“Tributo”, por Alfonso J. Fernández.

Tributo

Desde la madrugada del domingo estamos, en España, en estado de alarma. En estado de alarma estábamos ya quienes venimos siguiendo de cerca la evolución de la curva de contagios. Pero de la responsabilidad de juzgar cómo se ha gestionado y se gestiona esta crisis sanitaria se encargará la sociedad cuando proceda.

Ahora es momento de abundar en la absoluta necesidad de cumplir con las reglas y las normas, madurar como sociedad y proteger a los más vulnerables a una enfermedad que no entiende de edades, pero que se ceba en los mayores, en nuestros mayores.

Lo excepcional de esta situación nos lleva a lo excepcional de cada uno, ajeno a lo propio, ajeno a lo único. Hay quienes dispondrán de medios excepcionales, pero el común, mi tía de 80 años, carece de medios más allá de los propios y el Estado, aquel que se apoyó en ella cuando fue necesario, tiene una deuda infinita con ella y los iguales a ella.

Este diario no puede ni debe, por propia higiene moral, social, humana y personal dejar de lado a quienes soportaron lo que soportaron. Y no digo ya la crisis, sino el ánimo, la moral, y sobre todo, la FE en que lo íbamos a superar. No solo entre 2008 y 2013, sino SIEMPRE. Son otra raza, y eso que mis padres ya no están. Hay que protegerlos por mucho que poderosos de Davos o no se empeñen en lo contrario.

Aquellos que en innumerables ocasiones han cuidado a nuestros hijos, han venido a cuidarnos por si, aun siendo ya adultos, necesitábamos algo. Aquellos que se echaron a la espalda a todo un país en la época de los descomunales recortes. Hay que protegerlos y TÚ, sí TÚ, como YO, tienes, tenemos esa OBLIGACIÓN.

Ni qué decir del también obligado agradecimiento a los sanitarios, por supuesto, policías, a la UME desde ya, cajeras y cajeros en supermercados, personal en Mercamadrid, Mercavalencia, transportes, camioneros, conductores, empleados de banca… A todos los que siguen al pie del cañón para que no nos falte nada, y no piden nada a cambio, mi respeto, agradecimiento y admiración.

Soy un simple usuario, que vive esta alarma desde la cómoda poltrona que me faculta mi profesión. No arriesgo nada. Ellos, la vida o la de sus seres queridos. Tributo.

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