“Socialistas de campanario”, por Antonio Miguel Carmona.

Antonio Miguel Carmona.

Vamos a hacer campaña para que Madrid tenga un presidente regional del PSOE. Pero después tenemos tarea: corregir la ausencia de democracia interna y la nueva forma de organización, sin órganos de control, sin participación alguna de los militantes. La elaboración de las listas electorales del PSOE de Madrid, impuesta por la dirección federal, suspende funcionalmente a la dirección regional, y anula por primera vez la voluntad de los militantes.

El pasado viernes, el último de marzo de este indeciso 2021, fui a acompañar a mi madre para que la vacunaran de la segunda dosis que tanto tiempo hemos venido esperando. El Centro de Salud estaba abarrotado de gente.

Las enfermeras me rodearon para animarme en el quehacer político que, año tras año, venimos desempeñando. “Tenéis que ganar esta vez” –me dijo una de ellas-. “Lo estamos pasando muy mal”.

Los socialistas tenemos la obligación de ganar las elecciones regionales de la Comunidad de Madrid. No es solo una cuestión de deseo, voluntad o vocación. Es una obligación política, una determinación evidente en un lugar, como Madrid, donde la corrupción ha sido la simiente de la peor y la más frívola gestión de todos los tiempos.

Es por ello por lo que estos días no cejaré en el empeño de ir a actos (si los hay), participar en debates, protagonizar mítines o aceptar entrevistas de todo tipo hasta caer rendido. La oportunidad lo merece.

Se lo debo a los profesores de los institutos de mis hijas, quienes me llaman alarmados por el obsceno recorte de sus recursos. Se lo debo a las personas con alguna discapacidad que esperan inútilmente la provisión de fondos para la Dependencia. Se lo debo a los ciudadanos que sufren la homofobia, el machismo, la precariedad, la pobreza o el desempleo. Y, se lo debo, sobre todo, a nuestros mayores a quienes dejaron morir en las residencias.

“Haces bien” –me dijo un exministro socialista-. “Tú eres un militante de base a quienes escuchan millones de personas, mientras otros son dirigentes de altura a quienes no escucha nadie”.

Empero, ha llegado a mis oídos la lista con la que se va a presentar mi partido a las elecciones a la Comunidad de Madrid. Confieso que algunos nombres me alegraron. Aquellos por los que vale la pena confiar y a los que conozco desde hace muchos años. Sin embargo, mantengo discrepancias de fondo -y ahora por ello de forma- con la dirección federal.

En primer lugar, mi discrepancia de fondo, conocida sobradamente por mi entorno y en la que no me extenderé, se sustenta en mi desacuerdo con el pacto legislativo con los independentistas de ERC, los nazis de EH Bildu y otros cantamañanas que han logrado sostener un gobierno debilitado por las circunstancias. Mi desacuerdo también con un Consejo de Ministros de coalición que veníamos presagiando (el secretario general del partido incluido) que iba a ser, como de hecho casi todos reconocen ya, un grave error para la gestión de la crisis y la recuperación económica. Más allá, plus ultra, de cualquier sospecha.

No puedo por menos que agradecer a personas tan destacadas en dicho Consejo de Ministros, incluyendo el Presidente del Gobierno, su generoso ofrecimiento, a través del secretario general de Madrid, de que participara en el proyecto socialista que nació fruto de la torpeza de una derecha paniaguada y un congreso federal que para muchos fue ilusionante y ahora es un pozo de frustraciones. Por coherencia he renunciado a ocupar todo lo que me propusieron a pesar de haber ganado todas las primarias a las que me presenté.

En segundo lugar, quisiera mostrar mi discrepancia en la forma. Porque por primera vez en nuestra historia, la candidatura del PSOE de Madrid no ha cumplido, ni Estatutos, ni Reglamento, ni norma que se le parezca. Las agrupaciones no han celebrado asambleas, habiendo tiempo de sobra y, sobre todo, pudiendo haberlo hecho al existir suficiente capacidad de organización en unas Casas del Pueblo dispuestas a la participación de los ciudadanos.

Ni se ha consultado a la mayoría de los secretarios generales. Ni han participado los militantes. Llegará el día en el que ya no haya ni afiliados a los que preguntar. Ni está previsto un comité regional, de momento, ni el comité federal ratificará las listas; donde nadie pinta nada y donde la nada se ahoga sola en un silencio estruendoso que no deja indiferente a los unos y a los otros.

En ese contexto aparecen los socialistas de campanario. Aquellos que obedecen a los aparatos y exageran su pretendido izquierdismo para aparentar pureza y aspirar al cetro cálido del cargo público. Concejales a los que nadie conoce o diputados a los que nunca nadie vio. Desconocidas aspirantes que dan lecciones de igualdad a nuestras feministas históricas o ingrávidos especialistas en márketing, vacuidad y pirotecnia.

La estructura vertical del partido desangra la organización y la convierte en una mera plataforma personal. No hay controles intermedios. En ella, al no existir órganos con criterio, quienes mandan y hacen en parte las listas de Madrid son exasesores del PP en despachos, con secretaria y relajados en un coche oficial que nunca habían soñado antes. El futuro de Roma en manos de Incitatus.

El secretario general regional se convierte así en una cometa, de aquí para allá, sin capacidad de influencia, desaparecido en su propia obediencia. Escondido tras una realidad en la que le nombran una coordinadora de campaña horas después de que propusiera, y su Ejecutiva aprobara, otra. Desfigurado políticamente e, imagino, con más ganas de dimitir, espero, o de que pase esto hasta que elijan a otro a dedo.

Eso provoca que el partido esté desaparecido en la calle. Que la oposición sea otra y que las televisiones se fijen más en los unos que en los propios. Por eso es importante, aún así, sacar fuerzas para reaccionar y durante las próximas semanas sepamos como partido, el PSOE, ganar para gobernar y gobernar para ser libres.

Estaré con mis compañeros de siempre defendiendo a un partido que pocos reconocen en el estado en el que se encuentra. Pero que sigue proponiendo soluciones a los problemas de los trabajadores, a las injusticias del mundo y a la inmoralidad del capital.

Porque este partido no pertenece a sus dirigentes. Y mucho menos a presuntos estrategas de mercadotecnia que lo único que han conseguido ha sido beneficiarse de los propios pasivos de la derecha. Aquellos que bien pudieran trabajar para un gobierno que para otro.

Este partido pertenece a los trabajadores. Entre ellos a los y las sanitarias que me abordaron el otro día para pedirme, espetarme, insistirme, que no les olvidáramos y que hiciéramos el favor de ganar las elecciones en Madrid. Así trataremos de hacer con todas nuestras fuerzas con la mirada puesta en lograr una mayoría de izquierdas en la Asamblea de Madrid. Cada uno en su lugar.

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