Resumen histórico del socialismo español (7)

Por Eusebio Lucía Olmos
7.- En el gobierno de la República

En el gobierno provisional de la Segunda República participaron tres ministros socialistas: Francisco Largo Caballero, de Trabajo; Indalecio Prieto, de Hacienda; y Fernando de los Ríos, de Justicia. En las elecciones constitucionales del mes de junio, los candidatos socialistas acudieron en coalición con los republicanos, obteniendo 123 escaños, convirtiéndose así en el partido mayoritario. Alcalá Zamora fue elegido Presidente de la República, encargando formar gobierno a Manuel Azaña.
Durante 1931, además de aprobarse importantes reformas, el país se dotó de una Constitución democrática en unas Cortes presididas por Julián Besteiro, quien jugó un importante papel en la elaboración del nuevo texto. Quedaba abierta una etapa histórica en la que la modernización, la europeización, la equidad social y el impulso cultural y educativo parecían estar al alcance de la mano. Sin embargo, la economía internacional y las fuerzas de la ultraderecha se empeñaron en una dura ofensiva en casi todos los países europeos, que en el nuestro se concretó en su frontal oposición a las reformas planteadas, sobre todo la agraria y la legislación laboral.
Al mismo tiempo, personas pertenecientes a todas las clases sociales ingresaron en las organizaciones socialistas, haciéndolas crecer desmesuradamente. Al acabar 1931, la Unión contaba con más de 600.000 afiliados y el partido superaba los 75.000, convirtiéndose en una verdadera organización interclasista, y dejando de ser simplemente un mero portavoz de los intereses obreros. A la UGT se incorporaron masivamente jornaleros andaluces y extremeños, con lo que se amplió considerablemente la ubicación tradicional de las fuerzas socialistas en Madrid, País Vasco y Asturias, a la vez que se iba transformando el tradicional sindicato de base urbana, práctico y disciplinado.
En agosto de 1932, el general Sanjurjo encabezó una sublevación militar que fracasó pero, a pesar de ser condenado a muerte por un Consejo militar, fue indultado por el gobierno republicano, lo que provocó estupor e indignación en las organizaciones de izquierdas. En octubre se celebró el XIII Congreso del partido, en el que quedó de manifiesto una fuerte oposición a participar en los gobiernos de coalición de la República. Finalmente, fue elegida una ejecutiva, presidida por Caballero, siendo derrotada la más moderada encabezada por Besteiro. Sin embargo, unos días después, fue elegido éste presidente de UGT, negándose Caballero a colaborar con él. De esta manera empezaron a abrirse fisuras importantes en el seno del socialismo español.
A lo largo de 1933 se agudizaron los problemas en la coalición republicano-socialista, especialmente después de los sucesos de enero en Casas Viejas, en los que una revuelta anarquista fue sofocada a tiros, siendo quemada la casa en la que los rebeldes habían resistido a la fuerza pública. Este hecho provocó sentimientos de repulsa entre amplios sectores de la población, y muy especialmente entre las organizaciones sindicales. En junio tuvo lugar una crisis ministerial que Alcalá Zamora intentó resolver proponiendo la sustitución de Azaña por Prieto en la formación de gobierno, pero para la que éste no obtuvo el apoyo del partido, fracasando también un intento posterior con Besteiro. Las fuerzas progresistas experimentaban un franco retroceso, mientras las derechas obtenían importantes apoyos.
Mientras tanto, el sindicato socialista había rebasado ya el millón de afiliados. Caballero competía con el lenguaje anarquista para recibir a los nuevos adeptos, pensando que habría también que romper con los partidos republicanos de clase media con los que había gobernado, dando así un importante giro hacia la izquierda. La influencia de sus nuevos consejeros – Araquistain y Álvarez del Vayo – en sustitución de Fabra Ribas, tuvo mucho que ver en ello.

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