Los relatos de Aina. “Aullar”, por Aina Rotger.

Aina Rotger Carlón.

Los contornos son hirientes, la mirada se vuelve opaca, el espacio difuminado. Elisa anda apresurada, la noche oscurece la calle vacía, la niebla oculta y la prisa en el cuerpo por llegar a casa.

Oye pasos y acelera. Elisa se encoge, las pisadas se escuchan más cerca, más rápidas y traga saliva, no respira, se acercan y ella se tensa.

Ahora lo ve, el hombre que oía correr se para a su lado y le dice “¿Dónde está el puente de hierro?”. Ella le indica con un gesto. “¿No te da miedo ir sola por la calle?”, pregunta. Y ella traga saliva como dagas y no responde. “Ten cuidado y no hables con nadie”, le advierte la voz oscura, y ella se quiebra por dentro. “Hasta luego”, sigue sonando en sus oídos la voz del desconocido mientras lo ve alejarse a grandes zancadas.

Elisa respira, acelera el paso y se pregunta qué necesidad había de recordarle que es un martes, que son las once de la noche y que nadie en la calle, sola y un trecho largo hasta su casa… Sigue con la hiel en la boca, la prisa en los pasos, la mirada hacia adelante, los oídos atentos, los sentidos en guardia. Camina deprisa hasta que llega a su portal y cierra rápido la puerta tras de sí, sube corriendo los escalones y alcanza el calor del espacio amable, el refugio blindado a intrusos y voces oscuras. Su perra le lame y hace fiestas y ella descansa cobijada al fin. Suspira, se abraza al sofá seguro, confortable y aúlla: ¡Auuuuuuu!

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