Resumen histórico del socialismo español (5)

Por Eusebio Lucía Olmos.

5.- La huelga general revolucionaria y la tercera Internacional.

Era tal el deterioro de la situación que, por vez primera en su historia, la UGT decide la unidad de acción con el sindicato anarquista – la CNT –, coincidiendo con la llegada de las primeras noticias de la revolución rusa, la convocatoria de la Asamblea de Parlamentarios en Barcelona como respuesta a la clausura del Congreso y el descontento militar que motivó la constitución de una especie de sindicatos, las Juntas de Defensa. La conjunción de todos estos factores provocó la convocatoria de una huelga general revolucionaria en agosto de 1917.
A pesar de la enorme participación ciudadana en la misma, el gobierno decretó el estado de guerra, ordenando al ejército disparar sin miramiento contra los huelguistas y encarcelando al comité, compuesto por los compañeros Julián Besteiro, Andrés Saborit, Largo Caballero y Daniel Anguiano. El inmediato consejo de guerra a que fueron sometidos les condenó a cadena perpetua, que debieron de cumplir en el penal de Cartagena. El triste saldo del movimiento revolucionario fue de 200 muertos, un número incalculable de heridos y más de 2 millares de detenidos.
Sin embargo, la general reacción de simpatía y solidaridad con el comité fue inmediata, organizando también el partido una intensa campaña en la que reclamaba la amnistía de los encarcelados, y que obtuvo una gran respuesta en toda España. Los numerosos apoyos obtenidos hicieron posible que los cuatro fueran elegidos diputados en las elecciones de febrero de 1918. De este modo, el inicial fracaso del movimiento revolucionario se convirtió en inesperado triunfo pocos meses más tarde, con lo que el único obrero que hasta entonces venía defendiendo los intereses de los trabajadores en el Congreso de los Diputados, pasó a presidir una minoría parlamentaria de seis “voceros de los asalariados”, pues a los cuatro escaños del comité hubo que unir los del propio Pablo Iglesias e Indalecio Prieto, que también fueron elegidos. A partir de este momento comenzó el verdadero crecimiento de la organización obrera y su intervención política en las instituciones burguesas.
Al igual que en el resto del mundo, la llegada de las confusas primeras noticias sobre la revolución que se estaba llevando a cabo en Rusia atrajo una enorme atención hacia ellas. La burguesía vivió aterrada lo que suponía un peligrosísimo ejemplo a seguir por las masas obreras, mientras que las clases populares se mostraban alborozadas y expectantes por igual motivo. Sin embargo, la orientación dictatorial bolchevique y la fundación de la Tercera Internacional leninista produjeron enseguida una fuerte división en el movimiento obrero internacional.
El PSOE llevó a cabo un largo e intenso debate interno que acabó en abril de 1921 con un pronunciamiento mayoritario a favor de la reconstrucción de la Segunda Internacional, por considerar que la Tercera recortaba la libertad y autonomía de los partidos miembros. Esta decisión dio lugar a que los partidarios de ésta abandonasen el PSOE para fundar el Partido Comunista. Tan duras discusiones debilitaron durante cierto tiempo las posiciones políticas socialistas, e incluso terminaron por acabar con la vida de Pablo Iglesias, quien vio con suma tristeza cómo algunos de sus viejos amigos internacionalistas y dirigentes del partido, como Antonio García Quejido, Isidoro Acevedo, Facundo Perezagua, Mariano García Cortés, Virginia González, Torralba Beci, o Núñez de Arenas, abandonaban el mismo.

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