Qué difícil es morir con dignidad

Carolina Gutiérrez Montero.

Por Carolina Gutiérrez Montero (investigadora biomédica)
Vivimos en un mundo que corre cada día a pasos más agigantados en la búsqueda de la prolongación de la vida. La ciencia lucha con todas sus fuerzas por el intento de ralentizar e incluso detener el envejecimiento, lo que supondría que el ser humano pudiese vivir más allá de la media de esperanza de vida de los 84/85 años que hay por ejemplo en nuestro país.
Existen importantes compañías que están empezando a plantearse esto muy en serio y están apostando muy duro por este logro. En 2013, Google, nada menos que Google fundó una compañía denominada Calico para desarrollar métodos y técnicas que permitan prolongar la vida. A su vez Jeff Bezos y Peter Thiel están apostando muy fuerte por Unity Biotechnology, empresa que se centra sobre todo en la prevención de las enfermedades relacionadas con la edad, pero no descartan que puedan encontrar algún método específico que permita frenar el envejecimiento en sí mismo.
Los avances en terapias genéticas, inmunológicas y celulares ya han permitido descubrir en modelos animales, que este retraso en el envejecimiento es posible. Que se pueden detener por tanto las enfermedades relacionadas con la edad y que lo importante es como dice la investigadora María Blasco, conseguir “envejecer joven”.  A principios del siglo pasado la esperanza de vida no iba más allá de los 40 años, hoy es de 83 años, es por tanto bastante optimista el pensamiento de que en pocos años tengamos una esperanza de vida de unos 140 años.
Probablemente uno de los máximos defensores de la teoría de esta posible inmortalidad es el Profesor José Luis Cordeiro, del que ya hemos hablado en otras ocasiones y que defiende que hacia el año 2045 gracias a todos los avances científicos y tecnológicos que están por llegar, la muerte será opcional.
Y ahí es donde me gustaría incidir hoy con mis palabras, en el concepto de opcional y en la defensa y respeto de la libertad individual para decidir cuándo quiere uno morir o no. Incluso, aunque la decisión tomada sea mala.
¿Por qué es tan difícil respetar, permitir que a modo individual uno decida que ya no quiere seguir viviendo?, que quiere acabar con el sufrimiento que le va matando poco a poco, día a día. ¿Por qué el ser humano que no quiera prolongar más allá  su vida, no tiene derecho a una muerte digna?
En nuestro país se han presentado al Congreso de los Diputados hasta 16 intentos de regulación de la eutanasia y el suicidio asistido, con un rechazo en primera ronda en todas las ocasiones. Sin embargo, con este nuevo Gobierno, a los ciudadanos nos ha llegado un halo de esperanza con la presentación de un anteproyecto de ley que recoge la regulación de los derechos de la persona ante el proceso final de la vida. No seamos hipócritas ni nos escondamos tras una falsa moral: el 84% de los españoles según una encuesta llevada a cabo en el año 2017 estaban a favor de una regulación de la eutanasia.
Los objetivos fundamentales que quiere recoger esta ley son la protección de la dignidad de las personas enfermas que se encuentran en fase terminal o de agonía y a los que se les garantiza de pleno derecho su libre voluntad para tomar las decisiones que afectan a dicho proceso. A su vez esta ley garantiza una serie de derechos adicionales y fundamentales como el derecho a la información asistencial, el derecho a la toma de decisiones, el derecho al tratamiento del dolor, al acompañamiento y a la intimidad. También se contempla que toda persona mayor de edad y con plena capacidad de obrar tenga derecho a manifestar anticipadamente su voluntad sobre los cuidados y el tratamiento asistencial que desea recibir en el proceso final de su vida.
Este derecho a poder elegir libremente la toma de esta decisión debe ir acompañado de un proceso de NO SUFRIMIENTO. Por tanto el derecho al tratamiento del dolor debe estar contemplado en esta ley, y así ocurre de manera que todas las persona que se encuentren en el proceso final de su vida tengan derecho a recibir la atención adecuada para prevenir y aliviar el dolor, lo que incluye, además del tratamiento analgésico específico, la sedación. Esto contempla también la asistencia domiciliaria en cuidados paliativos.
Aquí por tanto juegan también un papel muy importante los profesionales sanitarios que merecen una protección jurídica en los casos de actuación en estas situaciones, ya que estarán obligados a respetar la voluntad presentada por el paciente sobre los cuidados y el tratamiento asistencial que desea recibir en el proceso final de su vida. Deberá consultar el Registro Nacional de Instrucciones Previas y dejar constancia de dicha consulta en la historia clínica del paciente.
A su vez, las administraciones sanitarias deberán respetar en todo momento la voluntad expresada por el paciente sobre el proceso final de su vida y a los restantes derechos reconocidos en dicha ley.
Como científica deseo que se encuentren los métodos y las tecnologías que conduzcan al enlentecimiento del envejecimiento y así poder detener todas las enfermedades asociadas a la edad. Y si finalmente llega la “muerte de la muerte”, como apunta el doctor Cordeiro ya será elección de cada uno si quiere vivir eternamente o no.
Pero tanto hoy como en un futuro no muy lejano, quien no quiera vivir eternamente; quien sufra, quien no haya conseguido cura para su enfermedad… tiene derecho a decidir sobre el proceso final de su vida. Tiene derecho a una muerte digna.

1 thought on “Qué difícil es morir con dignidad”

  1. Estoy muy de acuerdo con la Dra. Gutierrez Montero. Hay estudios e investigaciones de cara a alargar la vida, yo me pregunto quién se beneficiaria de esto. Supongo quien tenga recursos para ello. Mientras tantos hay mucha gente que está sufriendo dia a día, sin esperanza y no se les permite acabar ese sufrimiento. Debe haber una ley que regule todos los aspectos, para garantizar el proceso desde el principio hasta el final.
    Este tipo de leyes (suicidio asistido, aborto, divorcio, etc.) con mucha carga de moralina, yo a los que dicen estar en contra les respondo que es un derecho no una obligación (aunque luego ejercen ese derecho) En todo caso una decisión personal que hay que respetar. Mar

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