La masacre de Myanmar

La masacre de Myanmar

La junta militar birmana que perpetró el pasado 1 de febrero un golpe de Estado en Myanmar aumenta la represión contra los ciudadanos del país. Al menos 114 personas fueron masacradas hace unos días. Se incrementa la violencia desde la instauración de la junta que preside Min Aung Hlaing.

Tal es así que en Mandalay, la segunda ciudad de Myanmar, un hombre, vendedor, fue quemado vivo. Mientras, la comunidad internacional informa de que la cifra de víctimas mortales a manos de los militares se acerca al medio millar. Otros, en cambio, calculan que el número de personas mascaradas se eleva a casi 2.600.

El pasado sábado se celebraba un desfile en Nay Pyi Taw con motivo del día de las Fuerzas Armadas. En su intervención, Aung Hlaing hacía un llamamiento a acabar con los “actos” terroristas.

Entretanto, esa misma noche, la Asociación de Asistencia a Presos Políticos daba un primer balance provisional de la represión ese día. Entre los 114 fallecidos se encontraban seis niños y adolescentes. Además, la Policía asesinaba a tres estudiantes universitarios en el estado de Shan.

Pero la represión no acabó ahí. Al día siguiente se contabilizaron otras 13 muertes, después de que el Ejército abriera fuego contra un grupo. Acudían al funeral de un joven asesinado en la jornada previa en Bago.

Al margen de ello, el Tatmadaw atacó en diez ciudades. Los opositores democráticos y movimientos anti golpes de Estado, entretanto, practicaban la creación de milicias.

La oposición en Myanmar se organiza en milicas

Así, se registraron movimientos en el interior del territorio hacia campos de entrenamiento en áreas que la Junta militar no controla.

Al tiempo, la comunidad internacional no ha dejado de condenar la asonada en Myanmar y Hlaing está más débil de lo que parece, por su respuesta represora. De hecho, apenas encuentra apoyos entre los países limítrofes.

Por su lado, la organización del Civil Disobedience Movement ha promovido un boicot y absentismo laboral de los funcionarios.

Con todo, ante la incertidumbre, miles de personas se encaminan al exilio por la frontera con Tailandia. El éxodo también fluye hacia India. Sobre todo, son los residentes del Estado de Karen, donde se han sucedido los bombardeos en los últimos días.

Es una zona controlada por el ejército rebelde Karen National Liberation Army, que ha vuelto a las armas después de haber firmado un armisticio que permitiera un periodo de paz durante la transición democrática.

Precisamente, Tailandia es uno de los regímenes que no ha condenado el golpe en Myanmar. La Junta militar, a su vez, pretende sostenerse con el apoyo de China. Rusia tampoco ha roto relaciones con el Gobierno birmano.

La ONU, al tiempo, envía duros comunicados instando a la recuperación del proceso democrático. Sin embargo, el veto de rusos y chinos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas impide ir más allá y, por ejemplo, embargar la venta de armas. Sólo queda esperar que Joe Biden, presidente de Estados Unidos, arme una alianza de paz que, con la anuencia de la ONU, entre a pacificar el país.

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