¿A quién conviene posponer las elecciones catalanas?

¿A quién conviene posponer las elecciones catalanas?

El independentismo en Cataluña perdería la Generalitat en las elecciones catalanas convocadas para el próximo 14 febrero, según revelan algunas encuestas. De ahí que el Govern planteó posponerlas hasta el mes de mayo. Y lo ha conseguido. Serán el 30 de mayo.

Ya había anticipado esa posibilidad Àngels Chacón, candidata del PDeCAT, a mediados del pasado mes de diciembre por la situación epidemiológica. Ahora, las razones son claramente otras: el riesgo de que el independentismo catalán pierda la Generalitat. El PSC, con Salvador Illa a la cabeza, ganaría los comicios.

No las elecciones. Ésas las perdió también antes, pero la aritmética en el Parlament les permitió retener el Ejecutivo autonómico.

Sin embargo, se alzaron voces en contra desde la oposición. En especial, desde el PSC, cuyo diputado en el Congreso José Zaragoza criticó ese planteamiento en una entrevista en Antena 3.

El dirigente catalán cargó contra la Generalitat por creer trasladar las elecciones catalanas cuando hace una semana sostenía que estaba “todo preparado para votar con seguridad”. Puso el ejemplo de esa contradicción con que la ciudadanía puede “ir a la escuela y viajar en metro”.

El diputado del PSC insistió en que “cuando parece que pueden perder los independentistas las elecciones plantean suspenderlas. En Portugal se puede votar y en otros muchos países. No entendemos que se pueda ir a la escuela pero no ir a votar”.

A ello añadió otro ejemplo. Las elecciones a la Presidencia del Fútbol Club Barcelona no se han retrasado.

Siguiendo esa línea, Zaragoza rechazaba demorar los comicios hasta mayo y a cambio propuso celebrarlos “antes de Semana Santa”. En concreto, a finales de marzo. Opción rechazada.

“En mayo no sabremos cómo estaremos. Muchos expertos dicen que en mayo puede venir una cuarta ola”, apuntó.

No es la misma situación jurídica del retraso de las elecciones gallegas y vascas

Comparando con el aplazamiento de las elecciones gallegas y vascas, señaló que se retrasaron “por consenso”. Agregó que, además, todos los ciudadanos estaban entonces “confinados en casa”. Así, recordó que las elecciones catalanas podían haberse celebrado en aquel momento, “pero Torra no quiso”.

Cabe precisar que los comicios gallegos y vascos no estaban convocados formalmente en un decreto, algo que sí lo está en el caso de los catalanes.

Hoy se tomó la decisión. El Govern trasladó que su voluntad era conseguir el mayor consenso posible con el fin de garantizar la legitimidad. Pero era incierto. Estaba decidido a cambiar la fecha.

Sin embargo, Meritxell Budó, portavoz del Ejecutivo catalán, ya advirtió que la decisión final corresponde al Govern, especialmente si no había acuerdo.

El Ejecutivo catalán se aferró a un apartado del decreto por el que se preveía el aplazamiento atendiendo a razones sanitarias. El ‘efecto Illa’ se desvanecía.

Ni siquiera intentó negociar Pere Aragonès, president por arte y gracia de los tribunales. Se limitó a imponer su fecha. Viva la democracia.

Tampoco sirvieron de nada las amenazas del PSC de recurrir. Concluida la reunión con los partidos concurrentes a las elecciones catalanas, el propio Miquel Iceta, primer secretario socialista, descartaba acudir al amparo de los tribunales. Ni siquiera a la Junta Electoral.

Es previsible que el PSC lo haga si se permite modificar las candidaturas. Con todo, Iceta advertía: “Se puede cambiar la fecha, pero no las reglas del juego”. Y auguró: “La victoria de Salvador Illa se producirá el 30 de mayo como se hubiera producido el 14 de febrero”.

A pesar de todo, la treta del Govern también pasa por buscar cómo hacer que las listas puedan cambiarse. El colmo de la trampa a la que tantas veces recurre el independentismo catalán.

Eso, aunque digan que acatarán lo que dicte la Junta Electoral. Ya buscarán cómo saltárselo, como hizo Torra y le costó el cargo.

Por cierto. Respondemos a la pregunta. ¿A quién conviene posponer las elecciones catalanas? Sólo al independentismo. Ah, y a Carles Puigdemont, a quien le copensa para seguir recortando distancia con ERC. En cambio, a los ciudadanos no independentistas, que siguen siendo mayoría, no. Que vivia la democracia.

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