¿Quiere usted formar un hogar burbuja contra la Covid-19?

¿Quiere usted formar un hogar burbuja contra la Covid-19?

La segunda ola de coronavirus está demostrando que, ante la falta de una vacuna, la única solución a corto plazo es el aislamiento, el hogar burbuja. Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) hacen cada más hincapié en la necesidad de reducir al máximo los contactos sociales.

Cataluña, por ejemplo, ya recomendó esta semana esta medida y limitado las reuniones sociales a los convivientes. En Ourense se ha prohibido cualquier reunión fuera del ámbito de la convivencia. Todos pueden salir a pasear, a cenar, tomar algo… pero sólo entre convivientes.

Se impone el modelo del hogar burbuja. En otras grandes ciudades europeas así se ha empezado a actuar. Es el caso de los grandes núcleos de población en Irlanda y en la mayoría de Reino Unido, donde se han prohibido las reuniones de grupos de hogares diferentes.

Si en un área metropolitana de Alemania se superan los 50 contagios por cada 100.000 habitantes en una semana, no podrán reunirse más de diez personas de dos grupos de convivientes.

Bélgica, que junto con Francia y Holanda está peor que España, ha adoptado medidas parecidas con peculiaridades. Se pueden invitar a cuatro personas, siempre y cuando en las dos semanas siguientes sean las mismas.

A toda costa se trata de evitar la traumática decisión, y experiencia, del confinamiento total. La sociología emerge como el mejor instrumento para combatir los contagios hasta que llegue una vacuna o un tratamiento eficaz.

La transmisión comunitaria en Europa está desbocada y ello hace que el continente se encamine al único modelo posible: el hogar burbuja. Si se ha llegado a este punto es porque no se han puesto límites antes a las reuniones y los eventos sociales.

El aislamiento es la única solución a corto plazo

Es injusto para quienes han cumplido escrupulosamente con las recomendaciones, las tres ‘emes’: mascarilla, lavado de manos y mantenimiento de la distancia social. Pero es la única alternativa. O vamos a las burbujas o hay que parar todo de nuevo.

Lo que es indudable es que a mayor contacto social, mayor incidencia. A mayor interacción entre personas, mayor circulación del virus.

Si se tienen pocos casos porque la población y el número de habitantes es pequeño, se pueden controlar los contagios con diagnóstico y rastreo. En cambio, si la incidencia es muy alta, hay que aplicar restricciones de movilidad y reunión.

En países del centro y del norte de Europa, cada vez son más las familias pequeñas o personas que viven solas, con lo que el hogar burbuja es más fácil. Sin embargo, en países como España, las familias son grandes y el impacto de aplicar estas medidas es mayor.

Seguramente, la mayoría de las personas siguen las recomendaciones de las autoridades y la interacción social se reduce. En cambio, existe la posibilidad de que se incumpla en función de que dichas recomendaciones vayan convirtiéndose en exigencias.

Influye el carácter gregario del ser humano, más aún en países latinos como el nuestro en que el contacto social es una necesidad. Y es que, lo que se consigue en seguridad frente al virus se pierde en relaciones sociales.

Nuevas tecnologías y redes sociales ayudan a sobrellevar el efecto del hogar burbuja

Las nuevas tecnologías y las redes han contribuido a paliar en parte ese efecto adverso a corto plazo. Pero no es suficiente a medio y largo. En consecuencia, expertos psicólogos defienden que ante estas situaciones nuevas, lo que se debe es promover lo más posible la autonomía personal, aunque sea dentro de los grupos de convivientes.

Dentro del hogar burbuja habrá quien necesite soledad, mientras que otros necesitarán interacción casi permanente. La clave del éxito estará en el respeto mutuo y la comprensión para evitar tensiones y conflictos.

A todo ello se unen los efectos perniciosos que ha demostrado la Gran Reclusión de la primera ola. Si, por un lado, permitió doblegar la curva de forma casi drástica, por otro, destrozó la economía y llevó a muchos a situaciones de ansiedad y tendencias depresivas.

Afortunadamente, los cuadros clínicos de estas depresiones, ansiedades o episodios de tristeza, en la mayoría de los casos han sido leves. Aunque habría que preguntarles a quienes lo sufrieron. Con todo, esos problemas suelen ser sofocados ante la magnitud de la crisis sanitaria.

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