parte, y ahora viene la segunda, que es la más interesante. Pues eso.

PRIMER MANDAMIENTO/ No mentiras. Nunca. Jamás. Ni aunque el Estado se tambalee, ni aunque el globo planetario se quiebre, ni aunque el universo comience la cuenta atrás hacia un estado crítico que bien podría llevarnos a un agujero negro super o hiper masivo que sería una especie de camarote de los hermanos Marx super o hiper cósmico. Sé que es difícil, sé que es imposible, todos somos humanos, “Errare humanum est” o como se diga que hace décadas que no hablo latín. Pero hay que hacer un esfuerzo, porque mentir es como meterse en un laberinto inextricable donde no hay espécimen, ni humano ni gatuno, que logre encontrar la salida. Mientes una vez, te pillan, mientes para disminuir los efectos colaterales y luego acabas transformándote en un mentiroso compulsivo.

Querido amigo, querido hermano en el Todo, como me saluda mi personaje Milarepa cuando me escribe sus sabias y espirituales cartas, no debes mentir porque si lo haces mientes a tu pareja, a tus hijos, a tus padres, a tus hermanos, a tus amigos íntimos, porque todos ellos son ciudadanos y el político también tiene familia. Mentir a un ciudadano es como mentir a tu familia, no digo a tu pareja, porque eso generaría una andanada de chistes machistas. El hecho de que las mujeres sean más sinceras que los hombres no les hace acreedoras a toda clase de chistes machistas que han pululado por nuestras vidas masculinas desde el nacimiento.

He oído hablar de las cloacas del Estado y me hago una idea de cómo son. Algún lector estará visualizando una materia oscura, pues sí, esa materia oscura es la mentira. Se miente más que se habla en base a la salvaguarda del Estado, que no entiendo por qué debe ser más importante que la vida y supervivencia del ciudadano. Luego ocurre lo que ocurre, “No hay secreto que no haya de ser desvelado”. Frase evangélica de una profunda sabiduría y espiritualidad que he aplicado a mi vida, y así me va, pero eso no es culpa de la vida sino de una sociedad hipócrita y sin valores. Y para probarlo un día llega “alguien”, no digo quién, no señalo con el dedo, no digo nombres, no digo nada por si me están grabando, y graban todo lo que escribo,  y cuando llega el momento lo sacan a la luz y todos quedan retratados, en pelota picada, lo que sería fantástico para “algunos” que tienen un cuerpo físico envidiable (procedo a quejarme a la madre naturaleza) si no fuera porque lo retratado es el cuerpo psíquico, la mente sucia, el corazón depredador, la maldad que todos ocultamos en la intimidad porque todos tenemos un lado oscuro. Debo “finiquitar”. El segundo mandamiento es tan interesante como el primero.

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