Órganos que dan vida

Por Carolina Gutiérrez Montero (investigadora biomédica)
Si de algo podemos sentirnos orgullosos en España es de encabezar el ranking mundial por vigésimo quinto año consecutivo en trasplantes: 2.019 donantes y 4.818 órganos trasplantados durante el año 2016 (último dato registrado).
En total, se llevaron a cabo 2.994 trasplantes renales, 1.159 hepáticos, 281 cardiacos, 307 pulmonares, 73 de páncreas y 4 intestinales (43, 8 donantes por millón de habitantes).
Y todo esto es posible gracias a que se trabaja en un sistema nacional de salud público y de calidad, a las grandes muestras de solidaridad de todos los ciudadanos, así como a un modelo de organización de alta cualificación que cuenta con una red de coordinadores altamente formados y que siguen las directrices recogidas en la Organización Nacional de Trasplantes (ONT).
Globalmente se ha producido un incremento a nivel mundial en el número de trasplantes llevados a cabo respecto al año anterior (2015) y esto es debido en gran parte a que algunos países han importado el modelo español en su sistema sanitario y han recibido el apoyo de los programas formativos con los que cuenta la ONT: Portugal, Reino Unido, Australia o Canadá son algunos de los que han importado parte o la totalidad de este modelo.
Portugal es uno de los países que está de enhorabuena alcanzando el tercer puesto en el número de donantes con 32,7 donantes por millón de habitantes, siendo sólo superado por el 39,5 de Croacia y el 43, 8 de España. Y ha sido precisamente la importación del modelo español, lo que ha permitido un incremento de un 22% en el número de donaciones entre 2008 y 2016 en el país vecino.
Las autoridades sanitarias lusas han emulado el sistema de organización español, siendo especialmente clave la figura del coordinador hospitalario que detecta precozmente potenciales donantes. Este incremento en el número de donantes no se ha trasladado al número de trasplantes realizados. La diferencia no se debe a la falta de demanda, sino a la calidad de los órganos donados. Portugal tiene una población muy envejecida y en la gran mayoría de los casos los donantes son personas de edad avanzada, con órganos de peor calidad y que a veces no pueden ser utilizados posteriormente para un trasplante.
En España, uno de los puntos clave para que estemos en el primer puesto en el número de trasplantes es como previamente se ha señalado, nuestro sistema sanitario público.
Cuando los ciudadanos nos manifestamos por la defensa de una sanidad pública y de calidad por y para todos, es entre otras cosas por esto. Para que tengamos un sistema sanitario lo suficientemente bueno, que nos permita que en una situación médica que desencadene la necesidad de un trasplante de cualquier tipo, podamos estar seguros que con independencia de nuestra posición económica, tendremos acceso y derecho a ello.
A esto hay que unirle el gran valor de los profesionales que se entregan en cuerpo y alma a ello, y al valor de la ciencia y sus investigadores que ha permitido mejoras importantísimas en la técnica quirúrgica, en el mantenimiento de los órganos…
El uno de agosto de 2008 sonó el teléfono que nos anunciaba que había un posible donante. Sólo faltaba la firma del juez. A las diez de la noche, con todos los nervios y toda la ilusión por delante corrimos hacia el hospital. Alrededor de las 2:45 del ya dos de agosto nos confirmaron que ese hígado, procedente de una persona joven y sana, era compatible con mi padre.
Por delante tuvimos un total de 8 horas de una interminable espera en una sombría y desierta sala en un hospital madrileño, de la madrugada de un sábado en pleno mes vacacional.
El día 17 de agosto cuando me dirigía a visitar a mi padre ya bastante recuperado, leí una carta en un periódico en el que daban las gracias a los familiares de un donante por los pulmones que habían donado a su padre. Todo había ocurrido en la misma noche y en el mismo hospital en el que trasplantaron a mi padre. ¿Coincidencia?, no sé…pero yo en ese momento pensé en esa familia, para la que nunca tendré suficientes palabras de agradecimiento, que en una noche devolvieron la vida a dos personas, una de ellas mi padre que a partir de ese 2 de agosto de 2008 empezó a tener la esperanza de una nueva vida por delante.
Casi diez años después, y con mi padre disfrutando cada día, sigo dando las gracias a la familia de ese donante anónimo por poder tenerle a mi lado.
El avance de la ciencia, que corre a pasos agigantados, nos permitirá seguramente en unos años contar con órganos artificiales creados ad hoc para cada situación clínica. Esperando que esto llegue, y que seamos también los primeros en el ranking mundial, sólo nos queda confiar en un sistema sanitario público y de calidad, en la valía de los grandes profesionales y por supuesto y más importante, en la solidaridad y generosidad de esos familiares, que probablemente en las peores situaciones de sus vidas, deciden dar la vida a otras personas con esos órganos donados. Mil veces GRACIAS.

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