Saturnales, solsticio de invierno y Navidad

Carolina Gutiérrez Montero.

Por Carolina Gutiérrez Montero (investigadora biomédica)
En estos días es difícil alejarse por más que uno quiera de los villancicos navideños, pesebres, árboles de navidad…ni siquiera Ebenezer Scrooge, el protagonista de la novela de Charles Dickens, Un cuento de Navidad, pudo resistirse a ellas en su momento y terminó cayendo en esta celebración que está tan asentada en nuestro universo cultural.
Entre los días 17 y 24 del mes de diciembre los grandes dioses del Panteón Romano gozaban de fechas muy especiales dedicadas a su culto: se festejaban las Saturnales, dedicadas a Saturno, dios de la agricultura y que tuvieron un gran arraigo popular como todas aquellas celebraciones que tenían lugar con la luz y que se celebraban al principio del invierno: el solsticio de invierno ha tenido siempre un poder simbólico enorme.
De hecho las celebraciones daban comienzo con un sacrificio en honor al dios en el templo de Saturno, al pie de la colina del Capitolio, y seguían con un banquete público que daba paso a la más absoluta permisividad y libertinaje, y culminaban el 25 de diciembre con la celebración del Sol Invictus, el astro invencible, coincidiendo cuando los días empezaban de nuevo a alargarse y la luz vencía a la oscuridad.
La leyenda cuenta que Saturno asimilado al Cronos griego, había sido expulsado del cielo por Júpiter, desde donde llegó a Italia. Durante el reinado de esta divinidad de la agricultura, los itálicos habrían vivido una edad de oro, sin guerras ni malas cosechas, donde no se conocía la propiedad privada ni tampoco la esclavitud.
Con esta celebración, también se homenajeaba a los generales romanos que habían triunfado en exitosas campañas militares. Como hizo Julio César tras sus victorias sobre las Galias, Egipto, el Ponto y África.
Durante su celebración, se suspendían temporalmente las actividades comerciales, se cerraban las escuelas, el Senado o los tribunales de justicia.  Se permitían todo tipo de juegos de azar y apuestas y era habitual regalarse saquitos de nueces, velas o pequeños muñecos de arcilla. Tampoco carecían de ironía puesto que nadie estaba a salvo de recibir algún regalo bromista.
En el fondo en las Saturnales había una cierta teatralización de la sociedad en la que se jugaba al mundo al revés y se caricaturizaban leyes y cargos públicos. Hasta se aplazaba la ejecución de los condenados a muerte.
Sin embargo, la expresión popular que más sorprende de estas fiestas era el intercambio de papeles que existía entre los esclavos y sus amos. Era habitual que durante las Saturnales los amos sirvieran la mesa a sus súbditos, que tenían permiso para emborracharse e insultar a sus amos como si de siervos se tratase: lo que antes estaba prohibido se permitía en estos días de fiesta.
Inicialmente la fiesta de las Saturnales se celebraba sólo el 17 de diciembre en el Foro Romano. Durante esa jornada, los senadores y los caballeros romanos, vestidos con sus impolutas togas ceremoniales, ofrendaban a Saturno un gran sacrificio seguido de un ágape público que culminaba con gritos en honor al dios.
Con la llegada de la dictadura de Julio César, en el año 49 antes de Cristo, la festividad se prolongó hasta el día 19. Su sucesor en el poder, Octavio Augusto, añadió un día más. Hizo lo propio Calígula unos años después y Domiciano cerró la ampliación del asueto festivo hasta el 23 de diciembre. A finales del siglo I de nuestra era las Saturnales duraban una semana completa.
Ya en el año 274, el emperador Aureliano introdujo en Roma el culto al Sol Invictus (Mitra, dios solar persa), cuya conmemoración se celebraba el 25 de diciembre.
Mitra terminó convirtiéndose en el único dios a idolatrar en Roma y supuso un tipo de culto monoteísta que tras seguir a las Saturnales facilitó el camino al desarrollo del cristianismo. El Mitraísmo fue una religión muy extendida en todo el Imperio por las legiones romanas y fue claramente competidora con el cristianismo. Como en tantas otras ocasiones,  se cristianizó la fecha trasladando la celebración  del nacimiento de Jesús a la fecha del nacimiento de Mitra.
El tránsito de las Saturnales a la Navidad se prolongó durante varios siglos y ya en el Concilio de Tours en el año 567 se estableció como periodo festivo y sagrado el comprendido entre el 25 de diciembre y el 6 de enero, marcando una etapa importante y un momento clave en la cristianización de Occidente.
Las fiestas navideñas actuales comparten con las Saturnales algunos elementos como el intento de derrochar alegría y felicidad, el intercambio de regalos, las cenas y comidas copiosas… Lo que está claro es que unas y otras han gozado y gozan de un gran poder en nuestra sociedad y de un asentamiento casi universal.
Felices Saturnales, feliz Solsticio de invierno, feliz Navidad!

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