“¡Que vienen los socialistas!”, por Pedro Molina Alcántara.

Pedro Molina Alcántara.

¡Que vienen los socialistas! es una película española de 1982 de humor un tanto casposo. Convocadas las elecciones generales en España para el 28 de octubre de 1982 y, dado que las encuestas ya vaticinaban la victoria por mayoría absoluta del PSOE, esta película plantea los miedos que suscitaba aún en una parte de la sociedad española la llegada de la izquierda al Gobierno casi cincuenta años después. Aparecen todos los tópicos habidos y por haber, y fundamentalmente, el de que un gobierno socialista acabaría con la propiedad privada y la libre iniciativa empresarial.

Me sirvo un vaso de Pepsi con mucho hielo y paso a redactar un nuevo artículo para Diario Progresista. Si he comenzado rescatando del recuerdo aquella película española de principios de los ochenta es porque me la ha recordado la Convención Nacional Republicana de la semana pasada en la que fue nominado Donald Trump para ser de nuevo candidato a la Presidencia de los USA por ese partido. Tanto el discurso de aceptación de la nominación pronunciado por el propio Donald como las intervenciones que le precedieron hicieron hincapié en dos ideas: una, que el Partido Demócrata está infectado por el virus del socialismo, de la extrema izquierda -hay que recordar que en un país con una tradición capitalista tan fuerte, el socialismo todavía es visto por una parte muy numerosa de la sociedad estadounidense como la encarnación del mal, algo peor que el demonio-; y otra, que si no gana Trump es porque habrá fraude electoral, no preguntes ni cómo ni por qué, pero lo habrá. Palabra de Donnie.

Personalmente, considero que ambos argumentos carecen de un fundamento sólido: de Biden no se puede decir que sea un izquierdista radical pues precisamente está encuadrado en el ala moderada del Partido Demócrata. Lo mismo se puede decir de su compañera de ticket Kamala Harris. El otro argumento, el de atizar el miedo al fraude electoral; me parece impropio de alguien que proyecta una imagen de sí mismo basada en ser un triunfador nato -Trump ha hecho de su condición de multimillonario su mejor tarjeta de presentación como persona capacitada para liderar su país-, porque si tú dices que solo si ganas tú habrá juego limpio, te estás poniendo la venda antes de aporrearte ¿Tanto miedo tiene de caer derrotado que prefiere embarrar el terreno de juego arrojando sobre su rival la sombra de la sospecha? Quizá es que intuye que su victoria de 2016 se debió a una alineación de los astros que difícilmente vuelva a repetirse en la jornada electoral de dentro de dos meses.

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