“Los trabajadores no pueden cargar contra los trabajadores” por Antonio Miguel Carmona.

Antonio Miguel Carmona.

Las cargas policiales en la manifestación del jueves por la noche a favor de la sanidad pública enfrente de la Asamblea de Madrid, ni son de recibo, ni tienen una explicación convincente.

Hace muchos años los socialistas decidieron que el parlamento regional, la Asamblea de Madrid, estuviera en Vallecas. La idea era trasladar a los barrios obreros una Administración que les había dado la espalda durante siglos. Fue entonces, yo que soy de Malasaña, cuando descubrí que el Fuero de Madrid de 1202 era el documento en el que por primera vez se nombraba Vallecas como un paraje en el Arroyo de los Mígueles, al sur del Concejo de Madrid. A lo largo de los dos últimos siglos se fue configurando como un asentamiento de trabajadores, de obreros industriales y de migrantes sin pan. Empero, los gobiernos socialistas de los años 80 convirtieron la chabolas y el desamparo en viviendas públicas protegidas y apoyo social activo.

Sin embargo, fueron los propios vecinos a través del asociacionismo militante los que vertebraron una sociedad abandonada y la convirtieron en un movimiento vecinal, cultural, social y político.

La escasa pericia, cuando no prevaricación, por parte del gobierno regional confinando 37 áreas de Madrid es el colofón a muchos años de recortes en la sanidad pública. Lustros haciendo recaer la atención a nuestros pacientes sobre los hombros de los profesionales sanitarios. Durante los últimos 12 años los recortes en la sanidad pública en las administraciones autonómicas gobernadas por el Partido Popular han ascendido a 30.000 millones de euros. ¿Cómo no van a estar nuestros profesionales sanitarios desprotegidos y solos frente a la pandemia?

Recortes que, ni fueron un error, ni se produjeron como una simple falta, sino como un delito cuyo objetivo por parte de los gobiernos regionales del Partido Popular fue desproteger e infradotar la sanidad pública con el artero propósito de potenciar la sanidad privada y el negocio de algunos amiguetes de esa enorme puerta giratoria que es la consejería de Sanidad de Madrid.

El parlamento regional es una gigantesca burbuja impenetrable en la que diputadas y diputados tratan de hacerlo lo mejor posible y, sin embargo, su influencia en la sociedad local es casi menor que una mera diputación. ¿Cuántos de ellos son conocidos en las calles de Madrid?

Para mayor abundamiento, la decisión del gobierno regional de confinar determinadas zonas y no otras, puede que sea un error sanitario, una consideración ineficaz, pero sobre todo es una fórmula de difícil explicación para los barrios obreros, de trabajadores y de ciudadanos menos favorecidos de esta provincia y de esta capital.

Si se produce un encuentro, como se produjo, entre el presidente del Gobierno y la presidente saliente de la Comunidad de Madrid, debió ser para tomar decisiones inteligentes. La mera foto, muchas veces en política, puede significar para muchos que somos los mismos. Y no somos los mismos. No somos los mismos.

Nosotros somos los que nos manifestábamos un domingo al mes por las calles del Paseo del Prado en defensa de la sanidad pública. Somos los mismos que se manifestaban ayer frente a la Asamblea de Madrid. Socialistas, progresistas, trabajadores.

Condenamos la existencia de -¿uno?, ¿dos?, ¿o incluso tres?- chavales descontrolados que retaron a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Pero no es de recibo políticamente que éstas tuvieran la orden de cargar contra los manifestantes en términos generales.

Sea como fuere, los responsables políticos competentes en las cargas policiales deben una explicación. Las imágenes son bastante nítidas. La Administración no puede ocultarse tras el relato bienpensante, a veces apoyado por organizaciones afines. No es de recibo. El pueblo de Vallecas, el pueblo de Madrid, merece una explicación. Y tras ver las imágenes yo diría que, más bien, merece al menos unas disculpas.

Organizaciones políticas de izquierdas deben, a su vez y en primer lugar,reestructurar el a veces poco convincente mensaje, reorganizar sus estructuras de forma más democrática y acompañar, ayudar y apoyar a sus actuales responsables políticos por otros con más experiencia, más contundencia y añadido liderazgo.

La moción de censura contra el gobierno de Isabel Díaz Ayuso ya la ha puesto el pueblo de Vallecas, ya la han refrendado los ciudadanos de Madrid. Las organizaciones de izquierdas llegan tarde, permanecen impasibles sin firmar la reprobación, a veces por una medida y aparentemente razonable prudencia y otras veces por un tacticismo equivocado.

La moción de censura al gobierno regional se debe hacer condicionada. Proponer un plan de choque coherente, aumentando un 20% la dotación a la sanidad pública madrileña y acordando en la cámara regional medidas más contundentes frente a la pandemia acordadas por todos y cada uno de los grupos políticos. Si ese plan, imprescindible, es rechazado, la moción de censura ya está justificada.

Sin duda: es tiempo de unidad. Pero sobre todo el tiempo de unidad de los ciudadanos. Los trabajadores no pueden cargar contra los trabajadores.

El Jefe Superior de Policía de Madrid no debe estar solo encerrado en su despacho, tenía que habérsele visto a lo largo de la pandemia, como tuve ocasión de comentar en un círculo próximo a él, como una de las cabezas visibles que protegiera, no que disolviera, a los ciudadanos de toda la provincia.

Los responsables políticos lo son, no para poner o defenderse de continuas causas, sino para tomar resoluciones adecuadas, reconocer los errores cometidos y apoyar a una población cansada de decisiones inútiles y demagogos sin pericia.

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