Memoria socialista. Resumen histórico del socialismo español (3)

Por Eusebio Lucía Olmos.

3.- En el entresiglos.

Durante la primera mitad del siglo XIX, los trabajadores fueron sintiendo la necesidad de unir sus fuerzas ante el avasallamiento de los nuevos artificios mecánicos y los penosos trabajos que les imponían los patronos en sus grandes fábricas recientemente creadas. La revolución industrial había producido, entre otros efectos, desplazamientos masivos de población desde zonas rurales hacia los suburbios y extrarradios de las ciudades, donde tenía que malvivir con salarios miserables y en condiciones sanitarias deficientes. Millones de hombres, mujeres y niños tenían que realizar penosas jornadas de trabajo, a veces de más de 15 horas diarias, por unos cuantos céntimos y sin derecho social alguno. Esa miseria y marginación dieron lugar al surgimiento de una nueva clase social: el proletariado, sobre cuyo esfuerzo y explotación prosperaba la pujante clase burguesa.
Así fueron naciendo, de manera espontánea por toda Europa, las primeras sociedades obreras como organizaciones de resistencia y ayuda mutua para la obtención de mejoras en sus condiciones de trabajo. Pero pronto cayeron en la cuenta de que sus objetivos serían inalcanzables si no luchaban conjuntamente con los obreros de otros países que padecían similares problemas. Eran así coincidentes con el pensamiento de los grandes teóricos socialistas que, desde la revolución francesa, venían filosofando sobre la emancipación universal de la clase trabajadora y acerca de una nueva sociedad libre, igualitaria y fraterna.
En 1864, nació en Londres la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), ya desde su origen dividida entre sus alas libertaria y autoritaria. Los bakuninistas, seguidores de la primera, se oponían a toda participación política, abogando por la “acción directa” y declarándose enemigos acérrimos de cualquier tipo de Estado. Los marxistas, sin embargo, trataron de dotarse de una organización formal, aceptando en principio las reglas de juego establecidas para, mediante su participación democrática en las diversas instituciones estatales, defender los intereses de la clase trabajadora.
El desarrollo del socialismo fue muy diferente en cada país, de acuerdo con sus circunstancias políticas, sociales y culturales, así como al distinto ritmo de desenvolvimiento de la revolución industrial. En la España tradicional del siglo XIX, este radical cambio tardó en arrancar, evolucionando con gran lentitud y dificultad por ser un país rural, con escaso desarrollo científico y cultural, y unas clases dominantes poco abiertas a la evolución y al cambio. Por ello, hasta la segunda mitad de dicho siglo no empezaron a surgir zonas significativas de industrialización en Cataluña, País Vasco, Asturias y, más tarde, en Madrid.
En 1868, tras la revolución septembrina, un hombre de Bakunin – Giuseppe Fanelli – es enviado a España con objeto de propagar sus ideas y fundar los primeros núcleos socialistas, que quedaron imbuidos de las tendencias libertarias del emisario. El primer gran acto público organizado fue el Congreso Obrero celebrado en junio de 1870, en Barcelona, en el que participaron 90 delegados que representaban a 150 sociedades obreras, y al que asistió un gran número de trabajadores. Sus debates produjeron también la división interna de la sección española de la AIT, pues una minoría de los participantes aceptaba la implicación de las organizaciones obreras en posibles iniciativas políticas, en contra de las tesis oficiales.
Al año siguiente llegaron a España la hija y el yerno de Carlos Marx, quienes difundieron entre los asociados escritos de éste, por medio del periódico La Emancipación, tratando así de contrarrestar la labor de proselitismo realizada por el anarquista. De esta manera, se iría formando un núcleo de seguidores de las ideas marxistas en torno al semanario que, por sus críticas a la organización, acabaron siendo expulsados de la Federación Madrileña, meses después de que el gobierno de Sagasta hubiese declarado ilegales las actividades de la Asociación en España. Anarquistas y socialistas seguirían ya caminos separados y antagónicos durante toda su historia.

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