El Real Madrid cae ante el PSG… en su propia vanidad

Remonta en la segunda parte gracias al revulsivo de Asensio y Bale.
La tónica general de la primera mitad del encuentro que enfrentó ayer al vigente campeón de la Champions y el firme aspirante parisino, el PSG, auguraba sufrimiento para los de Chamartín. Se vio un Real Madrid acogotado, y acongojado, por la delantera incisiva de Neymar y Cavani, cuyo fruto fue ese primer gol, de Rabiot, un centrocampista, sin marca, incomprensiblemente libre, que ponía cuesta arriba la eliminatoria a los blancos en su propio estadio a la media hora de juego. Y es que no fueron pocas las veces que los parisinos rondaron la puerta defendida por Navas, desbordando al medio centro y a la defensa madridista. La falta de puntería, o la fortuna, propiciaron que el resultado no fuera abultado al término de la primera parte. Espoleados por el tanto del PSG, comenzó a vislumbrarse una reacción contundente. Llegadas más claras y mayor velocidad, juego vertical y cerrando líneas sin dejar demasiados huecos. El Real Madrid comenzaba a hacerse con el control. Más aún porque una internada de Kross provocó el penalti que, de momento, limpiaba mínimamente la imagen mostrada por los de Concha Espina. Esta vez, Ronaldo no falló, al filo del descanso. Gol psicológico.
Y por fin Zidane le echó valor e hizo los cambios adecuados bastante avanzada la segunda parte y a la vista de que, pese al control, los tantos no llegaban. Primero, Bale por Benzema, cuando faltaban apenas 20 minutos para el final. Luego, Asensio por Isco, y Lucas Vázquez, por Casemiro, ambos a 11 minutos del pitido final. Ahí sí. Ahí sí se vio al Real Madrid de las grandes ocasiones. Ahí sí se vio porqué los blancos siguen siendo los firmes candidatos a entronarse por decimotercera vez. Cristiano pasa como referencia en la delantera por el centro; Bale, recorriendo la banda derecha, y aunque no cosechó ninguna diana, casi lo consigue en dos ocasiones, es innegable que arrastra a tres o cuatro contrarios, que, junto a la fama de Ronaldo, que no su efectividad, desactiva la acción de otros tantos, despejando por la izquierda un pasillo de oro que el mallorquín, Asensio, supo aprovechar. Y es que éste sí pintó la cara a los de Emery, propiciando, con velocidad y garra, en los apenas trece minutos que disputó, las dos ocasiones de gol bien aprovechadas por, primero, Ronaldo, que marcó de rodilla en el minuto 83, al rebotarle el rechaze del guardameta parisino ante el centro-chut malintencionado del 20 madridista. Y segundo, tras una nueva internada, en una jugada de tiralíneas, un enorme Marcelo voleaba una asistencia del de Mallorca, marcando el definitivo 3-1 para, ahora sí, dejar bien encarrilada la eliminatoria y dejar claro quién manda en Europa. Pudo haber más si el técnico madridista hubiera hecho esos cambios antes. El descaro, el desparpajo y la valentía de un gigantesco Asensio demuestra la altura de un Real Madrid en horas bajas que, gracias a estos pujantes, y jóvenes, futbolistas, permite soñar con el único título que aún es posible, seamos realistas, para los del Bernabéu. Lo de Isco, para otra ocasión. Y lo del fichaje de Neymar, también.

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