Salir del círculo vicioso y poner a la gente a trabajar

Miguel Córdoba

Por Miguel Córdoba (Economista)
Ni siquiera Bruselas se explica cómo en España no se crea empleo de calidad, aunque aumente la productividad. La Comisión Europea así lo ha manifestado recientemente al analizar el período 2012-2016. El peso de las rentas de trabajo en el PIB se ha venido reduciendo sistemáticamente desde que empezó la crisis. Y es muy difícil que suban los salarios cuando hay cuatro millones de personas desempleadas dispuestas en su mayor parte a trabajar por un salario mínimo, independientemente de su nivel de formación.
Los beneficiados; claramente los empresarios españoles, que consiguieron poner una pica en Flandes cuando la reforma laboral del año 2012 les permitió desprenderse de buena parte del personal antiguo con derechos adquiridos, para poder contratar después a jóvenes, mejor formados, y que además aceptaban trabajar por la tercera parte de lo que cobraban sus padres, que fueron convertidos en parados de duración infinita.
En el Gobierno se defiende que en los últimos tres años se han creado muchos puestos de trabajo, pero también deberían aceptar que lo que se han creado son básicamente puestos de camareros y de dependientes de comercio, puestos completamente correlacionados con un alza espectacular del turismo que, igual que ha venido, puede irse, y todo ese empleo desaparecer. Incomprensiblemente, se sigue admitiendo que se firmen dos millones de contratos cada mes, lo cual es una clara muestra de la precariedad y la insoportable temporalidad del trabajo en España. Y si las personas tienen empleos por días o incluso por horas, no podemos pedirles además que se casen, que tengan hijos, que se compren un coche, y mucho menos que traten de adquirir una vivienda.
Además, si la gente cobra poco, cotiza poco a la Seguridad Social y directamente no paga el IRPF, porque están exentos. Y como han cotizado poco, pues cuando se jubilen tendrán un nivel de pensión próximo al nivel actual de las pensiones no contributivas. Y no digamos lo que ocurre con esos cientos de miles de falsos autónomos, a los que la crisis ha expulsado del Régimen General para que pasen a tributar por el de autónomos, lo cual, habida cuenta del nivel retributivo que tienen, les obliga a cotizar por el mínimo, y de nuevo, la pensión que recibirán en un futuro no les permitirá ni pagar el alquiler (porque no habrán podido comprarse una casa propia).
Este es el círculo vicioso en el que nos encontramos, y en el que parece encontrarse muy cómodo nuestro presidente del Gobierno: déficit público permanente (37.000 millones de euros el año pasado), agujero en el sistema público de pensiones (18.000 millones de euros el año pasado), empleo escaso, de mala calidad y precario (entre 3,5 y 4 millones de parados), incremento geométrico de la deuda pública (casi se ha triplicado en los últimos diez años, desde los 400.000 millones a 1,15 billones de euros). En esta situación, todos (salvo el ínclito) nos damos cuenta de que el Sr. Rajoy ha agotado los comodines que tenía, al gastarse el Fondo de Reserva de la Seguridad Social (65.000 millones de euros) y casi duplicar el nivel de deuda pública, desde las cifras que le dejó Zapatero. Y ya no le quedan comodines, ni siquiera el del “público”, como hemos podido comprobar con las recientes manifestaciones de los pensionistas.
Esta es la situación actual, ese círculo vicioso del que es preciso salir, y no se puede hacer de otra manera que cambiando de modelo de sociedad. Sí, ya sé que en España no hubo revoluciones industriales, que el sector industrial español ha disminuido a la mitad su peso en el PIB en los últimos veinte años (desde el 35% al 17%), y que no tenemos empresarios españoles al estilo anglosajón o continental europeo (con las honrosas excepciones de Amancio Ortega, Juan Roig y algún otro), pero lo que no podemos hacer es sentarnos en el suelo, lamentarnos de nuestra mala suerte y esperar a que nos llegue el maná del cielo. No podemos seguir siendo un Estado que reparte subsidios para que la gente no proteste y luego nos vote, llámense exenciones en la tributación del IRPF o bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social.
La única solución es poner a la gente a trabajar, y no como se está haciendo actualmente, con salarios que son la mitad que los europeos (el salario medio de un danés es de 52.000 euros mientras que el de un español es de 26.000). Esto le viene muy bien a los empresarios, que tienen unos costes laborales ridículos en comparación con los de sus competidores europeos, y por eso pueden exportar. Pero no es lo que le conviene al país ni a la sociedad española en su conjunto. Si los empresarios españoles no son capaces de crear empleo estable de calidad es que el mercado laboral no funciona, y si el mercado no funciona, es el Estado el que tiene que intervenir para restaurar los principios de competencia en dicho mercado. La respuesta es muy clara: inversión pública, la cual ha disminuido un 70% su peso en los Presupuestos del Estado desde que el Sr. Rajoy ocupa la Moncloa.
Cuando hablo de inversión pública, me refiero a inversión no a gasto público, al estilo del famoso Plan “E” del Sr. Zapatero. Es necesario convertir a la SEPI en una incubadora de proyectos industriales, tecnológicos y de I+D, que permitan crear en los próximos años no menos de quinientos mil puestos de trabajo estables en sectores punteros, patentando productos y saliendo al exterior, no por precio, como hacen actualmente nuestros empresarios, sino por calidad e innovación que es como lo hacen los empresarios de los demás países. Cuando el Estado oferte puestos de trabajo según niveles entre 1.500 y 2.500 euros al mes, no sólo trataran de conseguirlos los parados actuales, sino los que están trabajando en las empresas por salarios mileuristas o “nimileuristas”, y entonces las empresas se verán en la tesitura de subir los salarios y retener a la gente o quedarse tan solo con los que no tienen el nivel necesario para optar a los puestos de las empresas de la SEPI.
Si el modelo funciona, con nuevo empleo y con subidas en los salarios privados, se le habrá dado la vuelta al círculo vicioso en el que nos encontramos, se conseguirán incrementar las cotizaciones de la Seguridad Social en torno al 30%, la recaudación por IRPF en no menos del 50% (dejarán de estar exentos millones de empleos mileuristas, que incrementarán su nivel salarial), y la del IVA en no menos del 35%, dependiendo de la propensión al consumo de los incrementos de salario; y con ello, dejaremos de tener déficit público, dejaremos de tener agujero en las cuentas de la Seguridad Social (al margen de que sea preciso cambiar el modelo para hacerlo sostenible a largo plazo), y el desempleo disminuirá notablemente, dejando de tener un ratio estructural de dos dígitos, como tenemos hasta ahora. Y, ¿quién sabe?, a lo mejor hasta los “ninis” recobran la ilusión y se ponen a estudiar o a trabajar, o incluso las dos cosas a la vez.
Por supuesto que ese conglomerado de funcionarios, abogados del Estado y políticos que en su vida han trabajado para una empresa, negarán la mayor y dirán que eso es imposible, cuando no apelarán a las esencias del liberalismo manchesteriano, manifestando que eso no haría más que crear un sector público más grande y más ineficiente; y que, además, a saber, en qué podrían realizarse inversiones con dinero público y con que gestores. Pues la respuesta, señores neoliberales, no es otra que en segmentos empresariales que puedan tener un desarrollo futuro. Por ejemplo, en el desarrollo de software tecnológico España tiene que pagar muchos royalties a empresas multinacionales extranjeras, porque aquí apenas se han desarrollado proyectos originales, y cuando se ha hecho, se han vendido a esas multinacionales para dar el “pelotazo”, o los creativos simplemente han sido fichados por Silicon Valley. Temas de ciberseguridad, de mejora de sistemas en vehículos o en seguridad en el trabajo, pueden ser perfectamente desarrollados por ingenieros españoles si se les dota de capital y de estabilidad en el empleo.
En el tema medioambiental, está cada vez más claro que hay que apostar por los coches eléctricos, pero aquí estamos a la espera de a ver qué hacen los demás. Protegemos las plantas de coches de combustión con planes PIVE, y no nos damos cuenta de que cuando haya que crear nuevas plantas de coches eléctricos, las empresas automovilísticas, por la presión de sus propios estados, las desarrollaran en sus países de origen y no en España, donde nos quedaremos con las migajas. Sin embargo, si desarrollamos prototipos de acortamiento del tiempo de recarga eléctrica, si instalamos una amplia red de recargas en nuestras gasolineras y conseguimos unas tarifas adecuadas con las empresas eléctricas, a lo mejor dejamos de comprar coches de combustión y compramos coches eléctricos, y a lo mejor hasta podemos circular por la Castellana.
Y para el resto, basta con estudiar las estadísticas de Comercio Exterior, y ver qué es lo que importamos y analizar si lo podemos fabricar en España, con tecnología española, y a un menor coste. Con eso sería suficiente. Seguro que encontramos un montón de cosas que darían empleo en España e incluso nos permitirían exportar producto a Europa. Y nos quedaría el tema del sector público grande. Que no se equivoquen los adalides de la libertad de mercado. Si estas empresas funcionan, la SEPI lo que tiene que hacer es privatizarlas a los tres o cuatro años, para que, por una vez, en lugar de socializar pérdidas, todos los españoles reciban el fruto del esfuerzo inversor que ha realizado el Estado, y que las empresas sigan su andadura con gestión privada y compitiendo en el mercado europeo. Nadie quiere un montón de empresas públicas donde los políticos coloquen a amigos, familiares y gente de carné. Que funcione el mercado, pero cuando tal mercado exista, no cuando una de las partes, el actual empresariado español, lo maneje a su conveniencia con la aquiescencia del gobierno.

2 thoughts on “Salir del círculo vicioso y poner a la gente a trabajar”

  1. Totalmente de acuerdo con este excelente artículo… Que han hecho en este País?? El gobierno por un lado, los Empresarios por otro, y los ciudadanos callados y mal viviendo a costa de los padres.. este país tiene que cambiar sus políticas y más vale pronto que tarde!! Un saludo.

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