Sin Ejército no hay rastreos

Sin Ejército no hay rastreos

El Gobierno puso al Ejército a disposición de las Comunidades Autónomas para que colaborara en las tareas de rastreo y evitar la propagación del coronavirus. Ha pasado más de un mes y 14 autonomías, además de Ceuta y Melilla, pidieron rastreadores militares para completar sus equipos de rastreo. Tan solo País Vasco, Cataluña y La Rioja no han aprovechado esa oferta.

Poco a poco el Ejército de Tierra va liderando esas labores y llegará a tener 1.100 efectivos integrados en los sistemas de cada Comunidad. El resto, hasta los 2.000 ofrecidos por Defensa pertenecen a la Unidad Militar de Emergencias (UME), Ejército del Aire y Armada.

Como sucedió durante la Operación Balmis, vigente en el estado de alarma, la UME fue la que inició labores de desinfección y traslado de pacientes. Paulatinamente, fue delegando las responsabilidades el resto o de unidades de las Fuerzas Armadas.

En la actual Operación Baluarte y de los rastreadores, también fueron los efectivos de la UME quienes iniciaron esas labores. Como entonces, va cediendo el mando.

Así, una vez que Defensa materializa las peticiones de ayuda de las autonomías, los rastreadores militares del Ejército de Tierra asumen la responsabilidad en todas las Comunidades. Sólo en Murcia la mayoría de efectivos son miembros del Ejército del Aire. No obstante, dentro de cada uno de los equipos se integrarán militares de las demás unidades.

Además, en cada región se ha creado una Unidad de Vigilancia Epidemiológica. Ésta es de diferente tamaño en función de las necesidades y se dividen en secciones compuestas habitualmente por 32 militares. Dichas secciones van haciendo los turnos para el rastreo de pacientes.

Los rastreadores del Ejército se integran en los equipos civiles

Previamente, los rastreadores militares recibieron formación on-line que se completaba, mayoritariamente, con charlas presenciales del personal sanitario. Esa formación consistía, entre otras materias, en conocimientos sanitarios básicos, psicología, habilidades de comunicación o protección de datos.

En todo caso, cuentan con el apoyo y asesoramiento o de un miembro del cuerpo de sanidad militar por si fuera necesario a la hora de hablar con las personas con las que se contacta.

Poco a poco, los rastreadores militares se integran en los equipos civiles, asumiendo, incluso, sus sistemas informáticos y de trabajo. Esto requiere de un periodo de adaptación. Así, los militares se convierten en un miembro más de los grupos de rastreadores de cada autonomía. No obstante, en su mayoría, físicamente, continúan en sus acuartelamientos.

Con todo, el Ejército de Tierra combina estas labores con el rastreo interno, como ya vino haciendo en la primera oleada de la epidemia. Además, ha mantenido este trabajo durante el verano.

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