“Progreso por ideología”, por Francisco Estepa Vílchez.

Francisco Estepa Vílchez.

La palabra “política” es un término controvertido. Si nos basamos en la definición que David Easton hace, sería la actividad colectiva que asigna y distribuye valores de forma vinculante. Todos somos actores políticos, un derecho que defiende nuestra Constitución, dado que todos tenemos un conjunto de valores que dan coherencia a nuestras respuestas ante las diferentes situaciones en el ámbito colectivo o público que se nos presentan, por eso no creo en “apolíticos”. Estas respuestas nos posicionan a un lado del espectro político, por lo que quienes defienden una cosa y la contraria, simplemente mienten por intereses ocultos… o ¿cómo podríamos definir a quienes cada pocos años cambian de partido político y cambian su discurso según sople el viento?

Cualquier respuesta o posición que adoptemos, está enmarcada en alguna de las ideologías que definen cada partido político y que resumen los sistemas de valores que guían su acción política, ya sea de ultraderecha, comunista, liberal, conservadora o progresista y por lo tanto a través de las ideologías se canalizan los apoyos o resistencia a sus programas, aunque algunos para tener mejores resultados que sus oponentes, les atacan, en lugar de defender sus propuestas. Véase la estrategia de la señora Ayuso en Madrid, que dedica más tiempo a atacar a Pedro Sánchez, que ha explicar los resultados de su gestión en las residencias de mayores durante la pandemia o los incumplimientos de su programa electoral.

El desacuerdo entre lo que cada uno entiende como justo o injusto, es uno de los motivos que nos llevan a posicionarnos a través de unos valores, en una ideología y a votar a un partido político, aunque hay muchos otros factores que también pueden influir. De ahí que una técnica de movilización de masas es apelar a una causa justa y culpar a un enemigo común, como hicieron los nazis con los judíos y como lo que hoy hace la ultraderecha cuando culpa a los inmigrantes de los problemas que nada tienen que ver con ellos, o quienes culpan a todos los políticos de la Democracia por la situación de su ciudad, preparando el terreno para presentarse como salvadores de la patria, que tanto gustaba al dictador.

No se puede sorber y soplar a la vez, lo mismo que no se puede estar a favor y en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo o de la igualdad o discriminación salarial entre hombres y mujeres. Defender la bajada de impuestos o que todos paguen lo mismo, es contrario al sentido común cuando se dice en un mitin que se quiere proteger a los españoles que tienen dificultades, aprovechándose de su sufrimiento y pedirles el voto. Cuando se tienen claros unos valores de solidaridad y justicia, identificados en una ideología de progreso, es muy difícil que discursos simplistas en nombre de la libertad te puedan confundir.

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