¿No hay inmunidad de rebaño frente a este coronavirus?

¿No hay inmunidad de rebaño frente a este coronavirus?

El famoso 70% que representaría la inmunidad de rebaño de cualquier otra enfermedad infecciosa parece que no se está cumpliendo con este coronavirus.

Hace unos meses, cuando se iba a alcanzar ese porcentaje en verano en España, los expertos alertaron de que había que llegar al 80%. Pocas semanas después se llegó y a día de hoy, según datos de Sanidad, el 89,2% de la población diana cuenta con la pauta completa.

Además, el 90,9% de esa población tiene ya puesta al menos una dosis. En breve, más de tres millones de menores de 5 a 11 años la recibirán, tras la luz verde de la Agencia Europea del Medicamento. Eso, sólo en España.

Sin embargo, la amenaza de contagios persiste. Tal es así que este viernes, el informe de Sanidad marcaba una incidencia acumulada a 14 días de 171,68 por 100.000 habitantes. Y parece que sigue la tendencia al alza.

Ahora, con la aparición de la variante ómicron en Sudáfrica la incertidumbre va en aumento. Una vez que el debate sobre la dosis de refuerzo se zanjó a favor de esa inoculación ‘extra’, siguen sin resolverse otros.

Por ejemplo, la obligatoriedad de vacunarse –Austria ya lo hace— o la caducidad del certificado Covid a los nueve meses sin dosis de refuerzo.

Lo cierto es que un año y ocho meses después de declararse la pandemia, ningún país ha alcanzado la ansiada inmunidad de rebaño. ¿Por qué? Una de las claves se encontraría a las bajas tasas de vacunación en los países de nuestro entorno. Incluso la de no vacunados en España.

Para muestra, un botón. La vacuna se diseñó, además de para evitar que se desarrolle la enfermedad, por lo menos grave, para evitar el colapso hospitalario.

La vacunación no ha contribuido a la inmunidad de rebaño

Lo cierto que la vacuna no impide el contagio. Es decir, los vacunados pueden –podemos— seguir transmitiendo el virus. Nuestro organismo lo combate con mayor eficacia, pero el virus sigue en el aire.

No desarrollaremos los síntomas, o serán mínimos, con lo que la posibilidad de contagiar a otros se reduce casi a cero, pero no del todo. A fin de cuentas, todo depende de la carga vírica. A mayor carga vírica, mayor posibilidad y probabilidad de contagio a otras personas.

La vacuna impide que esa carga vírica vaya en aumento. De hecho, la reduce hasta que los anticuerpos acaban con ella, pero, entretanto, el virus está ahí.

El éxito de la vacunación consiste, en primera instancia, en que se evita el colapso del sistema sanitario, pero no ha contribuido, en sí, a la inmunidad de rebaño.

Es decir, no basta con vacunarse, hay que seguir con medidas de prevención complementarias. Hay que hacerlo, sobre todo, porque hay muchas decenas de miles de personas que no se han vacunado. Además, hay millones de personas que necesitan recibir la dosis de refuerzo.

Vuelta al uso de mascarilla en interiores

Por eso varios países vuelven a recomendar, si no obligar, el uso de mascarilla en interiores. Esa obligación no se eliminó en España, pero sí en Reino Unido, donde ya hay dos casos confirmados con la variante ómicron.

Tal es así que el mantra de la inmunidad de rebaño no se va a cumplir. Alemania, donde se ha alcanzado ese ansiado 70%, tiene una incidencia a 14 días por encima de 700. La de Austria es de más de 1.100.

Incluso Portugal, uno de los pocos que supera a España en cobertura vacunal, la tiene por encima de 400. Ya con una incidencia rozando los 300, nuestro vecino luso decidió declarar el estado de emergencia a partir del próximo miércoles.

Eso implica, como decíamos, volver al uso de la mascarilla en espacios cerrados y un mayor control de las fronteras. Así estarán, como poco, hasta febrero.

Explicábamos que una de las claves para entender lo que está ocurriendo se encuentra en la vacunación. Tal es así que la tasa de contagio es tres veces mayor entre la población no vacunada que en la vacunada. La propia ministra, Carolina Darias, alertó de que el 60% de los pacientes Covid en UCI no se habían vacunado.

La mayor tasa entre no vacunados, los mayores de 60 años

Por franjas de edad los datos son abrumadores. La tasa semanal media se dispara hasta 59,7 entre los no vacunados de entre 12 y 17 años, mientras que entre los vacunados es de 9,6.

En el tramo siguiente (18 a 29 años) es de 55,2 y 17,6, respectivamente, y en el siguiente (30 a 39) es de 49 y 26,7, respectivamente. Asimismo, la franja de 40 a 49 años, la tasa de contagio semanal de los no vacunados duplica a la de vacunados: 63,3 frente a 29,2.

Si hablamos de los no vacunados de entre 50 a 59 años, casi se quintuplica respecto a quienes sí se pusieron la vacuna: 93,6 frente a 21,9.

Sin embargo, las mayores diferencias no están aquí, lo están en la población con edades entre 60 y 69. En esta franja, la tasa se dispara a 181,5, mientras que se queda en 23,5 en los vacunados.

Parecido ocurre en la franja de los diez años siguientes, en la que la tasa sube a 182,7 frente a los 23,6 de los vacunados. A partir de los 80 años, se mantiene en 23,6 entre los que sí recibieron la vacuna y sube a 105,7 entre los que no la recibieron.

Por tanto, la vacuna ha tenido un rotundo éxito para el control de la propagación del virus al nivel de evitar la enfermedad grave. De eso no hay duda. Ahora bien, visto lo visto, se puede concluir que la inmunidad de rebaño parece que no existe con este coronavirus. Al menos, no de momento.

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